edición: 2307 , Miércoles, 20 septiembre 2017
10/02/2012
Francisco González analiza hoy -con lupa- los movimientos de Rato

BBVA no logra desmarcarse de una fusión con Bankia

La conexión ideológica de FG con el Gobierno le implica en la reordenación
Francisco González, presidente de BBVA
Juan José González

Francisco González, presidente del BBVA, se ha organizado esta mañana su particular plan de seguimiento para no perder ni una palabra, cifra ni gesto del discurso de su vecino 54 portales más al norte y en la misma acera de la Castellana. Él y su equipo, por separado, quieren analizar el comportamiento de Rodrigo Rato cuando presente a la prensa especializada los primeros resultados de Bankia y, por supuesto, aplicará rayos X a las respuestas a las preguntas que hagan los periodistas. En su última comparecencia, González enseñó tan sólo alguna carta: resultados codo con codo con Santander, todo marcha bien en Latinoamérica, estamos viendo alguna cosa, buena sintonía –ideológica- con el Gobierno, y el asunto de las fusiones: Bankia en concreto. Como concreto fue que a preguntas de la prensa, dejó al descubierto que es esta su principal preocupación.

Y le preocupa porque precisamente esa conexión ideológica de banquero y banco con el Gobierno, le implica en el proceso de reorganización financiera en marcha; porque el apuntalamiento del sector financiero ideado en Economía pasa por la necesaria participación de los cuatro primeros grupos financieros por activos, Santander, BBVA, Caixabank y Bankia, para que entre todos ellos se resuelvan –ajusten- los problemas del resto y, finalmente, porque el banco de FG parece descolgado de cualquier estrategia propia, como destacaba antes de las elecciones una voz del equipo económico del Gobierno, continúa obsesionado por seguir y medirse en todo cuanto pueda con el Santander. Y así le van los negocios.

Extraña partida la que parece estar jugando el enigmático banquero, Francisco González, distante, de sonrisa imposible, adusto, inquieto, incómodo, todo esto junto, en un gesto único para presentar hace unos días los resultados de 2011. Preocupante porque resulta que banco y banquero no logran transmitir certeza de futuro, ni proyecto ni rumbo: la imagen que transmite FG, es la que imprime al banco su presidente vitalicio.

Sin embargo, nada parece arredrar al banquero, obligado recientemente a tocar el consejo con la incorporación de una joya de la corona como Belén Garijo, ante el pánico que le invadió al enterarse de que la competencia directa andaba tras los pasos de la manchega. Ya le hubiera gustado a Santander la futura consejera para cubrir una de las vacantes del suyo, en fin.

FG se sintió interesado en marcar las diferencias y las distancias con el resto de competidores en el proceso de reorganización financiera. El Decreto Ley aprobado por el Gobierno le favorece en parte, al tiempo que le deja el camino abonado para dar un paso que no le gusta: en este caso, quedarse con la más fea, con el mayor problema, con el mayor esfuerzo para adaptar dos equipos, dos estructuras, dos culturas, una cartera de negocio donde el descosido del inmobiliario convierte la unión del banco con Bankia en un monstruo del ladrillo, de la mora, con una plantilla excedente en, al menos 3.000 trabajadores y el equivalente en la red de oficinas.

FG se quiere desmarcar del trago que le supondría la ingestión de su vecina Bankia, que seguramente pagaría con la salud, puesto que la aventura le cogería muy cerca de los 70. Para ello hizo acopio de evasivas; que si Bankia es muy grande y que el riesgo sistémico no es bueno para nadie, y que por tanto, un matrimonio del banco con Caixabank o Santander, sería, desde su punto de vista, desaconsejable. Como desaconsejables serían las ayudas públicas que recibiría la unión. Un matrimonio de esas características convertiría al BBVA casi en una entidad mediana, al alcance de los dos corredores, Popular y Sabadell, que vienen detrás.

Junto a las evasivas, FG ofreció también un descargo de elementos para justificar su situación actual: asegura tener dinero en cantidad para atender con holgura solvencias y nuevas dotaciones, y que si aún no lo había hecho –como Santander- es porque no había prisas que lo justificasen; no le hará falta vender activos –lo destacó porque sabe que al Santander sí le hace falta-; mantiene el dividendo –como Santander- y también, como Santander, no le interesa Dexia; no piensa ni comprar ni vender; el beneficio le cayó en la misma cifra que el Santander –aunque no en la misma proporción-. Eso sí, no explicó cómo sin hacer nada, el banco va a salir más fortalecido –incluso más que Santander- de la crisis. Y ahora vive obsesionado por Rato, pero sin perder de vista a Botín.

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