edición: 2831 , Miércoles, 23 octubre 2019
09/04/2015

La compra de BG por Shell es la primera gran operación que abre un ciclo de consolidaciones petroleras

La caída de los precios del crudo empujará a las competidoras a comprar reservas de bajo coste
Carlos Schwartz
Los analistas del sector del crudo y el gas miraban el detalle de la oferta por casi 65.000 millones de euros de la anglo holandesa Royal Dutch Shell por British Gas (BG) pero mientras le encontraban lógica veían poco factible que el modelo de adquisiciones entre las grandes de la industria se extendiera. A diferencia de lo que ocurrió con la anterior gran caída de los precios del crudo en 1998 que dio lugar a los gigantes actuales, no es probable que esta vez la consolidación vaya por ese lado.
Entonces en menos de dos años a partir de agosto de 1998 se produjeron fusiones entre las grandes empresas petroleras de las cuales las más notorias fueron la compra de la estadounidense Amoco por la británica British Petroleum (BP) y la de Mobil Oil por Exxon en operaciones que buscaban una reducción de los costes eliminando operaciones solapadas, desarrollando solo los mejores activos de cada empresa, y logrando la adquisición de mercado. La decisión de Shell tomó por sorpresa a los analistas que esperaban que el ciclo de consolidaciones se produjera más adelante, cuando los planes de ahorro y recortes de inversión de las petroleras comenzaran a dar resultados visibles. Shell decidió precipitar la operación, quizá por temor a que alguien le ganara por la mano.

Los analistas consideran que los activos en Brasil y Australia de BG forman parte del tesoro para Shell, quien por otra parte pasará a ser la empresa de gas natural más grande del mundo tras la adquisición. Pero levantando la vista de esos números la pregunta es cómo sigue el juego.

El consenso de los analistas del sector es que no se verán fusiones entre los gigantes del sector como Exxon Mobil, BP, Total o Chevron. Todas ellas tienen en marcha sus planes de reducción de gastos e inversiones y esperan adelgazar sus empresas. Pero todas adolecen de un problema de fondo: carecen de reservas cuyo coste de explotación sea bajo. Por lo tanto la lógica es que sus adquisiciones se orienten hacia este objetivo y las fusiones entre las grandes solo ampliaría el problema. De allí que la opinión de los analistas es que las consolidaciones se orienten hacia las empresas que tengan dominios con bajo coste de explotación. Sin contar por otra parte que las operaciones entre las grandes caerían bajo el intenso escrutinio de los reguladores.

Durante el último año se ha rumoreado la posibilidad de que Exxon Mobil intentara adquirir a BP, pero los problemas judiciales de la británica tras el desastre de Deepwater Horizon no parecen un horizonte despejado para semejante operación.

Uno de los problemas con el que topan los intentos de consolidación son las diferencias de valoración que hace las empresas y que llevan a choques en materia de precios. Con un mercado en caída y sin previsiones exactas de recuperación de los precios las divergencias sobre el movimiento futuro de los precios del crudo lleva a valoraciones muy distintos de los activos del lado de la compra y del lado de la venta.

Esto ha determinado que el proceso de consolidaciones sea más lento de lo previsto. Pero la dramática caída de los precios del crudo que está dejando a muchas empresas al borde del abismo actuará como catalizadora del proceso. Debido a esto de momento no hay demasiada respuesta a la búsqueda de activos por parte de la grandes y de las menos grandes. Pero los analistas esperan que más adelante este año ese proceso se acelere.

Los analistas consideran que BG ha estado en la mira de Shell durante décadas, pero su precio era demasiado alto. La caída del precio del crudo ha hecho que los activos petroleros se devalúen aceleradamente y BG quedó a tiro de piedra.

De acuerdo con los comentarios de ejecutivos de ambas empresas la operación comenzó a diseñarse el domingo 15 de marzo con una llamada del presidente de Shell al de BG. En poco menos de un mes el proceso quedó cerrado. El precio ofrecido por Shell supone una prima del 50% sobre la cotización de BG y algunos accionistas de la petrolera anglo holandesa consideraron el precio excesivo, la opinión tuvo su peso en los mercados cuando la acción de Shell cayó un 8% tras conocerse el anuncio de adquisición. En materia de efecto, la operación supone para Shell un aumento del 25% en sus reservas y del 20% en su producción.

En cuanto al gas, un sector que para Shell es decisivo, la empresa se llevara como premio los descubrimientos de reservas frente a la costa de Tanzania así como el proyecto de gas natural licuado de Queensland en Australia. Sin embargo, donde mejor cuadran las cuentas es en Brasil, donde al final de la década la combinación de ambas empresas produciría 550.000 barriles diarios de crudo de acuerdo con las estimaciones de los analistas. Pero no todo es de color festivo. El esfuerzo financiero es considerable y los inversores institucionales comenzaron a valorar la posibilidad de que la digestión de BG implique omitir el dividendo en más de un ejercicio.

Lo que nadie niega en Shell es que la operación deberá saltar la valla con un listón muy alto en materia de reguladores, sobre todo de la Competencia. La petrolera deberá soportar estoicamente el escrutinio de los funcionarios en Australia, Brasil, China y desde luego de la UE en Bruselas.

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