edición: 2747 , Miércoles, 26 junio 2019
31/03/2009
EEUU quiere exportar un nuevo impuesto para gravar la Banca

Bancos más pequeños para reducir riesgos

Juan José González

¿Cómo sería recibido por los grandes bancos una especie de nuevo impuesto en función del tamaño? Sí, del tamaño. La idea acaba de surgir en la necesitada de urgencia banca norteamericana al calor de las penurias, agujeros y problemas, que presentan la mayoría de sus entidades. Y además ha llegado a Reino Unido, donde parece encontrar un entusiasta seguidor en el 10 de Downing Street. El padre del impuesto es otro primer y también del Tesoro, pero de la otra orilla del Atlántico: es Timothy Geithner, al que ya apodan ‘the prophet’ (el profeta).

La idea también gusta en los dos portalones de Alcalá; en el nº 48 agrada en tanto en cuanto supone una nueva regulación en la vía de un mejor control de riesgos, y en el nº 5 se frotan las manos ante la llegada de un posible nuevo ingreso en potencia. Pero gustan, además, otras características que subyacen de la idea madre. Resulta que ahora, los viejos reguladores para los que el tamaño de la entidad era garantía de facilidad para resolver un problema puntual, se han dado cuenta que es mejor y más sencillo, imponer a un banco o caja pequeña, una solución que imponérsela a uno de los grandes.

En principio eran los bancos pequeños los que se le escapaban de las manos a los bancos centrales, a los reguladores. Y fueron bien recibidas las grandes corporaciones bancarias, los grupos financieros globales, integrados... Pero ahora, como consecuencia de los últimos fiascos que esta viviendo el sector, el interés se centra en los bancos más pequeños, de modo que la tendencia o moda la marca ahora aquel tópico del ‘small is beautiful’.

Si llega a prosperar la idea del profeta Geithner los bancos tendrían una limitación drástica en la asunción de riesgos debiendo renunciar a muchos nuevos riesgos al ser obligatorio un régimen más estricto de liquidez y de capital. Pero al que hace la norma, también se le ha ocurrido la solución, la cual pasa por fragmentar la unidad grande en unidades más pequeñas, y al igual que se diversifica el riesgo en caso de problema, se neutraliza el impuesto.

Se trata de otra de las ideas que la delegación norteamericana trae a la cumbre del G-20 el próximo dos de abril, y que forma parte de un paquete de ‘ideas originales’ de la nueva Administración Obama, y que piensa aplicarlas en aquel sistema financiero, que ahora se encuentra en una situación propicia para el ensayo de cuantas ideas se le ocurran al equipo económico del presidente, y especialmente al profeta Geithner. Con un sector bancario manga por hombro, Norteamérica puede ensayar en Bank of America, JPMorgan, Citigroup o Goldman Sachs. Y en Reino Unido sobran entidades para entrar en el laboratorio.

En España, el experimento puede llegar a tener algún sentido si alguna caja de ahorros de tamaño medio-grande comienza a dar problemas de liquidez. La experiencia más reciente, la intervención de una caja de ahorros como la CCM, es útil para demostrar que al tratarse de una entidad pequeña, los problemas de riesgos son más limitados. Pero el mayor inconveniente que se puede encontrar para llevar a cabo la idea de Geithner es que en España, al igual que en otros países miembro de la UE, se trabaja ahora mismo en reducir el parque de bancos y el número de cajas de ahorros, por el método de la fusión de varias entidades, lo que daría como resultado entidades financieras mayores, igualmente con mayores riesgos. Y justo esto es lo que trata de evitar la nueva regulación de la banca que pretende impulsar EE UU, precisamente cuando en media Europa acaba de concluir la primera fase de las grandes uniones bancarias. La Unión Europea espera las explicaciones para estudiar la idea.

Los teóricos del sector, algunos de los directores de estrategia más brillantes de nuestros bancos, están dándole vueltas al asunto del tamaño de los bancos desde hace meses. Todo comenzó a raíz de un informe de Pricewaterhousecoopers en el que se daban algunas pistas sobre la banca del futuro, con especial mención al volumen de activos óptimo que debería tener un banco a partir de 2010, lo que determinaría el tamaño ideal de la entidad. Resulta que, después de hacer todos los cálculos, la resultante era una entidad del tamaño de la suma de dos bancos medianos como, por ejemplo, el Sabadell y Popular, o Popular y Bankinter. El resto de sumas, o bien pecaban por exceso o por defecto; la única suma cuyo impuesto resultaba nulo en función del tamaño eran las dos mencionadas, lo que significa que, en caso de implantar “el impuesto del tamaño”, no se salvaría ningún banco, excepción hecha de la citada suma.

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