edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
14/07/2015
banca 
Obsesionados con los cuatro grandes

Santander y BBVA pagarán más caro su retraso en la banca digital

Los accionistas quieren saber -y para lo que deberán preguntar en la junta- ¿cuánto se ha gastado el banco por llegar tarde a lo digital?
Como de costumbre, los grandilocuentes planteamiento de FG sólo ocultan otros problemas
Juan José González
En la competición por ser el primero en la nueva banca digital, más que una reinvención de la banca tradicional, BBVA y Santander tratan ahora de recuperar el tiempo perdido. Porque el tren de alta velocidad de los cuatro grandes, Google, Apple, Facebook y Amazon -que les ha sorprendido mientras dormitaban en el andén cómodo del cobro de comisiones de la analógica- no se aleje tanto como para que no puedan tener alguna opción de futuro. La sorpresa les costará más dinero que el inicialmente previsto. Y ya les está resultando cara puesto que ahora se ven forzados, caso de Santander, a hacer compras rápidas, como la del 5,1% en la británica Monitise, o al BBVA el `picoteo´ en el capital, o el control de empresas como DocuSign, Taulia, Coinbase, Simple, Madiva o Personal Capital. En ambos casos la inversión sea tan sólo para ponerse al día en la tan deseada banca digital.
La carrera por la digitalización de la banca parece haber adquirido una intensidad y velocidad ante el retraso de los dos bancos en la banca digital, lo que les ha convertido en los más `rezagados´ entre la gran banca internacional. Es cierto que la utilización de los canales digitales en la operativa habitual, diaria, está reemplazando con fuerza a las prácticas más clásicas de los clientes. Como también es cierto que estos se están adaptando a esos canales nuevos desde una posición de cliente activo, lo cual es una evolución positiva para las dos partes; para el banco y para los usuarios. Con independencia del ajuste de la red y `renovación´ de la plantilla -jubilación o despido de los mayores de 54 años- que están aprovechando Santander y BBVA, con el argumento de la digitalización bancaria, estas dos entidades, con diferencias notorias entre ambas, parecen haberse centrado, sobre el terreno, en los aspectos del ajuste de la estructura, red y personal, y no en servicios ni funcionalidades.

En realidad, `lo digital´, el negocio bancario que mueven y que moverán los cuatro grandes, viene siendo una pesadilla para Santander y BBVA. Y en particular desde que el año pasado, Apple Pay, convertido en "las orejas del lobo", permitió a los usuarios de EE UU hacer pagos desde sus iPhone. Todo un primer aviso de lo que puede venir después. Porque los cuatro son una amenaza real que, como ya apuntara la nueva presidenta de Santander, Ana Patricia Botín, ante sus accionistas, tienen más liquidez que la banca y además no están expuestos a la misma regulación que el sector financiero. Es decir, tienen más fácil el acceso al público y, por supuesto, menores costes de transformación.

Sobre el papel, tanto Botín como González han visto desde el principio las desventajas de sus bancos frente a los cuatro monstruos de la tecnología que, además, superan en valor a la suma de los dos bancos españoles. De ahí que en sus discursos `de venta´ de lo digital, se muestren dispuestos a transformar las desventajas en ventajas y para lo que, inicialmente, han pensado en acceder a la tecnología por la vía de la compra directa, como también -dicen- a las personas. Se refieren a los clientes, tradicionales y a los jóvenes, a los que hay que intentar por diversos medios que sigan acudiendo a la sucursal, por lo menos, dos veces al año. Lo que sucede es que cada vez acudirán a menos sucursales porque los planes de las entidades pasan por sustituir la oficina por el smartphone, como los cuatro grandes a los que pretenden emular.

Pero entretanto los 107 millones de clientes de Santander y los 51 millones de BBVA reciben un smartphone, unos y otros seguirán enganchados, a la fuerza, a lo que hay que es `lo analógico´. Y en esta tecnología las dos bancos continúan siendo caros, lentos y `fallones´. Léase en la contratación de fondos de inversión a través de la web, o de los cajeros automáticos, anticuados y lentos, con páginas cuyas funcionalidades retrotraen el cliente a épocas remotas de la tecnología. Y todo sin entrar en la actuación del conocido CRM o de los mensajes al móvil dejando patente la disposición del banco en todo momento para solicitar cualquier cantidad en crédito a "su entera disposición". Por qué no ofrecen estrategias de inversión de la liquidez en cuenta o en libretas de ahorro, y no en acciones de Santander o de BBVA. Siempre igual, siempre lo mismo y en analógico. De ahí que el cliente no acabe de confiar en `lo digital´ que quieren vender los dos bancos.

El entorno digital, por el que los clientes de los bancos cuentan ahora con más información, y donde las redes sociales están actuando como un verdadero acelerador del cambio, deberían ser aprovechadas de inmediato para, entre otros, atender las dudas de los clientes con mayor velocidad, casi de forma inmediata, adaptarse a un cliente que hoy tiene (o no tiene) menos tiempo para sus gestiones bancarias. De ahí que, todo parece indicar que, o Santander y BBVA no invierten en `lo digital´ lo que aseguran que invierten (700 millones anuales el BBVA y 3.000 millones anuales presupuestados de Santander) o lo invertido hasta ahora no termina de llegar al cliente, o es que las inversiones se las llevan hasta el momento, la compra de sociedades de tecnología y fondos start up. Al respecto, bien harían los accionistas en preguntar a los responsables, tanto el estado de esas inversiones como el precio de haber llegado tarde a `lo digital´.

En todo caso, estos dos bancos -a diferencia de Caixabank, Bankinter y Sabadell, con notable ventaja sobre los dos grandes- deberán espabilar, salvo que estén dispuestos a ver cómo los cuatro grandes colosos de la tecnología que les quita el sueño comienzan a dar créditos por el smartphone, para lo que ya parece que están dispuestos.

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