edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
30/06/2015
Bruselas otorga bula

El Gobierno inicia un `ajuste de la austeridad´ a cambio de ganar las elecciones

El Presupuesto para 2016 abre las puertas del gasto público confirmando que incumplirá el objetivo de déficit
Juan José González
El borrador de Presupuestos para 2016 confirma la intención del Ejecutivo de aumentar el gasto. Se gastará más, habrá rebajas fiscales en aplicación de la segunda parte de la reforma tributaria y los funcionarios, como gran `colectivo salarial´ de una también gran partida del gasto, recuperarán buena parte de lo congelado en los últimos cinco años. Parece por tanto que el de 2016 será el Presupuesto que pretende certificar la salida de la crisis, como también el inicio, aunque de forma gradual, del abandono de las reglas de austeridad que caracterizaron los ejercicios pasados. La política se rebela esta vez y pretende comenzar a impulsar el gasto como primer gesto de provocación del consumo. Es evidente que el guiño electoral no coge a nadie por sorpresa como también lo es que la actitud presupuestaria del Gobierno refuerza la idea del más que seguro incumplimiento del objetivo de déficit acordado con Bruselas, que según parece estará libre de pena en reconocimiento a que se han hecho los deberes.
La visión amable del Gobierno con la marcha de la economía parece haber contagiado a empresas y ciudadanos hasta el punto en que los problemas de antes, de hace poco, se contemplan ahora con mayor benevolencia, es decir, no son ni tantos ni tan graves como se afirmaba en el pasado. La leña al fuego de un optimismo un tanto desbordado procede en esta ocasión del Banco de España, aunque seguida de cerca por el grupo de grandes empresarios del Ibex. Es lo que se denomina creación de escenarios positivos de demanda con los que se pretende que el crecimiento sea fuerte y duradero.

En esta ocasión, se desconoce quién es el mayor aportador a ese fuego; si son los empresarios inspirados por el Banco de España quienes lanzan algunas campanas al vuelo que, a su vez, sirven como referencia para el resto de los agentes económicos, o es al contrario. Si el Banco de España confirma que las sensaciones de crecimiento presente y futuro de la economía española caminan, poco menos que desbocadas hacia el 4% anual avanzado por el ministro de Economía, es factible que los empresarios comiencen a pensar en beneficios, inversión, empleo y expansión.

Sin embargo, el Banco de España, contento y de acuerdo con la alegría de la economía, así como con sus favorables expectativas, no oculta una preocupación razonable con el gasto público. El Banco reclama al Ejecutivo que persevere en la disciplina y el mantenimiento de la ortodoxia presupuestaria como criterio para cumplir con los compromisos de Bruselas. Al Banco de España le preocupa en mayor grado ese cumplimiento con el objetivo del déficit. Como también le preocupa que en la actual fase preelectoral, un Ejecutivo que trabaja con el objetivo de ganar unas elecciones, se incline, como es el caso, hacia concesiones de tipo fiscal.

En este punto el Banco de España llama la atención sobre la necesaria prudencia que debería observar el Gobierno con el golpe que puede suponer un mayor gasto de las Administraciones Públicas. Asunto distinto es que el Ejecutivo pretenda trasladar a los Presupuestos Generales de 2016 un cambio político, un mayor compromiso social con las rentas más bajas, mediante incentivos fiscales, reducción del IRPF y, en definitiva, reducción de ingresos a los que habría que sumar la salida como mayores gastos para compensar la congelación salarial de los funcionarios.

Por tanto, un Ejecutivo, más volcado en el calendario electoral, se apresta ahora a `graduar´ la austeridad con una controlada apertura del gasto público. De esta forma rechaza la recomendación del Banco de España (que no se juega nada en las urnas) de mantener la austeridad que parece haber sido la base para regresar, entre otros, al crecimiento económico. Se supone que el Gobierno al graduar la austeridad, habrá contado también con los riesgos que conlleva el incumplimiento de los compromisos con la Unión Europea. Todo indica que en esta ocasión, Bruselas estará dispuesta a otorgar bula al Gobierno español, a condición de que gane las elecciones. De lo contrario, se mostrará implacable.

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