edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
26/09/2008

BOLSERÍAS: Se prohíbe que el mercado caiga

Juan José González

Un grupo de turistas orientales contemplaba con gesto serio, esta mañana, el edificio de la Bolsa de Madrid desde la acera de enfrente, sin darse cuenta de que podían estar ante uno de los lugares más peligrosos del mundo. Al menos para los inversores. El mercado es hoy un hervidero de cifras negativas con fuerte tensión y nervios por cada rincón. Hay que ver la influencia que tienen sobre la marcha de las cotizaciones algunas declaraciones de líderes políticos y empresariales. Hoy mismo, los responsables de Fortis (el banco amigo del Santander, al que le provocará una minusvalía de 600 millones), en una rueda de prensa, conseguían que el pánico no se adueñara de la situación, porque ¿qué cabe esperar de una financiera cuyo valor en Bolsa actual es el mismo de 1992, cuando se estrenó en el parqué? y que vale desde enero un 62% menos. Otro responsable de Société Générale en Francia conseguía que su cotización no cayese en picado por los rumores (desmentidos) de fusión con BNP.

En nuestra casa echamos en falta declaraciones institucionales que aporten tranquilidad y den confianza. Ninguno de estos dos intangibles son aportados por Pedro Solbes ni por Miguel Ángel Fernández Ordóñez ni por José Luís Rodríguez Zapatero. Si las intervenciones públicas mueven los mercados, en el nuestro, la ausencia de declaraciones condena a la inversión a buscar referencias fuera de casa.

Nuestras autoridades (Gobierno, Banco de España, ministerios y organismos públicos) se han declarado público oyente. Oyente de las informaciones que proceden de EE UU o del centro de Europa. Aseguran en sus gabinetes que no se van a mover hasta que se definan los congresistas norteamericanos sobre el plan de rescate pero, sobre todo, las agendas ya tienen apuntada una fecha clave: la reunión el 29 de octubre del Banco Central Europeo. Una reunión de la que se espera un detalle, un gesto de un cuarto o medio punto de rebaja en el precio del dinero. Solbes ya ha comenzado a meter presión hace tres semanas porque nuestra economía se la juega a la recesión; antes o después.

Es muy probable, si no se produce ese gesto del BCE, que en Europa comencemos a despertarnos como los norteamericanos, es decir, con una quiebra. La última ha sido la caída de Washington Mutual, la caja con una red de oficinas que ya se veía consolidando con el Santander.

Seguimos a vueltas con las posiciones cortas en nuestro mercado. Ayer, un experto como Julio César Hernández, de Eurodeal, insistía en que estas operaciones sólo sirven para aportar un ligero haz de luz pero sobre todo restan volumen a la operativa diaria. Aún no se sabe cuánto habrá influido la nueva medida pero lo cierto es que el volumen de negocio ha bajado sensiblemente; cuando en un día normal se cruzan operaciones por unos 2.000 millones, hoy a la misma hora no llegaba a 1.300 millones. Con estas cifras algunos recuerdan un consejo de la Bolsa de Madrid (antes de convertirse en BME) en la que a uno de los asistentes no se le ocurrió otra idea más que para potenciar el escaso volumen de la época, se eliminaran los impuestos  que gravan la compra y venta de las acciones de Bolsa. Le llamaron de todo. Pues bien, lo que son las cosas, en la Bolsa china se acaban de aprobar las transacciones bursátiles libres de impuestos y el resultado es que el volumen se ha disparado. Quizás no sea lo mejor en un momento en que si algo hace falta es liquidez y mucha transparencia y de esta última nuestro mercado anda escaso.

¡Qué lejos está ya la fiesta del pasado viernes, cuando todo subía en medio de la euforia! Pues han pasado únicamente ocho días desde entonces y las bolsas siguen sin orientación, más expuestas al riesgo que importamos diariamente de Norteamérica, donde aún demócratas y republicanos no logran un acuerdo razonable para aplicar el rescate del sistema.

¿Con qué quiebra nos despertamos hoy? Hoy ha sido Washington Mutual, pero ¿mañana? Puede ser Wachovia o… vaya usted a saber. Con o sin plan de rescate, las autoridades de todo el mundo parecen convenir en que las Bolsas no se pueden hundir, pueden caer, algo, mucho o muchísimo, pero hundirse no. Y volvemos a la cuestión de la confianza del público, a evitar el pánico para que no acudan en masa a los bancos.

El futuro del mercado, o del sistema, como se quiera, depende ahora más que nunca de los movimientos en el mercado norteamericano. Cuando la empresa de encuestas de la televisión norteamericana CNBC hizo públicos sus resultados sobre la aceptación del “plan de rescate”, el resultado fue demoledor; 80% del público está a favor de la intervención del Estado y el resto o no contestaron o eran los más radicales del partido republicano. Lo cierto es que el presidente Bush tiene que emplearse a fondo para lograr que el plan salga, a pesar, incluso, de ese conclave de materia gris que es el comité de 40 sabios de la economía, que preferirían que el plan no fuera inmediato, como queriendo decir que llueva y pegue el viento fuerte para limpiar todo esto; luego, ya veremos.

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