edición: 2390 , Martes, 23 enero 2018
28/09/2012
Consecuencias del informe Wyman
Jose Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia

Berlín, Helsinki y La Haya piden a Rajoy que liquide Bankia

El Ejecutivo obligado a sacrificar bancos para desbloquear las inyecciones de capital
Economía no resuelve y el Gobierno mantiene las dudas previas a su reforma financiera
Juan José González

Haber logrado clasificar a las entidades bancarias españolas en cuatro grupos no tiene ningún mérito aunque hay que reconocer que ya es todo un avance de clarificación, sobre todo cuando la mayoría de ellas están de acuerdo con su ubicación. Mérito que se apunta la consultora Oliver Wayman, autora del dibujo final del mapa bancario español. Como siempre que se clasifica algo, se produce una discriminación que en este caso puede tener los mismos efectos a corto plazo de una sentencia condenatoria. En el fondo se trata de separar el grano de la paja, pero sí el resultado del dibujo gusta al Gobierno, no desagrada al sector y convence a Bruselas, el sector bancario resultante será otro, nuevo y reestructurado. Y los perjudicados, los "perdedores" en el descarte, lo serán no sólo por las dificultades de conseguir capital para alcanzar la viabilidad, sino por una suma de deficiencias en la gestión que no les deja otro camino más que la liquidación o venta. En todo caso, el Gobierno tendrá la última palabra.

El sector bancario analiza desde hoy los resultados del informe Oliver Wyman, y es probable que a lo largo del fin de semana ya se haga pública alguna de las operaciones en marcha desde hace varios meses. Un banco mediano y una excaja podrían, incluso, lanzar la nota de prensa hoy mismo. El resto de movimientos del sector, dos bloques de cajas de ahorros con elevada dispersión geográfica, es probable que lo demoren por la complejidad técnica de una operación tan singular. Esta claro que de las 14 entidades que hoy abren sus puertas al público, en pocos meses no quedarán más de 9 o diez, otro mérito a sumar al trabajo de selección de la consultora.

Es ese grupo (o grupos) de supervivientes lo que ahora ocupa y preocupa al Ejecutivo, puesto que de esa selección de entidades, no sólo las que pasan el corte del Core Tier-1 (grupo 0: Santander, BBVA, la Caixa, Sabadell, Kutxabank y Bankinter) sino las nacionalizadas (grupo 1) y el resto de entidades (grupos 2 y 3) con distintas necesidades de capital.

En este asunto, como en otros donde las decisiones se toman en base principalmente a las cifras, el Gobierno español tiene una difícil tarjeta de presentación ante Bruselas. En primer lugar, asustan los más de 260.000 millones de euros de pérdidas de toda la banca española a pesar de las fuertes provisiones. Asusta también el nivel de morosidad -el oficial ya en el 10%, y el real camino del 20%-. A Bruselas le espanta el agujero de los activos vendidos al banco malo. Son malas noticias para presentarse con un nuevo plan de reestructuración bancaria por severo que haya resultado el veredicto de la auditora Wyman.

Si las cifras no ayudan precisamente, la falta de un posicionamiento expreso de la gran banca española, la del grupo 0 de Wyman, respecto a la posibilidad de que se hagan cargo de los activos de mayor interés y encaje, procedentes del resto de los grupos, viene a añadir más certidumbre a un grupo de países que abiertamente desconfían de España y de cualquier éxito en la reestructuración bancaria. La ruptura de la "tregua" de los mercados del miércoles, elevando la prima de riesgo y el consiguiente castigo bursátil, son una muestra de que la atmósfera sobre España esta cargada en exceso, como así se puede contemplar desde Alemania, Holanda y Finlandia.

Tres países, tres socios que llevan la voz cantante de la Unión Europea en el asunto de las inyecciones rápidas de capital por la vía del MEDE. Dudan el trío de socios sobre los planes del Gobierno para sanear un sector donde el 20% de la "ayuda" se destinará con urgencia a una entidad como Bankia, que ha sido elegida por inversores internacionales y Gobiernos como el paradigma del agujero-país español. Desconfianza, en suma, justificada en cifras y en realidades, pero que no estaría completa sin la complicidad (se supone que inocente) del propio Ejecutivo español. Y es que los Gobiernos de Berlín, La Haya y Helsinki no acaban de comprender las dudas del Gobierno de Madrid.

La reforma del sector bancario tiene visos de nacer empantanado, con un grupo 0 y parte del 2 y del 3 formando el definitivo diez saneado y dimensionado que necesitaría un país donde sigue sin correr el crédito y sin actividad económica capaz de generar empleo neto. Una rueda mortal de la que el Ejecutivo debería salir despejando todas sus dudas y para lo que debería apoyarse en el Banco de España, que para verguenza de todos, parece haber sido incluído por el Gobierno en su propio grupo 1 de los nacionalizados.

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