edición: 2325 , Miércoles, 18 octubre 2017
27/03/2009

Bolivia le quiere ‘pasar la gorra’ otra vez a Aena y Abertis

Confunde la diplomacia del palo y la zanahoria también con BBVA, Repsol, Iberdrola y REE
Ana Zarzuela

Mandó al ministro Quintana a jurarle a Zapatero la tranquilidad para las inversiones españolas y el propio presidente Evo Morales promete que en su visita a España en abril será el oficiante de una luna de miel con nuevos euros ibéricos para Bolivia. Pero la primera prueba de paz no le ha durado ni quince días. Su administración revisará de nuevo ‘el cumplimiento’ de las inversiones de la filial de gestión de aeropuertos de Aena y Abertis y las concesiones a las que no les pudo encontrar ninguna mácula en verano. O, al menos, hace saber en voz alta que desea hacerlo.

En agosto, la procesión del ministro y la estatal Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (AASANA) les obligaron a pagar el peaje de nuevas inversiones para enfundarse la amenaza de estatalización de la gestión de los tres aeropuertos que controla Sabsa  -los únicos rentables del país-. De nuevo calcula pisarle de nuevo los talones a Servicios de Aeropuertos Bolivianos S.A (participada al cien por cien por AENA y Abertis). Qué mejor momento que ahora que le pone alas a sus pretensiones soberanistas y estrena la primera aerolínea estatal, en unos cielos marcados por el horizonte de las pérdidas y las denuncias de las competidoras privadas. Y que prepara las maletas -y las monedas de trueque- con las inversiones españolas.

El líder aymara acaba de engendrar a la estatal Boliviana de Aviación (BoA) con todas las bendiciones del Palacio Quemado, las denuncias de cuatro de los siete operadores privados del país, la autorización oficial para volar hecha a medida y la previsión de cuatro millones de dólares de pérdidas para el próximo año. Eso en el más optimista de los escenarios. El gobierno de La Paz no quiere repetir los precedentes de LAB -que plegó alas con 200 millones de dólares en rojos- y por eso no oculta que necesita cuanto antes mucho más que buenos aeropuertos y que facilidades operativas en El Alto, Cochabamba y Santa Cruz (las mismas plazas que gestiona Sabsa). Al gabinete de Morales le urge acelerar algunas inversiones, quiere ya la sala internacional de El Alto que deberán entregar Aena y Abertis y sueña con hacerse con una inyección de liquidez para sus nuevos cielos y la buscará para empezar entre las multinacionales con operaciones en el país andino.

Sabsa se ha convertido en el ‘inquilino’ de un edificio con un casero frenético, que amenaza con poner periódicamente en cuestión la concesión por 25 años -11 ya cumplidos- de las tres terminales más importantes del país. De poco le ha servido a Morales la evidencia de que la empresa haya destinado en los últimos diez años más de 20 millones de dólares en inversión directa en los aeródromos de El Alto, Cochabamba y Santa Cruz y los 43 millones de dólares abonados a la estatal AASANA, más 1,7 millones a la Superintendencia de Transportes de Bolivia en concepto de tasas de concesión. En once años, SABSA no ha repartido utilidades entre sus accionistas y que todo lo ganado ha sido reinvertido para mejorar la infraestructura de los tres aeropuertos a su cargo.

En agosto, la ‘vacuna’ de la tranquilidad y la permanencia les costó a Aena y Abertis la entrega en mano de la ampliación del aeropuerto de El Alto y una nueva sala de embarque nacional -con una inversión de 2,3 millones de dólares- y un Plan Maestro de Inversiones de 5 millones de dólares comprometido con el Palacio Quemado, entre ellos una nueva terminal internacional en El Alto, la mejora de la pista de este aeródromo y varias obras en el de Viru-Viru, en Santa Cruz. Sabsa recuerda ahora que está en marcha la construcción de otra sala para el embarque internacional en la que invertirá 3,2 millones de dólares. Aunque sea a mayor gloria de la nueva aerolínea estatal boliviana.

Ahora que Bolivia prevé un "decrecimiento" del 5% para este año y que Morales necesita una inversión de 1.851 millones de dólares, el gobierno andino embiste contra sus fantasmas internos en las carnes de las compañías internacionales y -condenado al fuera de juego político y económico- adorna su soledad con la arremetida de incautaciones, cortes de contratos y nuevas nacionalizaciones, que sirve a la mesa aliñadas con la emergencia de la crisis interna. Evo Morales no ha caído hasta ahora en el ‘pecado' de la incautación con Sabsa. No lo hizo en agosto y no lo hará tampoco ahora: sabe que en el pecado llevaría la ‘penitencia' adosada, como le ha sucedido con la petrolera YPFB: sostener una gestión huérfana de inversiones, en tres plazas aeroportuarias en las que hasta ahora Servicios de Aeropuertos Bolivianos S.A ya ha invertido más de 60 millones de dólares. Y en las que AASANA ya había naufragado antes. Prefiere las inversiones. Y ‘piezas’ de canje ante la Moncloa.

