Bancos y empresas abonan el camino a un nuevo referéndum de
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
22/02/2018
Intentos para una nueva consulta

Bancos y empresas abonan el camino a un nuevo referéndum de reversión del Brexit

La estrategia no molesta al Gobierno, le puede venir bien, atascado que está en negociaciones a mitad de camino entre el drama y la tragedia
Juan José González
Movimientos y voces muy activas que se escuchan en todo el territorio británico y que adquieren mayor fuerza y valor en la medida en que las negociaciones para alcanzar un acuerdo de salida son un auténtico desastre. Empresas, bancos, multinacionales y grandes grupos representantes de sectores como el inmobiliario y el agrícola hace varios meses que cuentan con cifras que muestran la destrucción de una parte de la economía y la caída de las ventas. Magnates del sector inmobiliario, grupos de inversores, importadores de materias primas, operadores de transporte marítimo y un centenar de sociedades del sector turístico forman al parecer el principal núcleo de apoyo económico a un movimiento social político británico que trabaja con el objetivo de frenar las negociaciones que mantiene el Gobierno británico con Bruselas para la salida del país de la Unión Europea. Más de veinte meses desde el resultado -brexit- de aquel plebiscito que comenzó a cambiar las relaciones comerciales y muchos modelos de negocio en las islas. Llega el movimiento crítico en la antesala de una nueva cita, en la que dará comienzo la segunda fase de las negociaciones del brexit, el próximo mes de marzo.
Segunda fase para suavizar posturas, dejar algunos acuerdos a medias, sí pero no, fuera de Europa pero compartir seguridad, información, comercio, ayudas y algunas regulaciones interesantes. En fin, compartir sólo lo que convenga y que, según los negociadores británicos -haciendo gala de un humor local- "tampoco es pedir tanto".

Apuntan los observadores económicos que si el principal escollo en las negociaciones fueran los 45.000 millones de euros de la factura de ruptura a la que tendrá que hacer frente el Gobierno británico, ya se habría alcanzado un acuerdo. Pero no, hay más, mucho más porque el desenganche de la isla tiene efectos de muy largo plazo, décadas incluso, hasta que una economía como la de Reino Unido logre estabilizarse y recuperar el estatus perdido.

Las negociaciones hoy día son un buen ejemplo de cómo mantener en la incertidumbre y en la zozobra a cerca de dos millones y medio de trabajadores que penden en todo el país del proceso, del brexit. Unas 265 entidades financieras extranjeras que conforman las dos zonas más características de la City, en Canary Wharf y Liverpool Street, el 11% del PIB británico que ya busca (y encuentra) destinos europeos. Negociaciones que no son ajenas a la caída de empleo, en torno al 40%, en el sector financiero y de servicios en el mercado más grandes mundo.

Si bien está que las autoridades británicas escuchen todas las voces críticas internas que abogan por una nueva consulta, y que crecen como champiñones, al Ejecutivo le estaría interesando ese movimiento formado por numerosos grupos de empresarios, banqueros y representantes de los sectores agrícola e inmobiliario y numerosas multinacionales. El interés fundamental de sumar sectores de opinión contrarios al brexit estaría jugando a favor del desorden y caos imperante que el propio Gobierno mantiene como táctica para dilatar el proceso.

Pero es que además, es conocida la opinión de las delegaciones, británica y europea, de que el paso del tiempo está animando a nuevos colectivos sociales a sumarse al movimiento partidario de una nueva consulta. Otro asunto es nadie sabe a ciencia cierta la forma, el cómo, el cuándo y quién tomaría la iniciativa política en el Gobierno británico de proponer una nueva consulta, un nuevo referéndum. Incluso hay numerosas voces que ya se plantean si, llegado el caso de una nueva consulta, no sería un poco tarde y los daños causados en estos veinte meses serían ya tan irreparables que no merecería la pena el cambio.

En todo caso, el Ejecutivo británico continúa firma en su táctica de dilatar las negociaciones, aplazando reuniones en Bruselas para alargar los grandes plazos del calendario de ruptura. Está obligado por mandato a defender aquel referéndum convocado por un Gobierno -un tanto camicace- que se saldó con un grado de participación ciudadana tan elevado como grande e inesperado su resultado. Y no parece aceptable ni democrático argumentar ahora que el plebiscito fue incompleto pues ni bancos ni empresarios tampoco representantes del sector agrario ni multinacionales expresaron su opinión, su voto.

De ahí que la idea fuerza del nuevo movimiento social y político unidos a numerosos colectivos, siga trabajando por una segunda vuelta del plebiscito en el entendido de que un nuevo referéndum haría posible revertir el brexit aunque no antes de las elecciones legislativas de 2022, el mejor escenario -y quizá el único- para proponerlo y llevarlo a término. Aunque tampoco habría que descartar que voces y movimientos fueran en realidad la parte más sofisticada de la actual negociación que trataría de mitigar -reblandecer- la postura más firme y sólida que mantienen en Bruselas y que trae de cabeza al Gobierno inglés.

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