edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
22/06/2015
banca 
Políticos y sindicalistas

Movimientos para poner la banca nacionalizada al servicio de la política económica

Las experiencias no avalan la banca pública como mecanismo eficaz para resolver los problemas de crédito
Juan José González
Algunos de los debates respecto a las instituciones financieras se han convertido por su reiteración en cíclicos, como la economía misma. Es lo que sucede con la banca pública, asunto que alimenta periódicamente intensas polémicas y debates políticos calientes. La carga ideológica del mismo, con ser pesada en exceso, no llega nunca a sobreponerse a las razones económicas, al menos por el momento. En una reciente reunión de la APIE con representantes del sector bancario, a propósito de "El nuevo modelo económico; lecciones de la crisis", se pudo comprobar que el de la banca pública es un tema de moda. En realidad, nunca se ha pasado de moda, ni en temporada alta de crisis ni ahora cuando parece que remite, eso sí, en ausencia de crédito empresarial suficiente, se piensa que puede ser el mecanismo más eficaz para atender la demanda `solvente´. La lección de la crisis no ha servido para hacer entrar en razón a los promotores de la banca pública.
El debate sube de temperatura al percatarse las fuerzas políticas (Gobierno, oposición y sindicatos) del avance de la concentración bancaria en España, camino -dicen unos- del oligopolio bancario, y de que el crédito a las empresas, aunque despierta no logra ponerse en pie. Todos quieren utilizar la banca nacionalizada como instrumento de política económica, con Bankia por bandera y el ICO por refuerzo, convencidos de que el 9% de cuota de mercado `público´ de crédito que sumarían ambos, bastaría y sobraría para cubrir las necesidades de crédito en el mercado español.

Todas las fuerzas parecen aglutinarse en torno a Bankia, al parecer porque su futuro está abierto a todo tipo de especulaciones, pero sobre todo porque su accionista mayoritario y de control (dueño) es el Estado. Los sindicatos UGT y CC OO parecen ser los primeros interesados en facilitar a las empresas el crédito que no llega del sector privado. Es probable que la lección más reciente de las cajas de ahorros no haya sido suficiente como para olvidar que la banca debe seguir criterios de mercado, de eficiencia, competitividad, gestión de costes, plantillas y puntos de venta, todo acorde a criterios de rentabilidad, de lo contrario, ya se conoce cómo acaba siendo el final.

Aunque para utilización política baste recordar que fue el ministro de Economía Luis de Guindos quien no veía descabellada la idea de una banca pública cuando en abril de 2013, y sobre la mesa del Consejo de Ministros, no descartaba la utilización de Bankia, Catalunya Banc y Novagalicia Banco (entonces nacionalizadas) para instrumentar las medidas económicas del Gobierno. Entonces, las tres entidades representaban el 14,5% de la cuota de mercado del sistema financiero español. La idea de De Guindos, como la que ahora mantienen sindicatos y formaciones progresistas, es que la recuperación del crédito a empresas y familias provocaría una actitud más competitiva de la banca privada, la cual acudiría veloz a cubrir la demanda de crédito.

Así, la banca nacionalizada, convertida en banca pública (sin proceso previo de privatización) sería la banca ideal, sana y capitalizada, con los mejores consejeros delegados, equipos directivos y consejeros (y no necesariamente bien pagados). Sería la banca perfecta, ideal porque otro asunto sería la opinión de Bruselas, todavía con un elevado saldo acreedor que aún no ha comenzado a bajar de los 35.000 millones de euros. El BCE tendría una opinión al respecto, no muy favorable hacia la banca pública en tanto que como mecanismo para resolver situaciones de crisis financieras no se ha mostrado muy eficaz.

No parece que el signo de los tiempos vaya en la dirección de poner en marcha una banca pública. Sobre todo porque esta partiría de una situación de nacionalización obligada de entidades como Bankia, Catalunya Banc y Novagalicia Banco (estas dos ya en el sector privado) que, no es otra cosa sino una socialización de pérdidas que, por cierto, con gran parecido a la Argentaria del pasado. Porque si las fuerzas políticas (y sindicales) consideran que la creación de la banca pública es un asunto a tratar, dados los vientos de cambio político, habrá que comenzar por cambiar dirigentes y formaciones políticas y sindicales, previo a la puesta en marcha de la banca pública. Entre otros porque no parece que hayan aprendido la lección.

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