edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
22/09/2008

Bernabe cuece el divorcio con Alierta en las ollas de los Werthein

Julio Werthein, fundador del grupo argentino
Ana Zarzuela

Atrapado en el quiero y no puedo de Telecom Argentina, el italiano responde a las arremetidas de los Werthein, pero cada vez en voz más baja. Duda en el dilema que le obligan a encarar: si prefiere su matrimonio con ellos y el pasaporte a la mayoría accionarial, o sus amoríos con Telefónica. Si los petrodólares libios se retrasan, las costuras de la alianza entre Telecom Italia y Telefónica pueden saltar antes en Argentina. Defender los derechos de su accionista individual mayoritario, bueno, por mucho que sea español. Hacerlo hasta que peligren sus aspiraciones en Argentina ya no está en los planes del Consejero Delegado de Telecom Italia. Otra cosa será el peaje de algún socio local -como el grupo Clarín - que los Kirchner le exigen.

Telefónica se aferra a sus derechos en la tierra el tango. Pero en el peor escenario, soltar TA sería un mal menor para los planes de Alierta, que con el baluarte de la brasileña TIM en la mano, podría además consolidar su poderío por libre en la tierra de los Kirchner, donde Telefónica ya sostiene el cetro del liderazgo desde 2004 y un tercio de la banda ancha. Y les despejaría por igual el horizonte a Adrián Werthein que a Bernabé, en un mercado menos hostil a las pretensiones italianas que el brasileño.

En el cambalache entre Moncloa y la Casa Rosada, seguro habrá un sitio para los Werthein en boca de Cristina Férnández en Nueva York. Bernabé pelea la bronca de las escuchas que los Werthein le disparan, niega haberlas hecho, pero poco más.  El desencuentro, ya sobre la mesa, puede ser sólo la antesala de un divorcio global que a los de Telefónica no les vendría tan mal. Y que Bernabé saborea. Niega tres veces la influencia de Alierta: la fusión, el derecho de Telefónica a conocer sobre Telecom Argentina y sus posibilidades de ir a más en tierras del tango, al menos del brazo de Gabriele Galateri. Si echar a los leones de los Werthein a Alierta es el precio a pagar para consumar el divorcio, poner puente de plata a la salida de Telefónica y despejar su derecho al total restante de Telecom Argentina, Franco Bernabé está listo para comenzar a pagarlo.

La peregrinación romana ‘de cortesía’  ha dejado más claro que a la sintonía entre Franco Bernabé y César Alierta ni está ni se le espera. También que el ultimátum de los de Gran Vía va en serio. Por mucho que se opongan los Fossatti y los socios de Alierta en Telco, Bernabé marea el humo de los petrodólares y azota las estrategias de Telefónica con la segregación de la red italiana. TI le toma la palabra a Berlusconi y se empeña en llamar al séptimo de caballería de los fondos soberanos, con los que ponerle un tentetieso del 10% a Telefónica. Acabe en gufa, o en desembarco masivo, el divorcio entre Bernabé y Alierta puede tener ya ‘Celestinas’ australes -los Wertheim- un escenario de ruptura argentino -si se empeñan en mantener las apariencias en tierras alpinas- y un tempo, el que marquen las autoridades locales, si Telefónica no se adelanta antes.  La discordia con los ahijados empresariales de la Casa Rosada está servida desde hace meses para los romanos, incluso a la mesa de los tribunales, pero puestos a escoger, la salida de Telefónica le despejarìa los caminos australes a los de Bernabé, más aún si el pasaporte de TIM para su puente de plata italiano se concreta en el escritorio de Franco Bernabé, o en el Consejo de la española del 25. Soltar Brasil, bueno. Algún precio tiene que pagar Perder Argentina, auque estácondenada al matrimonio forzoso con los Werthein y al padrinazgo de la Casa Rosada,  no tanto.

ÓRDAGO FINAL

Todo al negro, el socio disidente de Telecom Italia en Argentina, ha lanzado su último órdago: apela al juez para que congele el poder de Telecom Italia en su filial hasta que se deshaga la unión con Telefónica y exige la no transferencia del 2% del paquete accionarial que aún estaba en manos de France Telecom. La presión de los Werthein ha ido inclinando la balanza hacia el recelo desde que en 2003 sellaron su matrimonio con Telecom Italia y se comprometieron a otorgarle a Bernabé y Galateri una opción de compra de su 48% antes del fin de este trimestre. Hoy, cuentan con el manto protector de los Kirchner, con la mayoría accionarial –el 50%, siempre que TI no ejerza la opción de compra sobre su 48%- con observadores independientes que vigilan si Telefónica interfiere en las decisiones australes, con la sintonía con el dictámen público de la Comisión Nacional de Competencia y dentro de unos días se sabrá si también con el beneplácito de los jueces. La Casa Rosada, abrazada a la bandera de la argentinidad, ha ido más lejos y de ahora en adelante prohíbe cualquier cambio accionarial en Telecom Argentina sin su previo consentimiento. Por mucho que los representantes de Telefónica no participen ya de las reuniones de directorio de Telecom Italia vinculadas con las operaciones que la empresa tiene en Brasil o la Argentina. Por mucho que la Anatel en Brasil y el regulador argentino no vean inconvenientes.

