edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
29/01/2010
Señales de que España no ‘impone’ su agenda en los consejos de ministros

Balance negativo en el primer mes al frente de la UE

Merkel y Sarkozy barrieron para casa y se espera que Zapatero siga el ejemplo
José Luís Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno
Juan José González

Como elefante por cacharrería, o cómo no se debe entrar en el Consejo de Europa para presidir una mesa en la que se reúnen 27 ministros de un sector, por ejemplo, de industria, tratando de imponer un orden del día en el que los puntos primero, segundo y tercero son relativos a España y el resto a todos los demás. Algunas prácticas de los ministros españoles están chocando frontalmente con los modos y maneras con que se suelen conducir en las instituciones de Bruselas. Se sabe que los ministros económicos españoles, coordinados por la vicepresidenta segunda y ministra de Economía Elena Salgado, tienen un plan; proponer en primer lugar, en todos los consejos de ministros que presidan en el semestre, que son todos, los temas que más convenga para los intereses españoles. Algo que es de cajón, pero que suele producir rechazo entre el resto de colegas sino se obra con tacto y se hace, al contrario, con agresividad, como esta exhibiendo la delegación española en todo aquello en que participa.

En las primeras reuniones sectoriales, las propuestas de los ministros españoles chocan con el escaso tiempo que cuentan los consejos sectoriales para alcanzar acuerdos y tomar decisiones. Y después de la primera semana de reuniones ministeriales, el balance que mide logros, avances y retrocesos en las propuestas, concluye con un suspenso en todo regla. Los balances de resultados se realizan por la propia delegación española al final de cada reunión, e intentan ser imparciales y críticos. La conclusión es que España no esta saliendo bien parada en los primeros lances de la presidencia de la UE.

Desde otras delegaciones se destaca que España se mantiene en una situación de general incumplimiento de la Agenda de Lisboa; incumple en liberalización de sectores y precios, no cumple en el apartado de facilidades a las empresas, ni cumple en políticas de empleo ni mucho menos en inclusión social, en medio ambiente suspende en todos los criterios y respecto a la normativa comunitaria, aún quedan numerosos flecos en la aplicación de varias normas, como por ejemplo, en las relativas a las cajas de ahorros.

Al Gobierno le preocupan los resultados políticos que vaya a lograr en el periodo de presidencia rotatoria, sin embargo, el tratado de Lisboa deja al presidente de turno un papel bastante restringido y estrecho para jugar en esos seis meses de gloria –para unos de infierno-. En los próximos meses están previstas en la agenda un buen puñado de reuniones o cumbres que aseguran el protagonismo en los medios de comunicación de cuantos allí intervienen. Y España -el presidente del Gobierno y sus ministros- van a disponer de grandes cuotas de pantalla, para obtener resultados políticos en cantidad, pero sin descuidar que los ciudadanos se mantienen atentos para comprobar los resultados. De la presidencia rotatoria, el Ejecutivo español deberá regresar con las maletas llenas, con resultados y soluciones en la lucha contra la crisis, la igualdad y la innovación, según las preferencias declaradas por el Gobierno.

Pero apenas tres semanas ejerciendo la presidencia europea, a España se le empiezan a atravesar las grandes citas que tiene pendientes durante este semestre. Esta misma semana, el presidente del Gobierno español asiste a la cumbre de Davos en calidad de presidente de la UE, un foro en el que contará con la mejor oportunidad que pueda tener un mandatario para exponer ideas y propuestas que serán escuchadas por las principales potencias mundiales. El momento es el mejor de los posibles porque los Estados, a través de sus Gobiernos, son los que han decidido tomar las riendas de la situación para hacer frente a la crisis financiera y económica. Son los únicos con capacidad para sacar del atolladero las economías de sus países.

Primero Ángela Merkel y después Nicolás Sarkozy, interpretaron que el papel de los Estados en una situación como en la que se encuentra ahora el presidente del Gobierno  español, José Luís Rodríguez Zapatero, no puede ser otra más que el aprovechamiento de ese protagonismo que da la presidencia de la UE para desarrollar alianzas políticas y económicas. Baste recordar que fue durante la presidencia rotatoria de Francia cuando se puso en marcha la Unión por el Mediterráneo –aunque el antecedente fue el Proceso de Barcelona varios años antes- y que celebrará su segunda reunión cumbre el próximo 7 de junio en Barcelona.

Las oportunidades que tiene en sus manos la presidencia española de la UE, al margen de las agendas económicas, deben convertirse en pactos y acuerdos nacionales, con países del Norte y del Sur, del Este y del Oeste. La partida más importante que se jugará en estos seis meses tendrá dimensión europea, pero en realidad el presidente español deberá jugar pensando en el ámbito nacional, como anteriormente hizo Alemania, Francia, Finlandia, Italia, y todos los demás. Y los observadores no tienen muy claro si el Ejecutivo español esta en esa línea.

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