edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
30/04/2015

Santander, en punto muerto

Se heredan los rasgos, las costumbres, las manías, los tics, la fortuna... por heredar se hereda hasta el servicio privado, el del hogar, integrado por cocineras, limpiadoras y mayordomo. Y se conservan porque, además del buen precio, funcionan. Lástima que entre todo el volumen heredado no se encuentre el olfato, justo lo que le falta a la presidenta de Santander, que a punto estuvo de lograr convencer al accionista que apuntaba a Portugal cuando, en realidad, no es, si no, mera táctica de despiste.

En Santander no han cesado ni un momento en el análisis de las posibles fusiones; en Europa y en Norteamérica. En el continente porque hay que oponer resistencia a los competidores, que son unos cuantos y de buen calibre, y allende los mares porque allí se ha metido la pata con tal zafiedad que espanta a los analistas, a los inversores y al propio mercado, sorprendidos de tanta y tamaña impericia en asuntos nada complejos para un grupo que, tanto en lo financiero como en lo jurídico, cuenta con todos los recursos del mundo y en cantidad.

Entonces ¿qué es lo que falla en el Santander? Falla la ausencia de talento, el acomodo físico que conduce a la desidia intelectual, a la falta de competitividad personal; se tiran los brazos o se dejan caer, dos versiones de una misma posición. Y seguramente estarán satisfechos con los resultados trimestrales, preocupados de que el Gobierno resuelva el desempleo cuando el Santander prepara la tercera tanda de un ajuste fino de su plantilla. En fin.

Pero Ana Patricia a lo suyo, con toda la herencia en sus manos y bajo sus tacones, permanece impasible, haciendo el juego o víctima de tanta impasividad. Se da por asentada y realizada con los diez nombramientos que han salido de su firma. Como se da por hecho que los tenedores de votos de los grandes inversores, no comprenden qué le pasa al banco con Norteamérica ni tampoco con Europa. Se desconoce el origen del contagio de tan nociva actitud; si tiene su origen en la presidenta heredera o en los directivos que no arrancan. Entretanto, el banco pierde tiempo y ocasiones, ofreciendo los peores síntomas, ignorar que las oportunidades lo son porque sólo pasan una vez. Y Ana Patricia sin reaccionar, dormida en los laureles. Preocupante falta de iniciativa la del banco que presume ser el primero en todo. También en no moverse.

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