edición: 2788 , Viernes, 23 agosto 2019
19/02/2019
banca 
Aunque la banca europea no sale de su asombro

BBVA y Santander, dos conflictos de reputación bien diferenciados por la opinión pública

La campaña de imagen de la banca para reparar su reputación arranca con la dificultad de separar los litigios judiciales de las prácticas bancarias típicas
Juan José González
Comienza la campaña de imagen de la banca. Y lo hace en medio del chaparrón político de la disolución de las Cámaras legislativas y con una convocatoria de elecciones generales. Quizá no sea éste el escenario ideal para levantar la imagen del sector, ha ida cuenta que los próximos meses la borrasca seguirá instalada sobre la península ibérica. De la campaña en cuestión -la de imagen- se beneficiarán más unas entidades que otras, razón por la que los planes de los comunicadores se imponen comenzar querer separar el grano de la paja, establecer desde el principio la situación de cada entidad en el escenario actual, distinguir con claridad quién sufre qué problemas, unos de reputación y otros de distinta naturaleza. Si bien los grandes problemas afectan al conjunto del sector, otros, sin embargo, se focalizan en asuntos de la actividad bancaria propiamente dicha. Nada tiene que ver un caso de escuchas telefónicas y seguimientos, presuntamente realizados por una sociedad del ex comisario José Manuel Villarejo (por encargo, presunto, de BBVA) con los otros asuntos relacionados con el trato a la clientela. Son los casos hoy convertidos en pleitos ante los tribunales de Justicia por irregularidades en las hipotecas, o lios con las obligaciones subordinadas, el uso y abuso, excesos en definitiva, en la aplicación de normas singulares como en las cláusulas suelo y sin olvidar otras causas -que hoy sientan a sus responsables ante los jueces- como la que interesa a algunas salidas a Bolsa. Los comunicadores deberán esperarse en ese farragoso ejercicio de separación de paja y grano, de asuntos en suma ordinarios de otros extraordinarios. Recordar que algunos de ellos conllevan responsabilidades penales, que no es broma.
Las al parecer escuchas a granel a distintas personalidades de diferentes sectores de la vida pública española, presuntamente por encargo del BBVA, mantienen en situación de KO técnico al sector bancario español y a media Europa, asunto inédito del que se han tratado de encontrar antecedentes sin obtener éxito alguno. Porque nunca un asunto de tanta trascendencia como una presunta violación de derechos de intimidad como son las escuchas y los seguimientos personales, se había producido, como tampoco la imputación de cargos directivos, en este caso, del entonces presidente (hoy expresidente) Francisco González.

El asombro causado por estas conductas, que los tribunales investigan y que serán aclaradas por sentencia en su día, sigue en busca de una explicación razonable en tanto que la práctica en cuestión puede conllevar la comisión de uno o varios delitos. La práctica ilegítima, en todo caso, está muy lejos de la actividad típica que desarrollan los equipos directivos y altos responsables de las sociedades financieras en el ejercicio de sus funciones. De ahí que, aunque el objetivo de los presuntos seguimientos y escuchas parece estar demostrado, no sea comprensible la utilización presunta del método.

Por tanto, la diferencia del objeto, del objetivo y de los fines, define la naturaleza reputacional de los posibles delitos y al mismo tiempo de los autores o entidades. Como también quedan definidos y, por ello separados de los anteriores, los casos que afectan al tráfico habitual bancario con la clientela como son las obligaciones subordinadas, hipotecas, cláusulas suelo, preferentes y algunas más. En cualquier caso, los asuntos de mayor gravedad que afectan hoy al sector están relacionados con lo que los expertos consideran la esencia de la profesión y del ejercicio de banquero que no es otro que la confianza. 

La valoración de la clientela, accionistas e inversores de la banca, bastante deteriorada en los últimos años de crisis financiera, se debe basar en una reputación impecable, hoy muy lejos de cumplirse en algunas entidades pero que afecta al conjunto del sector. Por el camino de las sospechas y la presunción, transita el caso de las escuchas y seguimientos a personas por parte del excomisario Villarejo a instancias del BBVA, en fase de investigación, como también las posibles responsabilidades penales a las que haya lugar en la gestión de los directivos del Banco Popular y que hoy atañen, por decisión del juez, al Banco Santander como propietario de aquel.

Unos y otros, pero actualmente los dos grandes bancos del sistema financiero español, se encuentran en el ojo del huracán y son el foco principal de atención de la comunidad bancaria europea por tropiezos flagrantes de gestión y convertidos en graves problemas de reputación. BBVA deberá despejar a la mayor brevedad las dudas que mantiene la opinión pública (los tribunales se encargarán de los posibles delitos) sobre la actuación de su expresidente Francisco González y esclarecer el grado de participación del entonces consejero delegado y hoy presidente, Carlos Torres para restablecer la reputación y con ella la confianza pública. 

El caso del Santander está más cerca de constituir un asunto instrumental, de daños directos o colaterales propios de una operación corporativa, como es el caso de la adquisición del Popular. Sin olvidar, por otra parte, la inexplicable falta de previsión y/o metedura de pata en la gestión de un fichaje frustrado en el primer nivel, Andrea Orcel, que no dejó en buen lugar a la entidad bancaria y que sirvió para añadir un poco más de leña al fuego en la crisis de imagen del sector. Por cierto, todavía se carece de la explicación de aquellos que en su día ensalzaron la figura personal y profesional de José Antonio Álvarez, mostrando sus preferencias por éste, frente al fichaje frustrado de Andrea Orcel, al que denigraron pero sin explicar el porqué de su rechazo al ejecutivo italiano de UBS. Opiniones y razones que habrían sido de gran utilidad para los inversores y accionistas bancarios.

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