edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
02/03/2009
Aunque Zapatero confirme que “de intervenir, nada de nada”
Francisco González, presidente de BBVA

BBVA se ve como el siguiente en la lista

Juan José González

En los últimos días no han pasado inadvertidos algunos hechos puntuales en torno al segundo gran banco español, BBVA. Tras presentar unas cuentas correspondientes a 2008, con las que la entidad que preside Francisco González ha querido mostrar que el banco es sólido como el mármol, cuando lo que demuestran en realidad es el resultado de haber tomado escasas decisiones corporativas, dejando escapar buenas oportunidades, el presidente del consejo de administración del banco salió a la palestra para alinearse con la actual tesis del Gobierno, a propósito de la posible actuación del Banco de España en el sector financiero. Oportunismo –con lisonja incluida- que es interpretado como que las cosas no deben irle del todo bien al banco de FG.

En ese plano semántico, en el que se lidian ahora las batallas financiero políticas, a FG únicamente le quedó por remarcar la semana pasada que las nacionalizaciones no le gustan porque suponen la estancia continuada de inspectores -que se convierten en interventores con firma- en la entidad donde intervienen. Esta es la diferencia más interesante entre intervención y nacionalización. Y con el tiempo, éste puede llegar a ser su caso. Francisco González, y su consejo de administración, no las tienen todas consigo. No pierden de vista el célebre “barómetro de la paciencia” del Ejecutivo.

La ampliación de capital de Banco Santander continúa siendo una herida abierta en BBVA; no se olvida que en aquel momento la operación significó “secar el mercado” cuando el banco de FG meditaba la misma operación. Desde entonces el banco no levanta cabeza y sigue anclado en un viaje sin rumbo, funcionando con el “plan b”, con actuaciones aisladas, en ocasiones de espasmo, que denotan más temor que prudencia. No mueve pieza en un tablero donde a diario se exige tomar nueva posición para no ser comido.

El banco de FG pasa horas de fuerte presión. Dicen los veteranos del sector, que “no hay nada peor para un banco que dar la sensación de estar poco capitalizado, porque es algo que presiona la acción, al management y, por tanto, influye en las decisiones”. Y todo esto llega al consejo, donde puede suceder cualquier cosa menos cruzarse de brazos, porque se ve como el siguiente en la lista. El banco no ha sido capaz de tranquilizar al mercado, de comunicarle que en las actuales circunstancias se puede sobrevivir, porque la situación será diferente pasados tres trimestres. Precisamente, en esta batalla se encontraba la citada dirección general de comunicación cuando FG decidió tirar por la calle de en medio y hacer la comunicación por su cuenta y riesgo.

Reflejo de esta actitud, de asumir las responsabilidades de comunicación y “tomar las riendas de los mensajes del banco”, es lo que conduce a otro capítulo de la crisis de esta entidad. Como el reciente episodio de la salida de un director general del banco -de comunicación corporativa- vino a poner sobre la mesa el clima de tensión que vive el banco. Aunque no se trata, estricto sensu, de una dirección general de negocio, sí es de influencia estratégica para la entidad, además de ser un miembro de la comisión ejecutiva del banco.

El tiempo –a corto plazo- juega ahora a favor de BBVA, al que la crisis en la caja de Castilla La Mancha, la CCM, le va a suponer un paréntesis para respirar apenas dos o tres meses. Justo el tiempo para tomar las decisiones que el Banco de España le viene sugiriendo tras el verano pasado. Porque la sombra de Sebastián es alargada.

Le favorece, también, la posición del Ejecutivo cuya consigna (política) es evitar como sea y cueste lo que cueste la intervención en entidades financieras, una resistencia que contará con alguna excepción – la de la caja CCM - que no evitará que las autoridades económicas y el supervisor continúen haciendo referencias a los problemas de solvencia –que no de liquidez- de bancos y cajas, con continuos eufemismos.

Que un Gobierno acabe interviniendo en entidades financieras no deja ser el reconocimiento explícito de un estado de emergencia financiera, lo que para cualquier Gobierno occidental supone una posición que no le va reportar, precisamente, ningún rédito político ni a corto ni a largo plazo, por brillante que llegue a ser el resultado de la intervención. Esta es la reflexión que desde hace dos meses habita en las mentes del vicepresidente Económico del Gobierno y del Gobernador del Banco de España, después de largas conversaciones que se prolongan hasta bien entrada la madrugada con el Presidente del Gobierno. De ahí que éste insista en que, de intervenir nada de nada.

Desde el último indicador de tensión político-financiera fuera lanzado por el ministro de Industria -el “barómetro de la paciencia”- los acontecimientos han devenido en catástrofe. Los bancos han hecho públicos los resultados de 2008, y las grandes empresas la semana pasada. Igualmente, y al fin, se han llamado por su nombre a los problemas de riesgo y solvencia de la caja manchega, CCM. Todo parece indicar que habrá cambios en breve, ahora que el Gobierno ya ha comunicado que “usará todas las armas de que dispone contra las crisis de bancos y cajas”. Armas que, como editor del BOE, no son pocas.

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