edición: 2843 , Lunes, 11 noviembre 2019
20/11/2014
Asegurar la rentabilidad

BBVA y Santander optan por el crecimiento corporativo para recuperar los resultados

FG intentará salvar la inversión turca con la ampliación y Botín demostrar que puede ser autónoma
Juan José González

No es un juego de tronos, pero se le parece. Sucede que Francisco González ha visto que la heredera del Santander, Ana Patricia Botín, comenzaba a moverse y no lo ha dudado un instante: "negociamos la compra del 15% del Garanti", le dijo ayer al supervisor del mercado español. En el banco azul se han tomado en serio la urgencia de la nueva dirección del banco rojo por ganar el único premio al que puede acceder esta temporada, visto que la F1 se le resiste: la compra de un banco europeo. En BBVA saben de primera mano los movimientos de Santander porque han coincidido en llamar casi a las mismas puertas. Es una carrera que, como siempre, inician los de Botín y a la que siguen los de González. Coinciden los dos bancos en las razones estratégicas: hacerse más fuerte en el mapa europeo, lo cual conlleva obligatoriamente coger más volumen, talla y tamaño. Y todo pasa por aumentos de capital. Para los dos la ocasión la pintan calva porque los precios están casi en oferta por derribo, tanto en Italia como en Turquía, así pues, Botín y González, a jugar.

El BBVA continúa con su particular pasión turca, una inversión de 4.200 millones de euros por la que hace cuatro años se convirtió en propietario del 24,9% del Garanti Bankasi. Entonces, la puerta quedó abierta para una opción de compra, en principio, para 2016, pero que las circunstancias parecen haber adelantado. La coyuntura es caprichosa y quiere aliarse esta vez con el banco azul, a pesar del fuerte golpe sufrido por unos resultados hasta septiembre nefastos e inesperados, con una caída del 37% en el beneficio, y peores perspectivas para terminar el año. Francisco González necesita una operación corporativa, tanto o más que la de su competidora Ana Patricia Botín.

González está necesitado de resultados que aporten a las cuentas de un grupo que sigue sin rumbo fijo conocido. Y las del Garanti no han aportado ni lo previsto ni lo esperado. La pasión turca del presidente del azul se ha convertido en los últimos años en un baño turco, pero no de relajación, sino de preocupación. Las matemáticas aseguran que la inversión en Garanti no sale bien en ninguna foto. Entre la divisa, la lira turca y su relación con el euro, la inversión se ha depreciado en más de un 25%, y a la que hay que sumar el precio de mercado en los últimos cuatro años (2014 incluido) que supone una minusvalía por encima del 15%. Por tanto, no se puede decir que la apuesta turca de González en el Garanti sea como para tirar cohetes.

Pero, como se apuntaba antes, la coyuntura parece que puede llegar a obrar el milagro de hacer reír a González, debido a que la economía turca, una vez que los problemas políticos comienzan a despejarse, cerrará 2014 con un crecimiento del 2,8%, que será del 3,4% el próximo año y que se dispara hasta cerca del 4% en 2016. Así los números, a la inversión de González en Turquía le pueden empezar a salir los números, lo cual no se va a traducir en una inmediata aportación al beneficio del grupo bancario, necesitado con urgencia de ingresos. Si la economía turca va bien, la moneda local, la lira, le puede catapultar los resultados al Garanti y, por tanto, al grupo azul. Lo que sucede es que, aunque se dan las condiciones para que la economía tome la buena dirección, siempre es preciso que las previsiones se cumplan, para lo que habrá esperar uno o dos ejercicios.

Por tanto, no es mal movimiento el que ahora pretende cerrar el banquero González que, en caso de llevar a término la adquisición se convertiría en el accionista principal con casi el 40% del Garanti, entidad valorada en 12.300 millones de euros. La importancia estratégica de esta adquisición le supondrá al banco español subir en el ranking de entidades europeas aunque todavía sin sobrepasar al banco de Ana Patricia Botín.

Las necesidades del banco rojo son, por un lado, similares a las de su competidor azul; debe coger más tamaño porque el futuro a medio y largo plazo pasa por entidades más grandes y más fuertes. Necesita también mayor diversificación, a pesar de que su posición internacional le sitúa bien posicionado en muchos mercados, aunque no con la garantía suficiente como para renunciar a crecer mediante compras en Europa. La apuesta por Italia encuentra su mejor justificación en la coyuntura del país, con problemas económicos en el medio plazo pero también con bancos a precio de saldo por déficit de capital. Italia es un factor de oportunidad pero también es una alternativa al previsible deterioro de alguno de los mercados en Latinoamérica o en EE UU.

Al margen de las exigencias financieras, que son más apremiantes para Francisco González que para Ana Patricia Botín, los dos presidentes, banquero y banquera, están conminados por los suyos a recuperar la imagen perdida en los últimos años de crisis y a despejar algunas de las dudas acumuladas en este período de vacas flacas que aún no ha concluido. Si González debe demostrar al consejo (a su consejo) que es capaz de poner al banco en la órbita de la rentabilidad y despejar de una vez las dudas sobre su objetivo, a Botín le queda probar que es capaz de caminar de forma autónoma (también con su consejo, claro) pero sin protección familiar alguna. Y en ambos casos, González y Botín, despejar dudas.

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