edición: 2284 , Viernes, 18 agosto 2017
24/06/2016
Inquietud a mitad del ejercicio

La desaceleración económica mina el regreso del beneficio empresarial

Habían confiado en que tras los ajustes, reducción de las deudas y reestructuraciones llegarían los beneficios
Juan José González
El dinero padece el cansancio propio de la intensidad de los acontecimientos políticos, la variable más activa en los últimos meses. Los análisis se centran ahora -más bien a partir de la próxima semana- en averiguar la forma de capear el temporal que tiene a los mercados financieros instalados en los números rojos. Hasta hace poco, el trabajo analítico se concentraba con mayor intensidad en los dos últimos meses del ejercicio. Sin embargo, los últimos doce meses, ricos y abundantes en sucesos políticos, obligan a prestar más atención al estado del sector financiero, a evaluar y adelantarse en la medida de lo posible, si el presente ejercicio va a resultar tan negativo como registran algunos activos, o bien, cabe esperar una recuperación.
Los mercados de valores dan fe de una incipiente desaceleración económica y acusan pérdidas del 30% a mitad del ejercicio. Tan sólo la recuperación de los beneficios empresariales puede devolver a los mercados la alegría perdida. Se antoja complicado.

Los efectos de las políticas monetarias del Banco Central Europeo se están mostrando insuficientes para animar la actividad económica. En la práctica, sus iniciativas se pueden enmarcar más en una estrategia de cuidados paliativos, de mayor o menor intensidad, que en una estrategia de soluciones finalistas. El precio del dinero, en mínimos históricos (en Europa en negativo) no parece medicina suficiente para recuperar la tensión arterial de los mercados bursátiles. En estos se cotiza a diario los síntomas de desaceleración económica mundial: no está en recesión, pero los crecimientos tan moderados hacen inviable cualquier recuperación de los mercados de inversión a corto plazo. El escenario se muestra hostil para el dinero pero en particular para los beneficios empresariales.

El análisis de la situación, el escenario financiero, subraya la fuerte decepción de las rentabilidades de la mayoría de los activos financieros. Los bonos del Estado, el bono del Tesoro americano o el bund alemán se han movido en los últimos meses en mínimos históricos o con rentabilidades muy reducidas. Los tipos de interés y la política del BCE han marcado -y continuarán- la vida de los activos por un largo período de tiempo. Los bonos corporativos han entrado también en la espiral de la desgracia desde el instante en que el BCE decidió la compra masiva de activos. Al final, los inversores acaban con su dinero en la renta variable, eso sí, aceptando que la maniobra puede tener consecuencias a corto y medio plazo como consecuencia de variables políticas puntuales como el Brexit o las elecciones generales en España.

Algunas consecuencias, sin embargo, ya se han hecho evidentes en el mercado europeo, con caída de la rentabilidad de los principales indicadores (visible en el Eurostoxx con una caída del 18% en el año). Otros mercados bursátiles, a excepción del norteamericano, han seguido el mismo camino que Europa. Incluso el mercado bursátil chino ha ido más lejos con caídas que han superado el 40%. El desplome de las rentabilidades no parece haber respetado ningún sector de actividad principal, ya que tanto industriales como servicios (bancarios) registran pérdidas en los últimos doce meses y, en particular, las mantienen en el presente ejercicio.

Al final, todo parece depender en mayor medida de que se produzca una recuperación mundial de la actividad económica y en menor medida de las novedades que puedan traer los cambios políticos, si estos llegan a producirse. Hoy, a mitad de año, el análisis de la situación apunta a que el crecimiento mundial será inferior en dos décimas al inicialmente previsto por instituciones como el FMI, OCDE o el Banco Mundial. El escenario se vuelve negativo para la rentabilidad de los activos en la medida en la que las previsiones de crecimiento económico son menores para EE UU, China y otras economías de gran influencia como Brasil. De la primera se dice que crece pero menos, de la segunda que se pueden esperar sorpresas negativas o muy negativas, y de Brasil se espera una corrección que evite la recesión.

Así las cosas, el escenario financiero descuenta una clara desaceleración económica, que puede ser mayor en función del tamaño de las sorpresas que vendrían de China, Brasil o, también, de Rusia. Un escenario del que no desaparece la influencia de las deudas y déficit presupuestarios. Los inversores habían confiado en que 2016 sería un buen ejercicio para la recuperación de los beneficios empresariales, una vez realizados los ajustes de costes y reestructuraciones de deudas. La recuperación del consumo y, en buena parte, de sectores como el inmobiliario, crearon las expectativas necesarias para creer en la recuperación de la actividad empresarial y, por tanto, de los beneficios. Ahora, resulta que los motivos económicos se muestran insuficientes para alimentar la recuperación esperada y se hace necesario, de nuevo, estar atentos a la actividad política.

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