edición: 2886 , Lunes, 20 enero 2020
23/12/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Bolivia prepara la nacionalización de las AFP y le amarga a BBVA el reinado americano de sus fondos de pensiones

Morales estrenará su mayoría absoluta en la nueva Asamblea con una propuesta para estatalizar las dos aseguradoras privadas y hacerse con los 3.228.5 millones de dólares que gestionan
Se salta el 'pacto de silencio y no agresión' sellado cuando le arrebató la administración de las distribuidoras eléctricas
Chávez y Morales
Ana Zarzuela

Se les acaba el tiempo muerto. Llaman esta vez ya a las puertas del Palacio Quemado. Quieren explicaciones y oficiales. Algo que les permita una brújula para el 53% del mercado de los fondos de pensiones y el 74% de la cartera de inversores institucionales de la Bolsa que está en manos de su aseguradora boliviana. Francisco González estaba preparado para el pulso de su AFP Previsión con la AFP Futuro de Zurich al calor de un nuevo modelo que iba a obligar desde 2010 por primera vez a BBVA y Suisse a compartir su mercado, o a excluir a una de las dos y competir con un fondo del Estado, hoy su mayor deudor ya. Y a hacerlo con nuevas líneas rojas. Eso era antes de que Morales se viniera arriba con su nueva mayoría absoluta y el control del Congreso. Los discursos de FG y las preocupaciones de Cano se han deslizado del ‘no pasa nada’ de hace apenas dos meses, a las previsiones de lo casi inevitable. Aún no asimiló la nacionalización de Consolidar en Argentina ni la Casa Rosada le ha puesto precio a sus compensaciones, pero el ‘efecto Kirchner’ le pisa los talones a las pensiones del BBVA. El banco espanta desde este semestre las sombras a  la rentabilidad de sus aseguradoras en Chile, México, Perú y Colombia, pero el ‘arañazo’ de Morales es sólo el preludio a los cambios en Ecuador y Bolivia y con ellos, el adiós a dos de sus tres su ‘coronas’ como líder  latinoamericano en fondos de pensiones. Por mucho que en BBVA se hayan consolado hasta ahora en la distancia y el olvido de un mercado lejano -que aporta menos del  0,5% de los beneficios del banco- Evo Morales le ha puesto la intención a los 3.228.5 millones de dólares que el banco gestiona junto con la AFP Futuro. “Esperan noticias oficiales y una postura asentada del Gobierno de Morales a la que referirse”, ésa es la consigna a dos voces con Zurich, con la que con la que comparten suerte. Pero a FG el dedo de la estatalización de Morales le toca por partida doble: acaba de perder la gestión y el control accionarial de las generadoras eléctricas bolivianas, pero es sólo el preludio de los pasos que le pisan ya los talones a su Aseguradora de Fondos de Pensiones. El presidente boliviano no tiene oídos para las marcas de la rentabilidad de los fondos privados, el antecedente de la quiebra de las AFP en manos estatales en 1996 ni las advertencias de los analistas: no serán rentables, ni podrá reeditar las apuestas de los fondos privados, los mayores inversores del mercado de valores local.

Asumieron en silencio el ‘rescate’ el 16 de octubre, de 860 millones de bolívares en bonos del TGN que el Estado quitó de manos de las dos aseguradoras privadas de fondos de pensiones. Y tuvieron que digerir, sin aviso, sin compensación y sin más que un pacto de silencio, la estatalización de Coraní y Guaracachi, administradas por las AFP de BBVA y Zurich. El próximo zarpazo para los de Cano -lo advierten en el Palacio Quemado- no será colateral ni por el atajo de las participaciones industriales. Sólo saben que, pase lo que pase, Bolivia “garantiza el respeto a los aportes individuales que ya se han hecho”. Ni siquiera los esfuerzos del vicepresidente Álvaro García Llaneras -la ‘mano amiga’ de la diplomacia y las inversiones europeas- por calmar antes de nada al 1,2 millones de afiliados, a los recelos de un mercado de valores que tiene en las AFP a su mayor inversor y a los analistas locales  que niegan ya la mayor: la nacionalización de los fondos de pensiones está al caer en Bolivia.

