edición: 2830 , Martes, 22 octubre 2019
26/11/2014
Regeneración para el Santander
Ana Patricia Botín, presidenta de Banco Santander

Botín ejecuta el testamento del patriarca

Mano de hierro con Marín, jubilación para los veteranos y situar a Cantera y Ripoll controlando al cerebro útil, Álvarez
Juan José González

Dos meses y medio desde su nombramiento es el tiempo que ha tardado Ana Patricia Botín en hacer valer su mando en plaza en el consejo del grupo bancario. El cambio de consejero delegado (el CEO) también en la dirección financiera y otras áreas como la de global banking, son de las elecciones más arriesgadas que debe tomar un presidente, por su trascendencia y por el significado. Trascendental será a partir de ahora la gestión de los números dos, tres y cuatro del banco, pilotos de una nave procelosa en un mar borrascoso. El alcance de los cambios, sus razones y motivos, comienzan a evidenciar el estado real de la presidenta, heredera lozana y flamante de un gigante financiero que tendrá liderar con algo más que la mano de hierro o capricho exhibidos hasta ahora. Tiene razones para efectuar cambios, hacer limpieza y reordenar las cosas a su antojo y, por supuesto, elegir a su equipo. Hay más motivos, de fondo y de forma, sin descartar un asunto de incompatibilidad de caracteres. La heredera ha comenzado a leer el testamento del patriarca.

La necesidad de renovación en el consejo era urgente, por vetusto y por rancio. Cambios que sirven para cambiar como también para demostrar quién manda. Era el bautismo que perseguía y necesitaba, cuanto antes, para coronarse como lo que ya era: reina de la casa. Los cambios llaman la atención porque corresponden al nivel más alto de responsabilidad del grupo financiero, y en particular del consejero delegado. Y tan importante es el nombramiento de José Antonio Álvarez, como interesante es el cesado, un Javier Marín de larga trayectoria familiar y profesional en el banco y ratificado por la presidenta en varias ocasiones -una de ellas en junta, ante los accionistas- en su puesto por la misma instancia que ayer firmaba su destitución fulminante. Una filtración interna (e interesada) de la entidad trataba de desviar la atención sobre los motivos de la salida de Marín, apuntando a diferencias de criterio y tensiones en las últimas semanas como consecuencia del parón estratégico del banco. 

Que la falta de feeling entre Botín y Marín estaba en la atmósfera, en las actitudes e, incluso en las decisiones, se había convertido en norma con discusiones secas y desafiantes de las que fueron testigos propios y ajenos de la casa en varias reuniones con la alta dirección. Sin embargo, los motivos del relevo del CEO estaban fijados con anterioridad a los enfrentamientos. La tensión entre Botín y Marín no podía continuar y Botín necesitaba hacer los cambios. El momento elegido, tras 75 días al frente del grupo, ha sido el consejo de ayer.

Cambios que, por otro lado, se esperaban inminentes y que afectarían tanto al propio consejo como a la alta dirección, y donde la salida de Rodrigo Rato del consejo asesor internacional habría sido tan sólo una primera pista, un adelanto de los cambios que vendrían más tarde. Como así ha sido, con dos nuevos vicepresidentes; Carnegie-Brown primero y Echenique segundo, mayor presencia femenina en el consejo hasta completar el 33% de su composición, y finalmente, acometer el esperado rejuvenecimiento de un órgano al que el paso del tiempo había convertido en más acomodaticio que eficaz y reducido el entusiasmo y baja aportación para las exigencias de los nuevos tiempos; retos que dicen en el banco.

La presidenta mueve la cúpula del grupo para conservar los cimientos, y lo hace con gente de la casa, dada la experiencia que acumulan Álvarez y García Cantera. Y en estos movimientos sigue los criterios de renovación ya `acordados´ con el patriarca y antecesor, renovación que en sus últimos años de vida llegaba a consensuar con la hoy presidenta del grupo.

Con Emilio Botín en vida, Javier Marín desempeñaba el rol del control de la gestión del día a día y servía para poner firme algún alto directivo díscolo que se bloqueaba cada vez que el presidente le daba alguna orden. Las credenciales de Marín eran escasas y conocidas, de corto recorrido profesional y criado a la sombra del padre, una de las varias manos derechas del presidente fallecido. Pero servía, era útil y muy fiel. En alguna ocasión se consideró el nombramiento del joven Marín como un pago a los servicios prestados por el progenitor, aunque pagar favores poniendo `a prueba´ al benjamín, nada menos que como número dos del grupo parece un tanto excesivo, irresponsable, y que seguramente pondría al consejo de uñas.

José Antonio Álvarez es la sombra alargada de Alfredo Sáenz, su valedor, padrino y profesor del aventajado alumno Álvarez que ya tenía el banco en la cabeza como Sáenz. Tras la desaparición de éste, en abril de 2013 por condena penal firme, Álvarez se había convertido en la sombra de Sáenz, en el `delegado´ del `ex-CEO´ para las funciones de control y gestión de las cuentas, de un grupo complejo pero que estaba ordenado a la perfección en la cabeza de Álvarez. Mientras Marín trataba de hacerse con el control del grupo, el presidente Emilio Botín mantenía su actividad habitual, más centrada en la estrategia y las relaciones con el poder político y empresarial. El banco estaba en buenas manos; Sáenz en la sombra y Álvarez en su estela. Y mientras tanto, el presidente vivía pendiente de la escena, a la espera del momento más adecuado para poner en marcha su propio relevo, aunque finalmente haya sido el destino el encargado de fijar la fecha.

En realidad, el nombramiento de Álvarez es el relevo generacional de Alfredo Sáenz, con año y medio de demora, período en el que Marín puede haber servido para que el presidente desaparecido se hubiera convencido de que el mejor de ellos para suceder a Sáenz y acompañar al futuro presidente (a) era el nombrado ayer por Ana Patricia Botín. Queda la duda de si Álvarez será nombrado más adelante vicepresidente como en su día lo fue Sáenz, aunque seguramente deberá hacer méritos. Incluso es más que probable que la decisión de su nombramiento ya estuviera tomada desde hace varios meses, a pesar de que el preferido de Ana Patricia fuera su inseparable García Cantera, con quien compartió la `extinción´ de Banesto y CEO al que dejó la liquidación del banco tras su salida, camino de Reino Unido. El trabajo de Cantera es recompensado ahora con la dirección financiera que ocupaba Álvarez, y que le convierte en el número tres del grupo. Por otro lado, la sustitución en su día de Sáenz por Álvarez, no habría despejado las sospechas de la comunidad financiera (y política) de que Sáenz continuaba siendo el cerebro del banco, aunque en la sombra. El tiempo, y ahora la presidenta del grupo, se han encargado de confirmar para unos, y desmentir para otros el papel de Sáenz y el de Álvarez.

Y como todos los cambios y nombramientos son con efecto del próximo 1 de enero, la expectación será máxima ante la que será primera puesta en escena de la presidenta, explicando el cierre de 2014, así como la de su nuevo equipo. También para entonces ya estarán cerrados el resto de cambios que, en profundidad, afectarán al resto de direcciones. Ana Patricia manda y además, ejerce.

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