ESTRATEGIA DIPLOMÁTICA

Morales se dispone a pasear su diplomacia de doble faz por el Palacio de Santa Cruz dentro de unos días. Lo hará con presiones renovadas sobre las empresas españolas como arma negociadora. La visita de su enviado Quintana no pudo atar todos los cabos de la inversión y la cooperación que quedaron sueltos: Bolivia será preferente para la diplomacia ibérica, el país del continente americano que más cooperación recibe, pero Zapatero le ha dejado claro que las cifras aún no están escritas para la mitad de los 1.500 millones de euros que España prometió invertir en programas de dotación de agua potable y saneamiento básico en países de América Latina. Y la condonación del tercer tramo de la deuda externa aún tiene flecos. El presidente boliviano tratará de concretarlos con Moncloa a cambio de paz para las grandes inversiones españolas.

En su momento, La Paz selló con Repsol YPF un compromiso con la petrolera Andina -responsable del 40% del gas natural- como alianza dorada. Pero Morales quiere más que un vínculo que deja sólo en manos de la española un 48,92% del paquete accionarial; obliga a Antoni Brufau a compartir la gestión con los enviados de Palacio, a entregar el timón y conformarse con dos consejeros de siete. Repsol está condenado a vestir los ensueños de Morales en su triple condición: como socio forzoso del Estado, como inversor a la fuerza con 900 millones de dólares para el Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita  y Huacaya y como puente de emergencia a las necesidades gasistas de Argentina y Brasil. Repsol ha sido durante dos años el aliado paciente, capaz de aguantar denuncias, subidas impositivas y amenazas. Acepta su rol de socia minoritaria, pero -aviso para navegantes- exige al Estado que, lejos de los tics de YPFB, se enfunde su traje de accionista mayoritario para que la compañía continúe operando, reinvirtiendo y distribuyendo las ganancias. El ‘matrimonio’, de conveniencia y con el juez de guardia, puede acabar en divorcio si a la petrolera le estrecha más el cerco.

Morales cerca a REE y “salva” a Iberdrola. Ya hay hoja de ruta y -jura el presidente boliviano- también presupuesto para la nacionalización. La partitura está clara, la recuerda La Paz: o las eléctricas negocian ‘por las buenas’ y acuerdan un precio o serán expropiadas. Las tres generadoras -Valle Hermoso, Corani y Guaracachi- están ya en la sala de espera. La siguiente será la Transportadora de Electricidad, controlada por Red Eléctrica Española (REE). Iberdrola -y su filial Electropaz - salva, por ahora, la ‘negociación’. La avidez del Palacio Quemado sólo alcanza para empezar para las generadoras y la transportadora. Entretanto, el Gobierno de La Paz arañará más rebajas tarifarias con las que apaciguar a sus huestes y forzar nuevas inversiones para acompañar los acuerdos de renovación con REE.

A BBVA se le nubla el cielo boliviano en todas las latitudes: con las pensiones y con la gestión de las generadoras eléctricas en las que tienen participación las AFP Futuro y Previsión. Ni el silencio de la trinchera que comparte con Zúrich Financial Service ni los primeros sones de la versión más benévola de la nueva Ley de Pensiones consuelan a FG. Para empezar, las dos aseguradoras privadas perdieron la Renta Dignidad, un pago vitalicio que llega a más de 700.000 bolivianos y que les reportaba a las AFP 13 millones de dólares al año sólo de comisión por el pago. Y el BBVA tendrá que batir a su filial Previsión en duelo con Futura: sólo uno puede quedar en el mapa de las pensiones que ha dibujado el Palacio Quemado. Mientras tanto, las condiciones del mercado y las nuevas líneas rojas del sistema hacen el resto ahora que las nuevas gestoras de los recursos de jubilación deberán otorgar una rentabilidad superior el 8,2% que alcanzaron las actuales Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), bajar la comisión de administración y mejorar la cobertura del sistema. Sólo tienen garantizado el control total de los recursos durante seis meses mientras dura el periodo de transición al nuevo esquema, en el que tendrán que competir -en el mejor de los casos- con la mano del Estado.

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