edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
24/05/2019
banca 
La crisis de comunicación afecta al negocio

BBVA se mantiene enfrascado en su `operación silencio´ como un zombi bancario

Carlos Torres no consigue controlar el agujero de Garanti –y busca comprador- ni la caída de la reputación del banco, mientras 900.000 accionistas y 126.000 trabajadores esperan noticias
Juan José González
Parece el banco condenado a no tener estrategia de futuro, sino a mantenerse en el limbo de la táctica y del corto plazo, forzado por los graves problemas de su filial turca Garanti. Desde el cambio de logotipo y unificación de marcas (de la que se excluyó expresamente Garanti) BBVA ha venido mostrando un comportamiento más próximo al de un autómata, o zombi, que al de una entidad bancaria al uso, con mínimas y contadas señales de vida. Tras el paréntesis abierto con la presentación de los primeros resultados de 2019, el banco no ha dado señales de vida. La estrategia de comunicación corporativa parece estar afectando a todas las unidades de la entidad. Si la decisión del banco de mantener un disciplinado silencio encontraba su justificación en el caso Villarejo, los resultados trimestrales reforzaron la estrategia de la discreción. Las cifras de ese período dejaron en evidencia el parón, el freno del banco en el arranque del ejercicio, con peores registros en tres de los cuatro mercados principales donde el banco de Torres mantiene el negocio. Y este fue de mal en peor en dos frentes que se complican con el paso del tiempo: Turquía y Estados Unidos, dos mercados que han exigido más de 1.000 millones de euros en saneamientos, un 34% más de provisiones en el caso de Turquía por el deterioro de carteras mientras que en Estados Unidos fue el aumento de los fallidos en créditos al consumo lo que rompió las cuentas del trimestre.
La operación silencio, mientras tanto, sirve para enfriar el problema turco al tiempo que intenta aliviar los daños de reputación del banco. Y entre uno y otro, entre el problema turco y el problema del excomisario, transcurre la vida a la sombra de un banco con casi 700.000 millones de euros en activos, cerca de 900.000 accionistas y 126.000 trabajadores. Todo indica que la crisis de comunicación de BBVA continua a la espera de no se sabe qué decisión o evento, pues si aquella depende de un pronunciamiento de la Justicia sobre el caso Villarejo habrá que armarse de paciencia y esperar sentado, dado que la gestión de los tiempos de los tribunales no suele coincidir con las necesidades de los afectados. 

Mientras tanto, esperan los clientes e inversores (unos 76 millones) y también los accionistas (casi 900.000) algún movimiento que demuestre que el banco azul conserva el pulso. Si Carlos Torres y los suyos esperan a que el tiempo ayude a que la sombra del expresidente Francisco González se despinte y esfume es probable que las heridas infligidas por la mala reputación se amplíen y acaben por alcanzar a la marcha del negocio bancario.

En este punto es donde los supervisores del mercado mantienen su vigilancia, la CNMV en España y la SEC en EE UU, dispuestos ambos a proteger el interés de los inversores y accionistas del banco. Como tampoco le quita el ojo de encima el equipo de técnicos que desde el Banco Central Europeo vigila la evolución de la filial turca del banco, Garanti, cuyos activos mantienen un nivel de deterioro que justificaría una intervención del banco central si Turquía fuera un socio de la Unión Europea.

Respecto a la filial turca, continua sin desvelarse el misterioso criterio por el que Garanti no fue incluido en el plan corporativo de grupo de unificación de marca y cambio de logo. De ahí que se mantenga vigente la conjetura de una posible operación de venta de la filial, cuyas minusvalías millonarias y la baja aportación al negocio del grupo obligarían a tomar una decisión drástica a lo largo del año. Los resultados de la entidad turca, negativos por la influencia de la depreciación de la divisa local, parecen haberse convertido en crónicos, una situación que, por otro lado, estaría justificando una posible venta de la filial.

Y mientras sigue pasando el tiempo, el silencio se hace dueño de la vida de BBVA, donde parecen saber que este tiempo es oro si se sabe aprovechar para esconder otros problemas. El banco trata de rentabilizar el silencio obligado en un asunto sub iudice (Villarejo) pero ampliándolo hasta ocultar los resultados del negocio bancario, lo que induce a sospechar que el consejero delegado del grupo BBVA, el turco Onur Genç estaría preparando la solución más asequible para el banco y a la vez menos gravosa para la matriz. Nada fácil.

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