edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
20/04/2020

Bancos centrales de la Eurozona quieren revivir la idea de un banco malo europeo por la crisis

El BCE mantiene contactos con la UE para adoptar la idea de Enría pero Bruselas se resiste al mecanismo
Carlos Schwartz
La colosal crisis del capital que ha desplegado la pandemia Covid-19 sobre la espalda de la desaceleración global amenaza con resucitar de un lado una crisis de deuda pública en la Unión Europea (UE) con rentabilidades crecientes en la emisión de bonos soberanos en Italia y España, pero despierta la amenaza de que la incapacidad de pago de los clientes vuelva a cargar a los bancos con deudas improductivas. España, Irlanda y Alemania establecieron sus bancos malos nacionales para adquirir la deuda hipotecaria y los inmuebles adjudicados de la banca tras la crisis financiera internacional del 2008. Pero países que no lo han hecho, como Italia, Grecia, Chipre y Portugal tienen una ratio de créditos fallidos por encima del 6% del total. Los créditos improductivos en la zona del euro suman en la actualidad 506.000 millones de euros en los más de 120 grandes bancos de la región, lo que representa un 3,2% del total de las carteras de crédito. Pero, si se atiende a las cifras de los países directamente afectados por la acumulación de estos créditos fallidos, que se arrastran como legado de la crisis del 2008, la media sólo sirve para encubrir una realidad amenazante. En buena lógica los reguladores nacionales temen que una ola de quebrantos en las economías acumule de forma rápida en los bancos créditos impagados por cantidades elevadas.
La primera ola de asistencia a las empresas, en la medida que en toda la zona del euro cuenta con avales del estado es la menos preocupante, pero las empresas han llegado muy endeudadas a esta crisis y esos créditos no están avalados. Los países de la eurozona no pueden implementar bancos malos nacionales de acuerdo con los cambios en la legislación de la UE aprobada tras la crisis en años recientes. España, al igual que Irlanda y Alemania, lo hicieron antes de que se modificara la regulación y recibieron el visto bueno de Bruselas, aunque en el caso español la línea de asistencia de la UE fue de 40.000 millones de euros. En la actualidad sin embargo, Bruselas no admitirá ninguna forma de intervención si antes el capital del banco no se ajusta contra la deuda subordinada también en su forma de contingente convertible, y contra las acciones, es decir con pérdidas para los accionistas y bonistas.

Las importantes provisiones contra fallidos anunciadas la semana pasada por la banca estadounidense están motivadas por la apreciación de esas entidades de que va a registrarse una cadena de suspensiones de pagos a raíz de la recesión que se ha precipitado a escala global. En 2017 el entonces presidente de la Autoridad Bancaria Europea (ABE), Andrea Enría, propuso la constitución de un banco malo a escala europea con el objetivo de ayudar al proceso de limpieza del legado de la crisis de las carteras bancarias de los países más afectados por este elemento del balance. En Italia se ha hecho una cierta limpieza de estos activos deteriorados en los últimos dos años pero el nivel de créditos improductivos respecto del total sigue siendo muy alto. Esta situación preocupa especialmente al banco central de Grecia, país con un tejido financiero debilitado por la anterior crisis y que está muy lejos de haberse recuperado.

Enría es en la actualidad el presidente del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE) y, de acuerdo con algunas fuentes de países afectados por esta situación, estaría de acuerdo con el relanzamiento de ese proyecto. De acuerdo con el Financial Times, que cita al presidente del banco central griego, Yannis Stournaras, la experiencia demuestra que “sin un banco malo no se puede tener éxito en esta labor” sea a escala nacional o europea. Fuentes del sector de la regulación bancaria señalan que funcionarios del BCE han estado en contacto con altos cargos de la Comisión Europea (CE) para proponer la adopción de este modelo de intervención ante la situación del sistema financiero de los países más afectados. Sin embargo la CE se opone de forma tajante a cualquier esquema de saneamiento que no pase por el modelo de infligir pérdidas a los accionistas y bonistas de las entidades de crédito. Está claro que la UE carece de la más mínima idea de la dimensión del desastre que se avecina y que su propia política al dictado de los capitales más centralizados y concentrados de Europas va a acelerar, entre ellos la posibilidad de una crisis de deuda pública a muy corto plazo.

De acuerdo con fuentes de medios financieros los grandes fondos de inversión especializados en la deuda improductiva, es decir los créditos fallidos, están valorando la probable dimensión que este mercado va a tener para preparar sus vehículos de inversión de cara a esta nueva ola de créditos impagados. Mientras que la CE considera prematura cualquier intervención que suponga relajar las condiciones estrictas impuestas a un saneamiento bancario, los que hacen negocio con estos fracasos del sistema financiero ya están operando en el mercado. De acuerdo con esas fuentes España es uno de los objetivos claros de estos fondos. En los últimos cuatro años la banca en Europa ha mejorado su posición frente a la deuda improductiva. Algunos casos son especialmente llamativos, como el de Italia que logró reducir los créditos improductivos del 15,2% en 2016 al 6,7% en la actualidad, Portugal ha bajado del 19,4 al 7,2%. Sin embargo Grecia que tenía en 2016 una carga del 45,9% sobre el total tiene ahora un 35,2% del total del crédito mientras que Chipre bajó del 37,8% al 17%.

Ninguno de estos dos últimos países por su dimensión serían realmente “problemático” para la UE, pero una crisis bancaria va a disparar el riesgo soberano de forma colosal. La UE corre el serio riesgo de que las tendencias centrífugas se aceleren hasta adquirir una velocidad de crucero imparable en el caso de Italia, y ese es otro cantar. Que las empresas buscan liquidez de debajo de las piedras se ha hecho evidente en las últimas dos semanas. Es el caso de las grandes constructoras. En este sentido, debe leerse la operación de ACS de ceder a Société Genérale el 5,29% de su autocartera en operaciones de derivados. Los que no sean capaces de entender a la presente crisis en su dinámica corren el riesgo de quedar desorientados ante los acontecimientos de los mercados. Un signo de advertencia: las posiciones en contra del mercado en la Bolsa de Nueva York están en máximos de los últimos cinco años mientras la bolsa ofrece subidas récord. Una moneda tiene siempre dos caras.

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