edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
26/09/2012

Bankia, paradigma de corrupción

Alfonso Pajuelo
Estamos aceptando con mansa resignación que hay que salvar a Bankia y no debería ser así. Si esa “quiebra” fuera producto sólo de las circunstancias económicas o hasta consecuencia de una mala gestión profesional de los recursos, podría plantearse el rescate. Pero no es así ni mucho menos.

Según va disponiéndose de información, los tejemanejes políticos cobran importancia en el suceso y los políticos aparecen cada día con mayor protagonismo en el desaguisado. Eso debería impedir el salvamento. Aun más, debería obligar a someter a Bankia al escrutinio completo de los tribunales de Justicia y dotar la investigación con una docena de millones de euros para asegurarse de que se llega al fondo. Seguro que ningún español protestaría por tal dispendio con tal de saber qué han hecho allí los políticos. Además, se debería garantizar que esa investigación fuera rápida de forma que se evitara que la cosa se juzgue dentro de veinte años.

A Caja Madrid –y sus antecedentes y consecuentes- habría que borrarla del mapa bancario y someter a un profundo escrutinio lo allí ocurrido en los últimos cinco años. La escusa de que una liquidación provocaría un escándalo internacional ya no es creíble porque el mundo entero comprendería que en las presentes circunstancias no se quiera dedicar 19.000 millones al empeño, un dinero muy necesario para otros destinos. Bastaría repartir la entidad por cuotas entre los bancos sanos minimizando el coste.

Bankia (Caja Madrid y CAM) se ha convertido en el paradigma de la corrupción política y de los tejemanejes de los políticos y una entidad con tal estigma debe desaparecer, no puede pretenderse que sea viable. Y, si lo es, tampoco es necesaria en un país con las estructuras bancarias sobredimensionadas.

Con los españoles sufriendo las consecuencias de una crisis en la que el factor político es principal debido a una mala administración y una peor previsión, además de la culpabilidad por no haber controlado la burbuja inmobiliaria e incluso haberla utilizado políticamente, con los salarios a la baja, los impuestos al alza, un desempleo creciente, recorte del estado de bienestar, etc, emplear 19.000 millones en una impostura como Bankia es un insulto a los contribuyentes cuando ese dinero es tan necesario para mejores destinos.

No movemos en un ambiente en el que el descrédito de los políticos está en máximos y no hay razones para pensar que eso vaya a mejorar. La discutida política de ajustes de Rajoy no hace más que ahondar en este problema porque realmente no ha actuado todavía en contra de las diversas prebendas y canonjías de esos políticos, ni ha actuado en la línea de poner en orden las Administraciones Públicas, algo que enfada sumamente a los ciudadanos porque observan como se malgasta un dinero que sale de sus bolsillos, en muchos casos ya vacíos.

En este contexto no es admisible Bankia. Es una buena ocasión para dar un paso adelante en la regeneración de la política y de los políticos aunque para eso haga falta que algunos pasen por los hoteles que a cuenta del Estado mantiene el Ministerio de Justicia (por cierto, el actual ministro también tendría algo que aclarar sobre Bankia).

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