edición: 2722 , Miércoles, 22 mayo 2019
09/10/2015
banca 
Rescatan viejos productos

La batalla del pasivo, una cuestión de superviviencia para la banca

Varias entidades no podrán soportar los costes por remunerar sus nuevos depósitos
Juan José González
A la espera de que Santander haga públicos los primeros resultados de la campaña comercial de su `cuenta inglesa´, el sector bancario parece haber comenzado a replicar al cántabro en la batalla por el pasivo. En un ambiente de alta volatilidad y con la decisión pendiente de la Reserva Federal norteamericana sobre el precio del dinero, grandes, medianos y pequeños bancos han movilizado la maquinaria comercial. Malos tiempos para los particulares, condenados a las más miserables remuneraciones de sus depósitos; como justifican en el sector, "ajustadas a la realidad". Pero el escenario está experimentando un cambio de expectativas que animan al ahorro a tomar más riesgos, lo que no resta incertidumbre ni volatilidad al movimiento.
En este escenario es donde se sitúan los nuevos productos que, en su mayor parte, son los clásicos depósitos estructurados que toman el relevo de los también clásicos depósitos a plazo fijo, dispuestos a subir -con muchos matices- la remuneración del dinero hasta el 3%, rentabilidad que nos abandonó en 2012.

Los bancos repiten productos de temporada. No parece abundar la originalidad en los departamentos comerciales que difícilmente salen del `abc´ marcado en el guion. Así regresan al escenario comercial los célebres depósitos estructurados que hace tres años hacían las delicias del público, no tanto por su complejidad para el particular como por las expectativas de rentabilidad ofrecidas, su principal reclamo, así como la garantía de la totalidad del capital invertido.

El sector bancario, ejerciendo su `derecho a réplica´ se ha decidido a contestar la batalla emprendida por el Banco Santander, también con su estructurado, aunque lo que ofrece a cambio no llega al 2% de TAE en tres años. BBVA es un poco más espléndido y paga medio punto más que el cántabro por lo mismo. La batalla se libra en gran medida en el terreno de la banca mediana y pequeña, donde manejan importantes excedentes de ahorro de la clientela, actualmente aparcado en los depósitos más usuales, con retribuciones próximas a cero o que en el mejor de los casos no pasa del 0,30% en los plazos de más de dos años. Una miseria.

Para salir de la pobreza y estrecheces que marcan los plazos clásicos, Popular, Sabadell, Bankinter y BMN, entre otros, se han decidido a acompañar a los más beligerantes Santander y BBVA. Ofrecen depósitos estructurados indexados a la evolución futura de compañías cotizadas de primer nivel o también a índices del mercado. Juegan o apuestan a una revalorización de los títulos que forman la bolsa a la que se referencia la rentabilidad del producto. Es lo de siempre; se puede ganar o perder, se ofrecen ganancias muy ajustadas porque se manejan plazos de entre 18 y 36 meses, pero los productos estructurados parecen tener asegurado que no se perderá en ningún caso el capital invertido. Por tanto, es probable que aunque se mantengan las estrecheces en las ganancias, se consigan algo más que el 0,30% a tres años de algunos depósitos a plazo.

Aprovechando la atmósfera revuelta de los mercados de valores y con la mirada atenta a la FED, a China, a Alemania, a los emergentes y a las materias primas, los productos bancarios ahora en el escaparate de las entidades mencionadas, se enfrentan a un futuro muy incierto y en un plazo, tres años, en el que puede pasar de todo; burbujas, crash, recesión, etc. Se echa en falta una llamada de atención -que debería ser a iniciativa de las entidades- advirtiendo de que la garantía de la rentabilidad de los nuevos productos, queda en manos de la utilización de derivados, algo que excede al control del particular y, por tanto, un riesgo a considerar.

Por otro lado, en esta batalla por el pasivo, por captarlo, pero también, y parece que sobre todo, por defenderlo, las entidades bancarias concurren en diferentes condiciones, con distintos problemas, carencias, costes y estrategias. Algunos se juegan poco, otros menos, pero todos se juegan algo; la rentabilidad, la cuenta de resultados. Ahora hay que esperar a que el balance de final de cada año dicte sentencia, pues no todos los bancos que ahora batallan podrán mantener el precio que les cuesta el pasivo, un factor a tener más en cuenta que nunca, pues a lo largo de estos tres años van a estar en juego fusiones y alianzas, es decir, el futuro y también la supervivencia. Cuestión de tiempo.

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