edición: 2852 , Viernes, 22 noviembre 2019
28/03/2019

Boeing debe dejar de volar

El episodio de Boeing, al margen del desgraciado balance de víctimas que se han cobrado los accidentes de los dos aviones siniestrados, ha dejado al descubierto la muy escasa cintura del presidente Trump en la gestión de la crisis. Su reacción tardía (y quizá baldía) deja en entredicho su capacidad para ocupar las responsabilidades que ejerce en una labor en la que debería haber dado ejemplo de rapidez y sensatez. Estaban en juego vidas y la posibilidad, con los dos fatales precedentes, de otro siniestro en cualquier momento.

No es difícil entender que tras los dos accidentes, en particular, el segundo, el que proporcionó la información suficiente como para identificar finalmente el fallo catastrófico, las autoridades americanas deberían haber reaccionado como las europeas, prohibiendo inmediatamente los vuelos del 737 de Boeing. Pero no, en un absurdo e incomprensible acto (una actitud dolosa) de dilación y demora, las autoridades decidieron, finalmente, tras varios días, prohibir los vuelos del modelo, ignorando precedentes y poniendo el riesgo vidas de centenares de viajeros.

Difícil imaginar que la intención de las autoridades americanas, con su presidente a la cabeza, fuera la de proteger a la compañía nacional, así como de los intereses de las operadoras americanas para evitar cancelaciones de pedidos y vuelos. Habría sido incomprensible si la intención hubiera sido esta. Para reacción interesada, prueba de cintura y agilidad comercial (y política) es la mostrada por el competidor europeo Airbus, que ya se dio prisa en comunicar al mercado su gran capacidad de producción como constructor de aeronaves y rebajando tiempos de entrega.

El caso de Boeing, con sus fallos imperdonables en el software de navegación automática del modelo 737 y la ausencia en la formación de los pilotos, se ha cobrado centenares de vidas en los dos accidentes, el prestigio de las autoridades aeronáuticas norteamericanas y ha dejado al descubierto la carencia de sentido común del presidente Trump. Ahora tan sólo restaría por pasar factura legal a la compañía Boeing, puesto que las correspondientes facturas sociales, políticas y empresariales ya le están llegando en forma de cancelación de pedidos y de mala reputación. El cierre de Boeing, la desaparición de la empresa, debería tener ya una fecha más o menos fija. McDonnell Douglas y Concorde aterrizaron definitivamente en su día por sendas catástrofes.

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