edición: 2784 , Lunes, 19 agosto 2019
05/05/2015
banca 
Arranque lento y turbulento

El exceso de regulación del BCE lleva al límite al sector bancario

El supervisor europeo se reivindica e impone sus reglas con `recomendaciones´ premeditadamente polémicas
Juan José González
El principio acción-reacción cobra pleno vigor y actualidad con las últimas decisiones de la autoridad bancaria europea. Cuando todavía está reciente el comunicado del BCE a los 130 bancos que supervisa de forma directa, donde explica y detalla la intención de poner en marcha los nuevos criterios de control y supervisión, el sector se encuentra con una nueva amenaza, inminente, como es la próxima `recomendación´ sobre las políticas de retribución variable a directivos y consejeros de las entidades financieras. Si ayer fue el torbellino provocado por el BCE y el anuncio de situar a un técnico de los suyos en los consejos de administración, hoy la agitación procede de las retribuciones. En los próximos días, el BCE espera responder a los 130 supervisados a propósito de las decisiones que piensan adoptar sobre la política de dividendos. El BCE aprieta y controla, regula demasiado y ahoga. Se espera una reacción.
Las recomendaciones específicas del eurobanco suelen causar revuelo en la alta dirección de las entidades. En realidad, son su principal y único destinatario, lo que sucede es que las ondas expansivas terminan afectando a la organización en su totalidad. Incluso, yendo más allá se puede afirmar que consiguen impactar en los pequeños ahorradores, en los clientes, en la masa accionarial y en los grandes inversores. Sucede en el caso de la política de dividendos que afecta a las 130 entidades financieras supervisadas por el banco central. A ellas se dirige la misiva que les previene sobre la política de reparto de los beneficios.

En principio, la recomendación del supervisor iba especialmente orientada a que las grandes entidades adelantaran los criterios de distribución de dividendos conforme a la normativa de Basilea III. Y en particular a aquellas que a finales del pasado año cumplían con las ratios de capital y el nivel de capital de calidad, exigidos por el BCE. La iniciativa de éste fue interpretada entonces como una advertencia que hacía presagiar un comienzo de ejercicio turbulento desde el punto de vista monetario, cuando el eurobanco aún no había despejado todas las dudas sobre su intervención en las QE.

En concreto, el supervisor recordaba (aconsejaba) la necesidad de distribuir dividendos siguiendo criterios conservadores que asegurasen el nivel requerido por Basilea III en el nivel de capital de calidad. Lo hacía en un momento en el que se conocía que al menos una docena de grandes entidades europeas no estaban consiguiendo las ratios exigidas por el eurobanco. El presidente del supervisor, Mario Draghi, en un reciente acto público no despejó completamente la duda planteada por un periodista al ser preguntado sobre si había actualmente entidades que seguían sin cumplir las ratios de capital exigidas.

Y así, entre la sensación de que aún los 130 bancos no cumplen todas las exigencias del supervisor, y que la mayor parte de ellos discrepan de los criterios del BCE en este apartado, se teme una reacción de las entidades financieras que en los próximos meses, y tras conocer los resultados correspondientes a la primera mitad del ejercicio, puede forzar un cambio en la recomendación del supervisor. Está siendo muy criticada la relativa a los dividendos porque no parece distinguir entre entidades grandes y pequeñas, siendo estas últimas las que registran los principales problemas.

En cualquier caso, el supervisor parece decidido a pisar a fondo en sus exigencias al sector bancario, con un arranque que al término del primer trimestre se presenta de forma más turbulenta que de costumbre. Y no sólo aprieta en la política de distribución de dividendos, sino también en aspectos de control interno como son las retribuciones variables de la alta dirección y más recientemente con la intención de sentar a uno de sus técnicos en el consejo de administración. De ser así, habría que confirmar el carácter de su retribución; por asistencia al consejo o por acta levantada. Se sabe que, al menos, no tendrá voto.

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