No será, como estaba previsto, de forma progresiva y con la colaboración de las propias aseguradoras privadas. Pero será. Ni la falta de liquidez confesa del Banco Central ni el antecedente de Telecom Italia ante el Ciadi le han aplacado su bitácora nacionalizadora del sector eléctrico. Morales mira al sur,  prometió ser el primero en nacionalizar las pensiones en la región y ahora le envidia la suerte a la estatalización de las AFPJ argentinas, Y, a pesar de los antecedentes de los hidrocarburos y la minería, cuando digiera a las generadoras eléctricas, comenzará la estatalización de las aseguradoras.

A contrapié de la mitad del gabinete de Gobierno, a pesar de los recelos que no esconde ya el Ministro de Finanzas, Luis Arce, Sócimo Paniagua les ha abierto la caja de Pandora. Nada que el hoy director de Políticas para la Previsión Social no viniera anunciando desde sus tiempos de líder de la COB. Nada que no hubiera empezado a cocinar el gobierno boliviano a medida que se acercaba a la cita electoral del 6 de diciembre. No sólo será -que también- el peaje para el respaldo en las urnas y las calles por parte de la Central Obrera Boliviana -el propio Paniagua lo reconoce- pero ahora que Morales cuenta con el 63% de los votos y la mayoría absoluta del Congreso y que aspira a darle otra vuelta de tuerca al lazo de sus nacionalizaciones le sabe a poco el modelo mixto que dibuja la Ley de Pensiones de 21 de diciembre de 2008 aprobado por la Cámara hace un año, pero que aún no ha podido entrar en vigor, en el que dejaba espacio a un sistema mixto, aunque con una sola administradora privada, en competencia con el Estado. Miran ahora a la letra pequeña de su nueva Carta Magna, que deja todos los servicios de seguridad pública y social “en manos del control y la administración del Estado”, “sin ser privatizados, ni concesionados”.

ZARPAZO TRAS ZARPAZO

No es el primero de sus zarpazos andinos, lo sabe Francisco González, que tuvo que encajar en la piel de su fondo de pensiones la nacionalización de las empresas petroleras: BBVA controlaba entonces un 42% del sector, cuando La Paz ordenó la transferencia de las acciones de las petroleras Chaco, Andina y Transredes a YPFB, valoradas en 720 millones de dólares, que se redujeron a 650 millones a precio de mercado. Pero ahora Morales advierte que la estatalización de las eléctricas no será la última de las facturas al banco español. La siguiente le tocará de lleno en el corazón de su perímetro operativo. Goirigolzarri dejó tras de sí el juramento de que no habría más sustos para BBVA como el de los AFJP de Argentina. En el banco aún no se han querido dar por enterados de las amenazas andinas: mientras nadie les eche -siguen prometiendo los directivos de Previsión- seguirán en Bolivia. Pero, tras la sombra de sus pasos, ahora ni el silencio de la trinchera que comparte con Zúrich Financial Service ni la versión más benévola de la nueva Ley de Pensiones -la que aprobó el Gobierno pero no pudo ratificar la Asamblea- consuelan a FG.

Para empezar, las dos aseguradoras privadas han perdido la Renta Dignidad, un pago vitalicio que llega a más de 700.000 bolivianos y que les reportaba a las AFP 13 millones de dólares al año sólo de comisión por el pago.  Para empezar, el BBVA tendrá que batir a su filial Previsión en duelo con Futura: sólo uno puede quedar en el mapa de las pensiones que ha dibujado el Palacio Quemado, en un mercado tan estrecho como el boliviano, en el que las Administradoras reciben la comisión más baja del mundo. Eso, para empezar. Si los planes de Morales y el COB se encarnan -como prometen- en la nueva Ley puede que no haya sitio para ninguna que no tenga detrás la mano del Estado. Sólo tendrán garantizado el control total de los recursos durante seis meses mientras dura el periodo de transición al nuevo esquema; después tendrán que someterse a las nuevas reglas de juego: el destino de los fondos que se estaticen se definirá por decreto, se baja la edad jubilatoria de 65 a 60 años y se aumenta la presión impositiva con una nueva “pensión solidaria”. Mientras tanto, las condiciones del mercado y las nuevas líneas rojas del sistema hacen el resto. Más aún ahora que las nuevas gestoras de los recursos de jubilación deberán otorgar una rentabilidad superior el 8,2% que alcanzaron las actuales Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), bajar la comisión de administración y mejorar la cobertura del sistema.

