edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
08/11/2019

Bolsonaro sufre un revés en la subasta de bloques petroleros con la que esperaba grandes ingresos

Brasil subastó cuatro áreas para extraer petróleo en aguas profundas en la costa sudeste del país
Carlos Schwartz
Tras meses de grandes expectativas el Gobierno de Brasil realizó una subasta de cuatro bloques para la extracción de crudo en aguas profundas frente a la costa del sudeste del país por la que esperaba obtener en torno a los 25.000 millones de dólares, además de fuertes ingresos por regalías durante un largo periodo de explotación. Las reservas estimadas en esta región son de 15.000 millones de barriles de crudo. En medio de mucho ruido mediático antes de la subasta, el Gobierno y los analistas sugirieron la posibilidad de que Brasil se convirtiera en uno de los grandes exportadores de petróleo del mundo si se volcaban en esta operación los suficientes recursos. La temperatura aumentó cuando las fuentes del sector filtraron un presunto interés de ExxonMobil, Shell y la china CNOOC, por los bloques en disputa. Brasil, la primera economía de América del Sur, no logra salir de su estancamiento y los ingresos fiscales han caído de forma estrepitosa por la larga crisis económica que ha incluido una recesión y una prolongada caída del consumo y la demanda interna.
Pese a la alharaca sobre el interés de la industria, las subastas de dos de los cuatro bloques resultaron desiertas y las otras dos recibieron las ofertas más bajas posibles. Las grandes multinacionales no se presentaron a la fiesta. La falta de interés es una clara señal de que las grandes petroleras manifiestan incertidumbre sobre el futuro de la demanda internacional de crudo y están bajo fuerte presión de los accionistas en materia de inversiones de largo plazo. 

Los inversores institucionales accionistas, como los fondos especialistas, son reticentes a la inmovilización de capital de muy largo plazo en un entorno incierto. Por añadidura el modelo energético está en proceso de cambio y las apuestas en el sector no se dirigen precisamente hacia los combustibles fósiles. Otro factor añadido es el político, en el cual la supervivencia en el medio plazo de Jair Bolsonaro en la presidencia, es decir la posibilidad de que encadene dos mandatos, está puesta en cuestión por la incapacidad de sacar al país de su letargo económico y la creciente resistencia social.

El revés es muy grave porque el Gobierno esperaba como agua de mayo la entrada a corto plazo de 25.000 millones de dólares y un fuerte flujo en el tiempo -a partir de 2030- de las regalías por la producción de crudo en un régimen en el cual el estado es socio forzoso de la explotación de los hidrocarburos del subsuelo de Brasil. El consejero delegado de Petrobras dijo a los medios que “esperábamos que hubiera competencia, pero no la hubo”. Es sorprendente que una gestión experta como la de la petrolera bajo control estatal haya sido inducida a pensar que pasaría algo y que al final haya pasado todo lo contrario. 

Los analistas por su parte consideran que los precios de salida excesivamente altos, y las normas complejas sobre la asociación entre productores, hayan jugado un papel en el fiasco. Pero esto no parece haber sido lo determinante. Si se piensa un poco en los tropiezos que ha encontrado durante años la salida a bolsa de Saudi Aramco, los conflictos sobre su valoración, se puede entender que las grandes operaciones en el sector del petróleo no están en su mejor momento. Los analistas no hablan del tema porque se supone que la demanda de petróleo se mantendrá en el medio plazo, pero los aires de crisis que corren pueden constituir una fuerte barrera al crecimiento de los precios del crudo, y hacer que esa barrera se mantenga en el tiempo lo suficiente como para dificultar el retorno de una inversión de la magnitud que requiere el desarrollo de los bloques puestos en venta. 

El último ciclo de grandes inversiones en el sector del crudo y el gas fue en Australia, adonde se encaminaron las grandes multinacionales para implantar operaciones de extracción de crudo y gas, y plantas de licuefacción además de puertos para embarcar el gas en los metaneros. Esa vasta inversión absorbió recursos ingentes de las grandes petroleras que podrían haber concurrido a Brasil, y dejó como colofón un clima de control del gasto en medio de excedentes de petróleo y gas a escala global. Los precios del crudo se sostienen porque la OPEP ha cerrado el grifo de la producción, pero se pueden desplomar si hay fisuras en el cartel. Esto no es un secreto y está condicionando las inversiones de las petroleras.

Las previsiones del gobierno con el asesoramiento de Petrobras son reservas de 15.000 millones de barriles, y la posibilidad de incrementar la producción de 3 millones de barriles al día hasta los 7 millones de barriles diarios en 2030. Ahora las cuentas ya no salen. Estas reservas están debajo de una gruesa capa de sal por debajo del lecho marino a grandes profundidades y por ello se llama capa pre salina. El más grande de los bloques es el de Buzios, frente a la costa de la ciudad con el mismo nombre. 

La oferta que se presentó por ese bloque fue hecha por un consorcio entre Petrobras y las chinas CNOOC y CNODC, con un 5% del capital cada una, y su importe fue por el mínimo establecido como base de 17.000 millones de dólares y con la cuota de participación del estado en la extracción del 23%, que es también el mínimo sobre el que se debería haber establecido la competencia entre ofertas. Es decir, que el dinero lo acabará poniendo la petrolera bajo control estatal, y lo deberá financiar con deuda, mal negocio para el estado. El segundo bloque, Itapu, recibió una oferta solitaria de Petrobras, otro mal negocio. Las subastas por las otras dos áreas, Sepia y Atapu, quedaron desiertas. Uno de los elementos que hace aun más grave el revés es que se trata de reservas probadas lo cual reduce mucho el riesgo de la inversión, de acuerdo con los analistas.

El Gobierno, que se dedicó a batir el parche afirmando que sería la subasta más grande de la historia en materia de petróleo, ha hecho el ridículo. El ministro de Minas y Energía, Bento Albuquerque, dijo al comienzo de la subasta que “Esto demostrará la grandeza del estado”. Las grandes petroleras que no se presentaron a la subasta estuvieron sin embargo presentes en el acto con la evidente intensión de verificar de primera mano quiénes se habían atrevido con tamaña aventura. Los analistas habían estimado que si se vendían los cuatro bloques y se ponían en marcha las correspondientes inversiones se crearían 400.000 puestos de trabajo y se relanzaría la alicaída industria petrolera de Brasil. Todo ha quedado en aguas de borrajas.

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