edición: 2409 , Lunes, 19 febrero 2018
16/12/2014
Herencia libre de cargas

Bankia despeja el calvario jurídico para dar entrada a un nuevo accionista

Resarcir a los inversores, la recta final de la salida definitiva del Estado
Juan José González

Mejor prevenir que lamentar. Es probable que el horizonte judicial en el que se iba a instalar por muchos años la entidad bancaria, con miles de denuncias y reclamaciones de casi medio millón de inversores, haya inclinado la balanza del lado de quienes, con buen criterio, han razonado que cuanto antes de salden las cuentas, mejor para la entidad, para los afectados, para el Gobierno y para el sistema. Como también es probable que esta sea la decisión más inteligente del presidente de la entidad, José Ignacio Goirigolzarri tras expresar que el banco cuenta ahora con "un músculo financiero" que le permitiría afrontar las reclamaciones de los accionistas, sin recurrir a las ayudas públicas. Los grandes inversores identifican que esta parece ser la penúltima fase del rescate, previa a la salida de su interventor y accionista mayoritario, el Estado. Bankia necesita un nuevo accionista de referencia.

Pero solventada la situación, es decir, saldados los accionistas que acudieron a la salida a bolsa de Bankia, el camino del futuro queda limpio y despejado para comenzar a poner fechas para la entrada de otros accionistas profesionales que sustituyan la presencia mayoritaria del Estado, un socio que ha aportado el capital suficiente para evitar el cierre y poco más o nada más. En definitiva, ha llegado la hora de empezar a trabajar en el cambio, en el futuro del banco que bien se puede iniciar a partir de éste estado o `reino de la transparencia´ y `reconocimiento de responsabilidades´ que las autoridades quieren garantizar tras el escandaloso asunto de las tarjetas black.

De un tiempo a esta parte, las citas judiciales y los tribunales se puede decir que han sido la constante en el devenir de la vida de Bankia, de su pasado. Tiempo en el que se ha visto obligada a mantener de forma paralela la gestión diaria del negocio bancario, que, como recogen las cuentas trimestrales, arrojan ya sus primeros beneficios. Una especie de doble vida que obligaba a la dirección a practicar una doble gestión y, por tanto, un doble trabajo: por un lado, la gestión de los problemas, las demandas, nuevos fuegos que aparecían cuando ya se habían sofocado otros. Y por otro, la gestión del negocio bancario, los costes, las comisiones, créditos y cuentas, captación de pasivo, el ajuste laboral... Todo ello sin olvidar que la entidad tuvo que prepararse para la prueba de fuego del examen de las autoridades bancarias y del que ha salido bien parada.

La decisión final de atender las reclamaciones de los accionistas, apoyándose, obviamente, en el amparo legal que suponen para su causa los informes de los peritos de la Audiencia Nacional, cedidos por el Banco de España, se puede considerar como el paso definitivo para cerrar otro capítulo `doloroso´ del pasado pero aún presente en la vida de la entidad, como fue la salida a Bolsa. Tampoco acabará aquí el legado, la herencia del pasado representado por las tarjetas `black´, que por desgracia traerán más días cargados, no de gloria precisamente, para Bankia, aunque como en el asunto de la devolución de las reclamaciones, ya pertenezcan a la historia financiera (y política) española.

Con el movimiento de `reconocimiento´ de culpa o responsabilidad de las acciones pasadas, pero presuntamente delictivas, el Gobierno quiere dejar libre cualquier herencia de causas pendientes (como es el caso de la reclamaciones o de las tarjetas black) para que los futuros accionistas no resulten perjudicados. Y lo consigue en parte, porque los fondos extranjeros interesados en Bankia, como Capital Group, saben que no heredarían las causas penales pendientes siempre que se tratase de compra de acciones. Sin embargo, si se produce una fusión con otra entidad, la resultante sí debería asumir las causas pendientes (art.130.2 del Código Penal). De ahí que, en cualquier caso, haya que sospechar que el movimiento `acelerado´ por el ministro de Economía Luis de Guindos, lleva una fuerte carga de intencionalidad.

En todo caso, el negocio de Bankia, como el trabajo del actual equipo directivo, necesitan con urgencia desprenderse de la mayor carga judicial posible y, una vez solventado este frente, soltar el pesado lastre de su accionista mayoritario, el Estado. Y ya sin este, no le faltarán buenos pretendientes para una fusión.

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