El BBVA no tiene ojos ni palabras para el mercado boliviano, pero las urgencias están ya sobre la mesa de la nueva Asamblea, tanto que la reforma del sistema de fondos de pensiones está entre las cinco primeras leyes de un paquete de 100 que figuran en la agenda de la Asamblea legislativa que comenzará a sesionar la primera semana del año. Llegará a sus escaños antes incluso que la regulación del poder judicial, a la par que la del servicio universal de salud de la que Morales ha hecho causa propia. Ni los avisos de los analistas locales y los antecedentes -BBVA y Zurich asumieron en 1996 la gestión de 1.700 millones de dólares y un sistema quebrado tras 30 años de gestión estatal- espantan las aspiraciones del presidente boliviano y de su nuevo responsable de pensiones. Ya cuentan con el beneplácito del MAS y de sus aliados en la Asamblea Constituyente. Y hacen oídos sordos a los bancos de inversión y la Bolsa Boliviana de Valores (BBV), que han empezado a cantarles los riesgos de un sistema que no seria rentable y en el que el Estado, juez y parte, emitirá los títulos, administrará los fondos, supervisará el sistema y será el mayor deudor de pensiones -ya tiene el 75% de la cartera de las AFP-, con la tentación a mano de ponerle apellidos y misiones propias a la Tesorería General de la Nación.

Le ha puesto nombre Tuto Quiroga: "Morales no niega que quiere mayor intervención pública y que busca nuevas ‘cajas fuertes’ a las que tender la mano para los 6.506 millones de dólares que necesitará en los próximos doce meses la financiación de 18 empresas estatales dedicadas a sectores estratégicos". Ahora que Bolivia prevé un "decrecimiento" del 5% para este año, el gobierno andino embiste contra sus fantasmas internos en las carnes de las multinacionales y -condenado al fuera de juego político y económico- adorna su soledad con la arremetida de incautaciones, cortes de contratos y nuevas nacionalizaciones, que sirve a la mesa aliñadas con la emergencia de la crisis interna. Aviso para navegantes, la licitación de Tahuamanu acaba de quedar desierta. Jura -eso le recordaba a las empresas españolas en su visita oficial a Madrid- que no quiere “patronos, sino socios”, pero Morales espanta con una mano inversiones que necesitan de 15 a 20 años para recuperarse.

Morales ha puesto el ojo en el perímetro de las pensiones, de espaldas a la rentabilidad de las Administradoras de Fondos de Pensiones Privadas (AFP), que compran bonos al Tesoro e invierten en la Bolsa de Valores Boliviana con sus depósitos en Suiza y España y que han obtenido la rentabilidadmás alta del sistema, del 6,62% por inversión, muy por encima de la del sistema financiero. Ya han invertido más de 2.400 millones de dólares en bonos del Estado, lo que representa más del 50% del Fondo de Capitalización Individual (FCI). Pero en el Palacio Quemado les sabe a poco no sólo la bolivianización de la moneda nacional, sino la vinculación al pulso de su tejido nacional con la obligación, en los últimos dos años de invertir los recursos de los aportantes en bonos del tesoro y en otros instrumentos de las industrias nacionales. Morales ya ha comenzado a quitarle el oxígeno a las pensiones de BBVA.

MANCHAS EN EL ‘REINO’ AMERICANO DE LAS PENSIONES

El ‘efecto Kirchner’ se contagia más allá de Bolivia. El BBVA juega al ‘no pasa nada’: cerró en 2008 su mejor temporada en una región en la que pesca el 44% de sus beneficios y el primer semestre de 2009 ha mejorado el ritmo. Pero la nacionalización en Argentina, el horizonte de Bolivia y las amenazas a sus pensiones al sur del Río Grande -con Ecuador en cabeza- le afean las previsiones y quitan oxígeno a un ‘invernadero’ americano en el que gestiona 63.000 millones de dólares de pensiones de 12, 4 millones de latinoamericanos, un 23% del mercado global de AFP al sur de EE UU. Hace un año, FG trató de restregarle al Banco Santander su 23% del mercado global latinoamericano y de sacarle los colores a Botín, que le vendió a ING sus fondos de pensiones en México, Uruguay, Chile, Colombia y Argentina por 1.100 millones de euros. Hoy, BBVA puede acabar envidiándole la suerte al cántabro, que, para empezar, se libró ya del primer impacto directo de la nacionalización en la tierra del tango y ha cerrado tras de sí la puerta de los mercados de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

