edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
03/04/2012
Botín salpicado: primero Lehman, luego Madoff, y ahora los convertibles
Emilio Botín, presidente de Banco Santander

Banco Santander se juega crédito y prestigio en el fiasco de los convertibles

Abogados y asociaciones de consumidores utilizarán dos fallos recientes para presentar demandas conjuntas contra el banco
Juan José González

Año difícil para Emilio Botín, un año declarado de antemano horribilis en la Ciudad Financiera. En la casa se respira “quemazo” como consecuencia de la mala gestión de la crisis. Botín ha llamado al orden a la alta dirección ante la incapacidad de transmitir la tensión necesaria para que la gran máquina que era de hacer beneficios funcione como antaño. No será así en 2012 porque la alta dirección, y en buena parte el Consejo de Administración del banco, han fallado en su intento de aislar la entidad de la tormenta financiera e inmunizándola contra las pérdidas: Santander ha bajado su beneficio en 2011 un 35% y los analistas cuentan con que la brecha será aún mayor en 2012. El ejercicio es clave en la historia de Santander y de Botín. Éste ya ha adelantado a modo de blindaje previo, que en dos años el banco doblará resultados. Se interpreta, por tanto, que 2012 es un año de transición, en el que la sucesión será un asunto a desvelar por el presidente, presionado por todo y por todos. Pero el año ha comenzado salpicado de escándalos, denuncias y asuntos que como el de las convertibles, los célebres “Valores Santander”, están convirtiendo en un auténtico calvario la gestión de una entidad con prestigio menguante.

La historia reciente ofrece una serie de episodios que se acumulan en el corto espacio de cuatro años y donde el punto de partida se sitúa en octubre de 2007, cuando se conocieron los convertibles del banco (en torno al 9% del capital de la entidad) para poder hacer frente a la batalla del ABN Amro que tanto deseaba. En principio, no parecía una operación imposible, pero sí compleja y con más posibilidades de generar problemas que valor al grupo financiero, algo que la historia se encargó de demostrar sin mayor trabajo. Desde entonces, los episodios se han ido sumando y acumulando: los bonos de Lehman Brothers vendidos por la entidad, pillaron literalmente, a numerosos clientes del banco; la estafa de Madoff salpicó igualmente a la entidad española y algunos clientes de Banif pusieron el grito en el cielo y en manos de sus jurídicos.

El banco, un coloso tradicionalmente generador de beneficios, se veía inmerso en asuntos propios de una crisis financiera, pero que no llegó a salpicar a otros colegas. Y así, el de los convertibles termina convirtiéndose en uno de esos problemas “tontos” que puede llevarse por delante, como ya lo esta haciendo, el prestigio de un banco y de un gestor, Emilio Botín y los suyos, hasta ahora espejo en el que se miraba el resto del sector financiero.

No corren buenos tiempos para el banco, ahora tercero en el ranking español por activos, clasificación que ha dominado, y explotado con inteligencia, durante algunos años pero que en medio del reajuste financiero ha cedido, primero en beneficio de su competidor bancario BBVA, para a continuación caer en manos de La Caixa.

Botín y los suyos están preocupados ahora porque un juzgado de Alicante le obliga a devolver a un cliente 45.000 euros invertidos en los dichosos convertibles. Dichosos pero malditos para más de la mitad de los 135.000 inversores que un buen día apostaron por el primer banco, y que ahora perderán algo más de la mitad de su dinero. Como asegura un letrado de un juzgado madrileño, “lo de menos es la cuantía de la devolución, una contingencia cubierta previamente por el banco, sino que lo importante es el precedente sentado”. El abogado, con buen criterio, sabe que cuando existe el fallo de un juez sobre un asunto que resulta ser común a varios miles de implicados, hay caso, se dan todas las probabilidades para que prospere el resto de las demandas de afectados, varios miles.

Lo cierto es que la emisión de convertibles de Banco Santander por importe de 7.000 millones de euros, ya cuenta con un lugar en la historia de la entidad, del sector financiero español y, por supuesto, en los juzgados, lugar adonde ya han comenzado a llegar las primeras demandas de los clientes, quizás el inicio de una avalancha de reclamaciones a nada que las asociaciones de consumidores –excepto alguna de ellas financiada por un banco- y otros letrados argumenten debidamente sus demandas, indicando, tan sólo, la referencia del juez de Alicante.

Curiosamente, los clientes que se han dejado buena parte de su inversión en las preferentes de Santander, se debe a un defecto en la venta de dichos activos, pero es un defecto que se viene repitiendo con excesiva frecuencia en el sector como es: información deficiente, hacer creer –convencer- a un inversor que el producto –las obligaciones convertibles- no tenían riesgo alguno. Suficiente –considera el juez- como para anular el contrato de venta.

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