edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
04/05/2012
Bancaja es el último expediente por los preferentes de la Comisión

Banco de España y CNMV, pendientes de los relevos, se “olvidan” de la supervisión

La venta de nuevos productos bancarios, camino de repetir el célebre fiasco de “los convertibles del Santander”
Operaciones tan lamentables como los convertibles del Santander ni poueden no deben olvidarse
Juan José González

La CNMV y el Banco de España parecen haber decidido aparcar, puede que de mutuo acuerdo, algunos de los asuntos de mayor conflictividad para los ahorradores particulares, ese grupo de varios millones de pequeños clientes de servicios bancarios y usuarios de productos de activo, víctimas también de numerosos fiascos, consecuencia de una mal intencionada “venta” -caso de los bonos convertibles de Banco Santander y a su vez causa de la pérdida de un tercio de la inversión para decenas de miles de pequeños ahorradores-. Es posible que la mala comercialización de preferentes, convertibles, estructurados… haya descendido varios puestos en el orden de prioridades de las dos principales instituciones de vigilancia y control citadas, debido, seguramente, a la situación de provisionalidad que viven ambas instituciones ante el próximo cambio al frente de los dos organismos públicos del Estado, lo que en modo alguno puede justificar un cierto grado de desidia en la vigilancia y protección del ahorro de los inversores. Ayer, y después de varios meses de espera, Bancaja reconoció las irregularidades en la venta de los preferentes, procediendo a la recompra del producto en manos del público.

El asunto viene a colación ahora por dos motivos que coinciden en el tiempo. De un lado, la situación de salida de los responsables del actual Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, el próximo mes de junio, así como de su homólogo en la CNMV, Julio Segura, que meses más tarde concluye su segundo mandato. Y de otro, la próxima comercialización de nuevos productos bancarios que las entidades financieras preparan en estos meses con el perentorio objetivo de “levantar” liquidez de las pocas fuentes dispuestas a proporcionarla como son los recursos del ahorro de particulares. Y entre las dos, relevo institucional y necesidades de recursos financieros, se encuentran los ahorradores, convertidos en las últimas décadas en activos inversores del sistema financiero a través de esos vehículos comercializados por las entidades financieras.

Vehículos que en principio no deberían tener ninguna “trampa”, pero que la tienen; como también deberían contar con una normativa de protección –que la tienen en la Mifid- más eficaz para la defensa de los intereses tanto del cliente o inversor como de la entidad emisora. La práctica ha demostrado con creces que la Mifid protege más a las entidades bancarias que a los clientes inversores o ahorradores. En todo caso, esa debilidad, o deficiencia, en la práctica de la protección de los ahorradores, debería ser corregida por los supervisores del mercado, Banco de España y CNMV, se insiste, hoy enfrascados en tareas de limpieza y disposición de herencias.

Dicho esto, la situación de los inversores en preferentes, estructurados, fondos sofisticados, etc, parecen vivir en una zona de desprotección, no legal, sino de desentendimiento institucional, como si los ahorros de las familias se hubieran convertido en cuestión marginal o secundaria, en plena crisis. Todo un peligro éste, que mina la confianza de los particulares, de la sociedad, en sus instituciones privadas-bancos- y públicas –BdE y CNMV, entre otras-.

Es posible que estos reguladores no le hayan prestado toda la atención necesaria en el pasado, dejando al destino los efectos que sobre la población civil –ahorradores, pequeños inversores, con su pequeño patrimonio- podrían causar unos instrumentos sofisticados y algunos riesgos no del todo confesados ni advertidos. De ahí que “los bonos convertibles de Santander” se hayan convertido ya en un clásico de lo que, no sólo no se debe hacer por parte de una entidad financiera, sino de lo que no se puede permitir, como es la venta o colocación de un instrumento sofisticado entre un público que no lo es. Lástima que no se ponga más el acento en la comercialización de estos instrumentos en los fondos de inversión, seguramente más entendidos que los damnificados por Santander (entre otros).

Pero la vida da muchas vueltas y ahora tenemos que la banca, al igual que Santander en 2007 y para financiar la adquisición de ABN Amro, necesitaba “colocar” convertibles para “levantar” 7.000 millones de euros, necesita hacer acopio de recursos para cumplir los requisitos de capital fijados por la “Ley Guindos” y por las nuevas obligaciones de Bruselas para aumentar la seguridad y la solvencia bancaria.

Y es en esta nueva fase de la crisis financiera, con las entidades necesitadas de liquidez y confianza de los pequeños ahorradores, inversores privados, convertidos de nuevo en blanco de comerciales bancarios, cuando más se hace necesaria la actuación –supervisión, control y protección- de las dos instituciones: Banco de España y CNMV.

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