edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
31/12/2010
Las dudas sobre el agujero inmobiliario en la banca empiezan a tomar forma

Balances confidenciales de la banca, ¿hay manga ancha?

Algunos riesgos de crédito siguen navegando en las aguas de los créditos subestándar en lugar de incorporarse a dudosos y/o morosos
Carlos Schwartz

La expresión manga ancha es un hallazgo lingüístico... el imaginario popular es sabio. En las mangas anchas caben aquellas cosas que quizá un presupuesto normal no pueda comprar, o aquellas que se quieran ocultar. En lo mentideros financieros españoles circula la especie no verificada de que en algún momento de 2010, quizá allá por el mes de septiembre, el Banco de España habría modificado las indicaciones para completar el estado T.10 en el que se detalla el riesgo de crédito en los balances confidenciales. Si atendemos a las versiones que circulan, las normas se habrían hecho más laxas de tal suerte que algunos riesgos de crédito que antes quedaban incorporados a dudosos y/o morosos pueden seguir navegando en las aguas de los créditos subestándar.

Por Riesgo subestándar  la circular  2004/4 del Banco de España dice que “Comprende todos los instrumentos de deuda y riesgos contingentes que, sin cumplir los criterios para clasificarlos individualmente como dudosos o fallidos, presentan debilidades que pueden suponer asumir pérdidas por la entidad superiores a las coberturas por deterioro de los riesgos en seguimiento especial. En esta categoría se incluyen, entre otras: las operaciones de clientes que forman parte de colectivos en dificultades (tales como los residentes en una determinada área geográfica con un ámbito inferior al país, o los pertenecientes a un sector económico concreto, que estén atravesando dificultades económicas), para los que se estiman pérdidas globales superiores a las que corresponden a las categorías descritas en las letras anteriores, y las operaciones no documentadas adecuadamente”.

Como es fácil de comprender en esta categoría entran no solo los residentes en áreas en guerra cuya capacidad de pago quede cuestionada. También entran las empresas inmobiliarias, y si se nos apura un poco las que combinan la actividad inmobiliaria con la construcción. Como los balances confidenciales son por definición eso, es decir, confidenciales, esa clasificación queda para el análisis de los que dominan los arcanos de la contabilidad reservada. En definitiva, la clasificación es una convención contable y la interpretación de las normas de uso habitual, las Basilea II, dan un margen de interpretación. Lo que ha llamado la atención de los analistas de banca es la presunta mayor laxitud en la clasificación, siempre que esta manga ancha sea cierta. Las indicaciones para el estado T.10 de septiembre de 2010, también incluyen modificaciones en el punto T.10.8 que regula la clasificación de los inmuebles e instrumentos de capital (como las acciones de una sociedad, léase por ejemplo Metrovacesa) adjudicados a la banca en pago de posiciones acreedores, es decir parte del riesgo de crédito. Según las fuentes consultadas también se habrían registrado cambios en las normas de clasificación de los riesgos en las carteras de negociación. La sumatoria de consideraciones más elásticas permitirían dar una imagen más solvente que la que de otra forma se habría reflejado.

Una de las interpretaciones es que en la medida que las normas del Banco de España eran más rígidas que las de otros supervisores del Eurosistema, las reformas locales han permitido a la banca española quedar más en línea con el resto de las entidades europeas una forma de evitar comparaciones odiosas que en el fondo suponía valorar mejor a los que tenían normas más laxas. Como este es un tema acerca del cual los reguladores no hablan, no es fácil de verificar estos extremos.

El cambio de humor de las autoridades de la Unión Europea, que han decidido a principios de diciembre que toda entidad de crédito que reciba ayudas deberá acompañar la petición de un plan de reestructuración parece demostrar en cualquier caso que se hace tabla rasa de interpretaciones que modifiquen el ancho de la manga. Hasta el primero de diciembre de 2010 sólo debían presentar planes de reestructuración aquellas entidades que recibieran una ayuda equivalente a un 2% o más de sus activos en riesgo. Si las circunstancias económicas internacionales en general, y más específicamente las españolas no mejoran, o se vuelven a deteriorar, las cosas se pondrán bastante complejas. Basta tener en cuenta lo que pasaría en las entidades de crédito si en la clasificación del riesgo de crédito se excluyen de los morosos o fallidos a ciertos clientes.

La exclusión viene a determinar que en los devengos se generen pagos de impuestos y se acumulen beneficios sobre operaciones que en realidad no están vivas y son pérdidas que deberían estar dotadas. De ser esta una política real en algunas entidades nos encontraríamos en un proceso de apalancamiento de las pérdidas. Si existiera la tentación de mal clasificar los riesgos en el sistema bancario español a la espera de una mejoría del entorno económico que permitiera a ciertos clientes el retorno a la rentabilidad con la ilusión de que esa recuperación enjuagara las pérdidas ocultas de la entidad, estaríamos ante una verdadera bomba de tiempo. Por fortuna el avispado supervisor español sabrá con toda seguridad detectar oportunamente la existencia de prácticas de esta naturaleza.

Pero en este riesgo es donde reside una ventaja comparativa de un sistema bancario cargado de sobresaltos como el alemán. El entorno económico de la banca germana es de momento más saludable que el nuestro y la actividad continuada le permite generar beneficios que puedan enjugar pérdidas ocultas, de momento.

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