edición: 2703 , Miércoles, 24 abril 2019
30/11/2011
Los dos supervisores se ponen de acuerdo en los test, coinciden: no cumplen su objetivo
Sede de la EBA

Banco de España y EBA confirman que las pruebas de estrés sólo aportan inestabilidad

El supervisor español reniega de las pruebas y la autoridad europea las frena y aplaza
Juan José González

El movimiento se demuestra andando, y las pruebas de estrés a la banca, tras una corta carrera, han tropezado con la realidad y contra los elementos. No sirven, ni son útiles, tan sólo provocan ruido e inestabilidad: son un elemento de desequilibrio de las propias instituciones y de los mercados. A esta misma conclusión han llegado, al parecer, por vías diferentes, el sesudo Banco de España y los burócratas de la EBA. El español, por el reconocimiento abierto de que, efectivamente, tras un ingente esfuerzo de transparencia y voluntarismo, de nada ha servido sino para hacer el ridículo en las dos versiones que se conocen de las pruebas de estrés, y la tercera que ahora se aplaza. Un desnudo cuasi integral de la banca española, un fiasco en el debe del gobernador, útil para que la EBA se decidiera por introducir a los bancos españoles en el mismo saco que alemanes, franceses, italianos y griegos, con el agravante de ser colocados en su parte más baja, donde la mercancía suele recibir todos los golpes. Por su parte, la EBA, espera a la reunión del Ecofin de hoy para hacer trasunto de las decisiones que salgan de la cumbre de ministros de Finanzas. De nuevo, la política se convierte en el ‘regulador’ –estrangulador- de los problemas financieros.

La EBA, la Autoridad Bancaria Europea, acaba de decidir ayer tarde un aplazamiento en la publicación de las necesidades de capital de la banca. En realidad, estas ya eran conocidas desde el 26 de octubre, pero tras una fuerte contestación, y en parte también, cierta labor de lobby ibérico, el supervisor europeo admitió, en el caso de los bancos españoles, que aquéllos 26.161 millones de euros de recapitalización, se rebajen ligeramente. Ahora parece que serán menos, muchos menos aseguran en el sector, y que ese algo menos se lo deben a los buenos oficios del Banco de España, que ha conseguido imponer 17.000 millones, es decir, 9.000 millones de euros menos que los apuntados por la EBA, es decir, la cantidad equivalente a aceptar como capital de calidad los bonos convertibles.

Por su parte, el Banco de España, cansado y derrotado en su afrenta con la EBA, se ha sentido defraudado cada vez que ha tomado cualquier iniciativa orientada a aportar confianza hacia el sector bancario. Las pruebas de resistencia no han servido para recuperar la confianza, y al contrario, han sido útiles para enredar. Ayer se dio a conocer un informe del supervisor en el que se afirma que los test de estrés no han cumplido con el objetivo inicialmente previsto: aportar credibilidad, confianza. En el Informes de Estabilidad Financiera, supervisor español, acaba por reconocer el fracaso de la iniciativa, y pone como ejemplo el caso Dexia, auténtica tomadura de pelo y cinismo de las autoridades belgas, francesas y luxemburguesas, intervenido a tres bandas tras ofrecer un magnifico resultado positivo en los últimos test de resistencia.

Y en este tira y afloja de las pruebas de estrés, la EBA mantendrá a partir de hoy, seguramente, una postura igual de gravosa para el sector bancario o, incluso más. La propuesta  que exige a la banca europea esos 105.000 millones de euros, que deben estar registrados en los balances el próximo junio, no parece tener en cuenta que al sector le caerá del cielo y de la Comisión Europea un nuevo bloque de legislación que pondrá en serios apuros a los bancos menos ‘tocados’ por la crisis, y acabará por derribar a los que más han sufrido en la larga travesía desde septiembre de 2007.

La EBA contempla en sus consideraciones sectoriales al conjunto de la banca europea, a penas hace distinciones entre medianos, grandes y pequeños. Los grandes y medianos pueden acudir a los mercados de capitales, como se está comprobando casi a diario. Los pequeños trabajan en otro mundo, en un submundo si se trata de considerar el ámbito europeo. No tienen otro remedio si no acudir al mercado local que por proximidad le puede aportar el capital necesario para cumplir con Basilea III, o con algunas de las nuevas exigencias de capital.

Pero este juego ‘local’, o lo que es lo mismo, el precio de mantenerse en esa batalla por el pasivo, le supone una minuta nunca inferior al 4% TAE que debe retribuir a los clientes minoristas para hacerse con los depósitos que necesita. Por todo ello, la exigencia permanente de estar cuestionando la solvencia de las entidades, obliga a una práctica contraproducente, como es esa renovación de la confianza, hasta tres veces en un año. Y de ahí que las pruebas de estrés, antes que clarificar y colaborar a inyectar confianza en el sector, supongan una ruptura de la credibilidad que, como el caso citado de Dexia, habría que cuidar más.

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