La aparente defensa a ultranza de la competencia en el mercado de las telecomunicaciones argentinas que abandera la familia Werthein no más que el cascarón de un ‘casus belli’ con el que esperan alterar la estructura accionarial de Telecom Argentina y la opción de compra-ejecutable desde diciembre- que tiene TI, o al menos, no irse sólo con los 499 millones de dólares y  hacer caer el acuerdo para que no sólo un 18% sino el 48% de sus acciones se vendan también a precio de mercado, con lo que sumarían otros 500 millones de dólares a su fortuna. Un puente por el que Franco Bernabé estaría dispuesto a pasar, incluso del brazo del grupo Clarín – que controla el cable y puede jugar en el ‘triple play’ u otro caballo de Troya argentino si los Kirchner no le dejan otra opción en una operadora de gran implantación, que controla la la mitad del negocio de la telefonía fija, un tercio del ascendente mercado de las comunicaciones móviles y la mitad del explosivo y redituable comercio de Internet. Sobren todo, si Cristina claudica ante el altar de Lula da Silva y termina por imponer el modelo americano de broadcasting de ese país, incómodo hoy por hoy para Telefónica y Telecom Argentina.

Lo que en su día fue una oportunidad, casi única, para colocarse como socio de referencia de uno de los grandes operadores de telecomunicaciones incumbentes de Europa- controla el 40% de su mercado nacional de telefonía móvil y de todas las los operadores históricos Europeos, es el que posee la mayor parte del mercado doméstico de banda ancha, el 62%- y dejar en la cuneta  a Murdoch, Slim, Deutsche Telekom y France Télécom, le ha servido a César Alierta para tener un pie en la mayor tajada del mercado italiano, uno de los principales de Europa e ir consolidando su ambición: colocar a la compañía como la primera operadora integrada de telecomunicaciones de Europa. Y para ganar por la mano a Slim en su propio feudo latinoamericano. Pero Telecom Italia le ha costado ya unas minusvalías latentes en bolsa cercanas a los 2.000 millones de euros por esta inversión. Toda una invitación para pasar a mayores, o salir por la puerta. Si Telefónica se queda con su 10% en Telecom Italia, será como capitán con el respaldo de Telco. Telefónica sólo tendrá que sostener la inercia y aguardar el oxígeno para el valor, peor no puede ser y sus proyectos han caído bien en los inversores.  Si se va, con el pasaporte de los árabes y la inyección de capital en la mano, el puente de plata nutrirá su expansión y si le tejen la alfombra roja en TIM Brasil, le permititría a la española enseñorearse de un tesoro amargo para los romanos y hacerse con más del 50% del mercado que más rápido ha crecido en toda Latinoamérica. Todo sin renunciar a seguir pescando las ventajas a su guerra a Carlos Slim en las aguas argentinas.

La plaza en mando en Argentina le serviría a Galateri como motor para darle cuerda a un como sur que se le está complicando a TI, golpeada por la Ambraer en Brasil e impotente ante el despliegue de Telefónica en Vivo, ahora que la sintonía flaquea entre Roma y Madrid.  Franco Bernabe contempla desde la barrera cómo Alierta reamuebla el bunker latinoamericano, del que recibe ya el 37,4% del total de los ingresos del grupo y cocina el postre de su plan Verónica, con la alfombra roja de Costa Rica, la operación en Perú y la OPA chilena. Brasil es, desde hace ya una década, el plato fuerte de ese menú, un mercado que junto a México abarca el 49% de los usuarios y las ventas de telefonía celular en América Latina. Y aspira a serlo cada vez más, ahora que TIM desembarca en la telefonía fija y que Alierta se puede convertir en doble virrey de la convergencia, con TIM en una mano (25.4% del mercado) y Vivo (30.4%) en la otra. Un barco del que a Galateri y a Bernabé no les importaría tanto saltar si, a cambio, le dan pasaporte a Alierta en TI y rejen la alfombra blanca al despliegue definitivo en Argentina.

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