edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
19/11/2019
banca 
Falta de colaboración en Sareb, Bankia y Popular

BBVA, de nuevo en el foco de la Justicia y la llegada de Podemos como telón de fondo

El nuevo Gobierno calibrará las posibilidades de cobrarse las facturas pendientes con el banco de FG y su heredero Carlos Torres
Juan José González
Lo que mal comienza mal acaba. Un año aciago para el BBVA, su expresidente, su presidente y una docena más de directivos y exdirectivos que ahora todos, de uno en uno, han comenzado a pasar por el banquillo donde se sientan los imputados por la Audiencia Nacional en el caso "BBVA-Villarejo". Una causa de la que están pendientes inversores, accionistas, bancos de la competencia, autoridades supervisoras europeas y una parte muy interesada del poder político, del Gobierno. Un asunto al que la convocatoria electoral del pasado 1o de noviembre pilló y partió por la mitad, y que como consecuencia primera tiene a partir de ahora un nuevo interesado, una formación política (Unidas Podemos) que ya prepara una larga lista de peticiones y sugerencias para su posible socio (PSOE) de Gobierno. La novedad ahora es que esta también novedad en el panorama político se ha convertido en el telón de fondo de la escena jurídica donde se sitúa el grupo de investigados (antes imputados) de la segunda entidad financiera del país, el BBVA. Es un caso amplio, profundo, de los llamados a crear jurisprudencia, a sentar cátedra en la normativa que interesa al sector financiero. Pero al margen de las investigaciones que ya se prolongan varios meses, con singular energía en los tres últimos.
El juez y las partes esperan impacientes la publicación de la investigación interna del propio BBVA (forensic) para comprobar el grado de compromiso que la entidad asume en el caso y que, obviamente, mide y compromete al actual presidente Carlos Torres y al expresidente Francisco González. Es un trago desagradable el que, según una fuente del banco, mantiene a la organización pendiente de la Justicia, de las noticias y de las declaraciones y movimientos de grandes inversores que todavía no son capaces de calibrar el alcance del caso como tampoco las implicaciones en términos de resultados. Naturalmente, unos y otros no desean que el impacto en los números sea del calibre del sufrido por la reputación del banco.

Porque el caso "BBVA-Villarejo" ha situado a la entidad y a su actual presidente en el punto de mira del público. Si ha habido un mejor ejemplo de una peor comunicación de crisis es este: el caso BBVA-Villarejo", en el que la entidad se ha demostrado incapaz de explicar con claridad a los inversores, accionistas y clientes en general, la naturaleza del problema. Los expertos coinciden en señalar a Carlos Torres, presidente del banco y anterior consejero delegado de Francisco González, hoy expresidente, como el responsable de la jugada, del enroque elegido como estrategia de defensa, de echar la pelota hacia un lado, o hacia el tejado del acusado Villarejo.

Sucede que el paso de tiempo, el tiempo o plazos de la ley, ha llevado a que el asunto penetrara en zona de peligro, en época electoral, con los partidos en campaña echando fuego por la boca. Y el tiempo electoral ha cogido de lleno al banco, víctima, en este caso inconsciente, de unas elecciones generales que para desgracia de los imputados ha supuesto un cambio, un vuelco que no le resulta favorable, en tanto que la unión o acuerdo de Partido Socialista y Unidas Podemos no es precisamente una bendición para la causa de la banca, y mucho menos, para la del BBVA, entidad señalada y destacada con tinta roja en algunos planes del Gobierno socialista.

Se sabe que los resultados electorales afectan particularmente al sector bancario. Y que aquellos se encuentran en un escenario peculiar, especial e inusual. Las necesidades de financiación de los planes sociales del Gobierno, incrementados si cabe, con el futuro socio de gobierno Podemos, ha situado el centro del foco en el sector bancario. Recuerdan o, mejor dicho, no olvidan los responsables socialistas que fue el banco del hoy expresidente Francisco González el que se negó a colaborar cuando el Ejecutivo solicitó su ayuda para formar parte de la Sareb, el `banco malo´ que FG negó, como también se negó a colaborar en la salida a Bolsa de Bankia, siquiera como colocador del tramo minorista, para, finalmente, la última negativa que se recuerda, comprometió una participación en la ampliación de capital del Popular. 

Demasiadas negativas a la colaboración con el Ejecutivo (que sí admitieron Santander y Caixa) como para no ser recordados por un Gobierno que ahora probablemente deseará pasar al cobro de las facturas pendientes. Si bien parece improbable que prospere la idea de la nacionalización que propone Unidas-Podemos para Bankia, no parece descartable la idea, desde hace tiempo madurada por Moncloa, de propiciar la unión del hoy banco público con el BBVA, según unos para lograr matar dos pájaros de un tiro (colocar Bankia y eliminar la herencia de FG que hoy representa Carlos Torres y su equipo). Y según otros para cobrar la factura pendiente del expresidente que hoy se sienta en el banquillo de los imputados.

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