edición: 2915 , Viernes, 28 febrero 2020
14/06/2011
El ‘rescatador’ oficial de Occidente, China, cierra también el grifo del crédito

Bancos y empresas españolas acusarán el cambio de ritmo económico chino

Pekín está más preocupado por frenar la inflación que por los problemas de Europa
Juan José González

Acostumbrados a que la economía china crezca a ritmos del 10% o del 12%, el hecho de  que abandone el doble dígito para hacerlo al 8%, parece crear contrariedad en Occidente. Y si a este cambio de ritmo se le une que el Banco Central de China comienza a dar muestras de eficacia y firmeza en el control monetario, a los europeos se les comienzan a mover algunos esquemas clásicos existentes sobre la función de salvaguarda y protección que se atribuía a la potencia asiática, y que esta debía ejercer sobre el resto del mundo, en particular, sobre Europa. El crédito se ralentiza en aquella economía más de lo previsto. Puede tratarse de una falsa alarma, o quizás de una premonición, pero las ediciones digitales de ayer lunes y las impresas de hoy, recogen un primer anuncio que provocó más de una sonrisa entre economistas y también entre esos operadores de mesa, atentos a cualquier movimiento, susceptible de ser interpretado en clave racional. “El crecimiento del suministro de dinero en China, se desaceleró a un mínimo de 30 años en mayo”. Parece ser que se trata de la primera señal que indica que las autoridades chinas pueden llegar a tener la capacidad suficiente como para controlar los precios y la especulación.

Sin embargo, esos operadores de mesa, ven en este movimiento algo más: una causa real que les motiva para ponerse en marcha. Divisas, bonos y materias primas mueven, tradicionalmente, el impulso de los operadores, hoy más que nunca atentos a la salida –huída- de capitales hacia la potencia amarilla: la crisis del euro les puede reportar importantes beneficios en el corto plazo, si bien el Gobierno chino ya ha comenzado a construir su segunda muralla: la retribución salvaje del dinero de hace meses, ya ha dejado de ser salvaje.

Los mercados financieros no pueden quejarse: disponen de multitud de causas para actuar. La Bolsa china (Shanghai), al igual que sus colegas europeas y norteamericanas, recoge a la perfección los movimientos que se producen en Europa, centro de negocios, ahora de moda, y destino ideal para el comercio exterior chino, más preocupado éste por las políticas de austeridad europea. Los europeos, como los chinos, tienen argumentos propios justificados por su situación interna: los primeros inundados de deuda y los segundos con inflación galopante –en abril del 5,4% anual y que hoy martes puede anunciar el 6% en mayo pasado-.

Ahora el temor occidental es doble. Por un lado, los Gobiernos de la Eurozona asisten a una desaceleración en la compra de deuda europea por parte del Gobierno chino, a lo que habría que añadir los pasos en falso que suponen las dudas de algunos mandatarios europeos –Angela Merkel- sobre la capacidad de sus socios para afrontar los compromisos financieros. Dudas, meteduras de pata o errores políticos –en ocasiones intencionados- que pueden haber provocado la estampida del dinero chino hacia otras zonas con menos dudas y menor peligro. Pero por otro lado, el Gobierno chino observa que el crecimiento de la economía mundial se enfría con rapidez, mientras la suya lo hace de forma leve, y donde la principal preocupación se centra en el control de los precios.

Europa advierte, por su parte, una pérdida de peso político de la potencia asiática, más ocupada en apagar los fuegos internos de una fuerte especulación alimentaria y de consumo, que en seguir la dinámica de inversión de los últimos 24 meses, lo que no distrae al sector privado para aprovechar algunas oportunidades y hacerse con el control total de algunas empresas de lujo en Europa.

Por otro lado, no hay que perder de vista que en ese trabajo de contener la inflación y restringir el crédito, según las cifras de ayer, en más de un 25% durante mayo, las inversiones exteriores, por ejemplo, las españolas, pueden verse afectadas en los próximos meses, puesto que las condiciones impuestas en un mercado donde el crédito permanecerá, prácticamente, seco a corto y medio plazo, las compañías con planes de expansión y crecimiento en la zona, sufrirán también la desaceleración local. Un contratiempo para un buen puñado de empresas y bancos españoles que apostaban, y siguen apostando, a que en los próximos ejercicios el crecimiento de su negocio estará originado en el país asiático.

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