La crisis financiera ha tenido a los fondos de pensiones de toda la región bajo el fuego cruzado de los resultados y la estatalización. Ni los Kirchner ni Evo Morales son los únicos dispuestos a tomarse al pie de la letra a FG en su propia interpretación de que es ´inevitable´ una presencia pública en el sector financiero. En Ecuador, Rafael Correa promete no tardar en seguirle las huellas a Cristina Fernández, no le encaja el sudoku de las pensiones que le dejó Gutiérrez desde 2003, ha tenido que rebajar las de los funcionarios y las FFAA y le duelen los más de 500 millones al mes que el Estado aporta para suplirlos. Se ha conformado hasta ahora con retocarlo, pero no niega que le pisa los talones a las aseguradoras privadas, con Proveer al frente. Y ahora que acaba de revalidar su mandato y su mayoría absoluta, vuelve a sacar del congelador sus envidias a la Casa Rosada. 

Más de un Gobierno sucumbe a la tentación de acelerar la tendencia de vender bonos a los fondos de pensión, o directamente, meter la mano en la liquidez de sus cajas, tras la iniciativa de los Kirchner. En los medios peruanos, ha habido una seguidilla de columnas y editoriales exigiendo que la remuneración de las AFP sea en función del éxito en el manejo de los fondos. La cuestión se debatió en la Comisión Marcel. ¿La conclusión? Que es posible hacerlo, pero se debe definir el criterio. Aunque ni siquiera el ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade -fuerte partidario de crear una AFP estatal-, apoya la idea de estatizar todas las AFP.

Sólo en México el regulador ha optado por darle más discrecionalidad y libertad a los fondos para que flexibilicen los 67.000 millones de dólares de sus carteras. En Chile, pionero de Latinoamérica en privatizar su sistema provisional, en un año los activos pasaron de 94.000 a 69.000 millones de dólares -un 27% menos- y a 30.000 millones en octubre, pero ya han recuperado el suelo de los 42.000 millones. Es el propio el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, el que ha tenido que prometer que el Palacio de la Moneda no nacionalizará el sistema privado de pensiones. FG jura que no va con ellos, el BBVA pone a resguardo la euforia en la región: pero su administradora chilena de fondos de pensiones, Provida, se tuvo que guardar desde octubre de 2008 los dividendos provisorios prometidos para el año, en señal de cautela ante los efectos de una crisis que ya ha sentido en piel propia, cuando en el primer semestre del año pasado sus beneficios se redujeron en un 48%.

Los 20 millones de euros de pérdidas del año pasado le recuerdan a FG que su negocio -líder en pensiones en la región- ha tiritado y lo puede hacer más aún. Ya siente su presión Génesis. En Chile, Perú, Colombia y México, las zozobras financieras llegaban  el segundo semestre de 2008 donde la mano nacionalizadora no se atreve, para regocijo de los que buscan excusas que abran paso a las ansias públicas. Ahora, sólo la recuperación de sus resultados en tierras chilenas y mexicanas le ha puesto para el BBVA, el ‘tentetieso’ a los debates.

Sólo el segundo trimestre de 2009 ha servido de bálsamo a los fondos en la región. Lo sabe el BBVA, que recuperó el nivel de gestión y de rentabilidad en Colombia –un 94% de alza respecto a 2008- y en Chile. En tierras de Bachelet, los resultados de las administradoras de pensiones crecieron un 151% en el primer semestre de 2009 y BBVA Provida alcanzó un 208%. Los fondos de Perú son los de recuperación más lenta, el conjunto aún no está ni en la mitad de los fondos que administraban todas las AFP en mayo del 2008 y el BBVA pierde un 3,59% respecto al primer semestre de 2008- y algo similar ocurre en México. Aun así, los efectos de la crisis han puesto a los fondos de pensiones bajo presión en toda Latinoamérica. Y sus zozobras pueden servir de argumento para estrechar el futuro de las cuentas privadas de retiro en la región, que tienen un valor de 450.000 millones de dólares. Nacidos al calor de la ola de privatizaciones de la década de 1990, el rápido crecimiento de los fondos privados de pensión ayudó a mejorar los mercados locales de capital, reduciendo la dependencia del financiamiento externo.

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