edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
29/05/2014
Menos competidores, precios más altos

Banco de España advierte peligros en la subasta de Catalunya Banc

Teme los `efectos perversos´ de una excesiva concentración bancaria si la catalana es absorbida por Santander o Caixabank
Juan José González

Última oportunidad para que el Santander pueda evitar ser señalado y/o pasar a la historia por haber sido el único de los grandes que no ha echado una mano en la reestructuración bancaria en la peor crisis del sistema financiero español. Algo que no se podrá decir de Caixabank como tampoco, aunque en menor medida, pero colaboración al fin, de BBVA. Y es que la última en discordia, la entidad pendiente, en liza, apura la tercera ronda de subasta, Catalunya Banc (CB), y agota su tiempo de vida en la intervención del Estado, en el Frob. Pujar para quedarse con CB es un ejercicio de alto riesgo, supone valor y disposición de gestión en cantidad para integrarla en el grupo ganador. Una absorción sólo al alcance de dos grupos financieros con capacidad real y garantías de futuro: Santander y Caixabank. Y ambos se encuentran en la fase táctica, en una especie de tiempo muerto a la espera el uno de que el otro se decida a dar el paso y envíe la carta con la oferta final. Están en juego muchos asuntos; políticos, financieros, bancarios... con un único caramelo endulzado que corresponde a los 3.000 millones de euros en créditos fiscales que ahora descansan y esperan en el balance de CB.

Sí está claro que la venta, o la vuelta al sector privado de la entidad en liza, se ha convertido en uno de esos casos prácticos que pasan a ser estudiados como modelos en las escuelas de negocios. En este caso, lo será como de chapuzas sobresaliente a cargo del Estado y, posiblemente, además de su utilidad para los futuros managers del sector, no defraudará en enseñanzas. La compra de una entidad en estos momentos, a pesar de que el caso tiene su atractivo, se presenta con un crédito fiscal mil millonario, destinado a compensar imprevistos y contingencias. 3.000 millones de euros que, si bien no forman parte de las estrategias defensivas elegidas por la banca para mejorar la solvencia exigida por el BCE, no deja de valer, por esa misma razón, su peso en oro, en este caso, en euros.

El tiempo pasa y sigue pasando, mientras tanto las entidades que han mostrado una clara disposición a ver las cuentas de la catalana, han visto cómo el Frob saneaba y limpiaba la entidad hasta dejarla tan arreglada, como lejos de la quiebra inyectando (hasta la fecha) algo más de 11.700 millones de euros públicos. El Frob, que no se viene caracterizando, precisamente, como un buen gestor, parece haber evitado lo que en principio no era, si no, una fase más en el proceso de limpieza, como es la venta de las 145 oficinas que la entidad tiene operativas fuera de su comunidad.

Entendían en el Frob que esa parte de la red se podría vender a un pretendiente interesado sólo en las oficinas y no en la totalidad de la entidad. De esta forma, se rebajaba el precio de la subasta, se obtenía un `ingreso extra´ por las 145 oficinas, y se despejaba un problema para los potenciales interesados en la entidad. El Frob consideraba que la red fuera de la comunidad era más un defecto que una virtud. Sin embargo, llegó a tiempo para rectificar y mantener el escaso atractivo con que cuenta CB.

Lo cierto es que CB sigue a la espera de dueño interesado y solvente, en un proceso de reajuste del sector que ha servido para muchas cosas, entre ellas, eliminar de golpe a malos gestores, mayoritariamente políticos o con criterios partidistas, alejados del negocio bancario. La venta de CB es la última en discordia que cerrará esa depuración bancaria y culminará el proceso de concentración sectorial en España.

A la espera del resultado final, en tercera ronda de la subasta -quizás un método a eliminar del catálogo de soluciones del Frob- cabe preguntarse si el organismo público encargado de la venta, debería tener en cuenta el dibujo del sector tras la previsible operación. Porque si bien la (forzosa) reestructuración financiera ha redundado en un sector bancario más solvente, saneado, rentable, limpio de representantes políticos y más competitivo, también es cierto que la concentración puede ser excesiva si, como es de sospechar, a un menor número de competidores, una reducción drástica de la oferta bancaria, se puede volver en contra de la clientela, de las familias y empresas. 

Es probable que en el Banco de España se encuentren pensando en los posibles `efectos perversos´ que para el público puede tener una concentración de la demanda excesiva. Por ello estaría a tiempo para alcanzar una solución distinta, como por ejemplo, dar mayor margen en la subasta a Sabadell, Popular, Kutxabank o, incluso, a Bankinter. Seguramente no resultaría un incordio para ninguno de los dos grandes aspirantes.

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