edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
24/02/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Botín se plantea liquidar Bancrecer, el último vestigio del Santander en Venezuela

En 2009 perdió 5 millones de dólares y quedó reducido a una decena de oficinas, con menos de 10 millones de dólares en créditos y la reclamación de 150 millones de Vargas
Bancrecer quedó fuera del acuerdo de venta del Santander, iba a ser la trinchera para Goguikian -el hombre de Botín en Caracas- a cambio de asesoría para la transición y un permiso de banco universal
Emilio Botín, presidente de Banco Santander
Ana Zarzuela

No va más. Se lo susurra al Palacio de Miraflores y al presidente de Bancrecer, Michael Goguikian. Los del Santander se han ido de Venezuela, casi del todo, pero no se libran de Chávez. En julio, Miraflores usó Bancrecer en la ecuación de la venta del Banco de Venezuela al Estado: permitía que el Santander se llevara lo suyo -1.050 millones de dólares y la supervivencia de su banco de microcréditos- a cambio de asesoría técnica y el silencio del rigor de sus analistas ante un Banco de Venezuela con apellidos públicos. En Miraflores prometían abrirle la puerta como banco universal a Bancrecer, un trampolín para Goguikian y casi una veintena de directivos del Santander. Pero la sintonía con Ali Rodríguez no es lo que era y la solicitud de banco comercial reposa en la mesa de Sudebán desde noviembre. Botín no espera más de Caracas. Ya han ordenado cerrar la última oficina de representación. El cántabro no tolera ni una mancha en su mapa americano, por pequeña que sea. Con una de las mejores unidades de análisis de riesgo del continente, el Banco de Venezuela hizo las maletas con ganancias por 1.617 millones de dólares, 61 veces el capital social; fue el más rentable de la región hasta que pasó a manos del Gobierno y perdió un 25% de su beneficio. Pero hoy, ni el 4% que Bancrecer mantiene en la entidad estatalizada ni los resultados del propio banco de microcréditos -perdió 24 millones de bolívares en 2009- ayudan a la paciencia de Botín. A pesar de la inyección de los accionistas en la Asamblea de esta semana, se barajan ya los ‘planes B’: o nuevos accionistas (Goguikian busca desde diciembre) o mejor aún, el adiós. Bancrecer ya está en los corrillos del mercado caraqueño: diez millones de dólares serían suficientes. Como el aviso de Chávez: si hace falta reeditará el cortafuegos que frustró el pacto entre el Santander y el Banco Occidental. El Gobierno tiene en sus manos el 98% de las captaciones del Bancrecer -en depósitos oficiales- y cualquier compra-venta debe pasar por Sudebán y el ministro Rodríguez.

Bancrecer fue (a los ojos del Gobierno bolivariano) el peaje a la calma para la entidad matriz española, la ‘vacuna’ a la perpetuidad en el mercado bancario venezolano que Hugo Chávez en persona le cobraba a Emilio Botín en mayo de 2006. En ese momento ya hacía casi quince años que la Ley General Bancaria de 1991 contemplaba la posibilidad de crear entidades especializadas en microcréditos -con o sin el paraguas de otro banco comercial mayor- pero sólo el Bangente, una filial menor del Banco del Caribe, se había atrevido. Para el Palacio de Miraflores, era una causa personal, parte de su política de “banca para el pueblo”; el Ejecutivo se encargó de vendérsela a las otras cinco entidades privadas que se atrevieron en aquel momento a solicitarle un sitio a Sudeban. Con los de Botín -aseguran- no hizo falta, aunque ya sabían que su Bancrecer no estaría exento ni de las carteras de crédito obligatorias -que ahora le pesan- ni de los muros del laberinto financiero bolivariano.

En ese momento, Michel Goguikian -el hombre de Botín en Venezuela desde que salió de Santander Investment para comprar el Banco de Venezuela en 1996- sólo tenía ojos para el incremento en un 140% anual en el mercado venezolano de la concesión de microcréditos, de los que la filial del Banco de Santander había logrado ya un 16,27% del mercado. Tanto que el presidente del Banco de Santander-Banco de Venezuela se atrevía a ponerle cifras a sus expectativas: sobre la mesa de Hugo Chávez dejaron la promesa de llegar -con su incursión en las finanzas populares- a beneficiar en 5 años a 300.000 empresarios populares con créditos, generando más de 900.000 empleos directos e indirectos, pero ha terminado por ser un único banco de desarrollo que no abre apenas cuentas de ahorros, corrientes y de plazo fijo: si iban a atender a finales del 2008 a 70.000 microempresarios con una cartera de 300 millones de bolívares, en junio tenían sólo 49 millones de bolívares en créditos (menos de 10 millones de dólares). Un tentáculo que el Santander mantenía con poca movilidad hasta su salida del país, mientras amortizaba la inversión del Banco de Venezuela: sólo en los últimos siete ejercicios, le sacaron al banco ganancias por 1.617 millones de dólares, 61 veces el capital social.

Si durante 2008 y 2009 echaba el cierre de una docena de oficinas por rentabilidad -entre ellas Petare y Santa Teresa del Tuy, dos bastiones de los microcréditos- asumió el día después de la venta del Banco de Venezuela con apenas 10 oficinas y la consigna de esperar, en el bajo perfil, a que se materializaran las promesas de Miraflores y la autoridad bancaria. Es verdad que a diciembre, Bancrecer presentaba un incremento semestral en captaciones al público del 101,35%, pero nada que pueda opacar el descenso anual en captaciones del 69,16%; ni el peso de los depósitos oficiales en el total de captaciones, un 98,1%; menos aún el incremento en su pérdida neta acumulada en un 100,93% ni su perfil, lejos de la piel de banco de desarrollo que buscaba Miraflores: mantiene papeles 1,41 veces más que préstamos. Goguikian hace ver los resultados de enero, las ganancias antes de impuestos -por primera vez en su historia- por 464.189 bolívares (menos de 100.000 dólares), un 234% sobre diciembre cuando reflejaban pérdidas por 346.000 bolívares. Pero le cuesta obviar la rentabilidad sobre activos del 0,13%, del 1,16% sobre el Patrimonio, ni la fuga en enero de 30 millones de bolívares de las captaciones oficiales, frente a apenas 4 millones de incremento de los créditos. Prometía hacer de él un “grano de arena” con los apellidos del Santander para “facilitar el acceso al crédito y a los servicios financieros a la población excluida de la banca comercial tradicional”. Pero se ha convertido en una piedra -aunque pequeña- en el zapato de los resultados del grupo, en un fleco que el Santander se dejó en territorio de Chávez en julio de 2009 y que ya no está tan seguro de querer seguir sosteniendo.

SIN NOTICIAS DE MIRAFLORES

Adiós -al menos por ahora- a las expectativas de Bancrecer de estirar las costuras de una piel hasta ahora limitada a los microcréditos. Michel Goguikian -su ex presidente- y los 24 directivos que salieron del Banco de Venezuela tenían claro su futuro: esperar y digerir las pérdidas de Bancrecer, el banco de desarrollo que no entró en el paquete nacionalizado. Si había suerte, la vestirían de banca universal y vuelta a empezar, con la mano de los Botín y del Santander tras Bancrecer, o por libres. La metamorfosis del banco era justamente la fórmula con la que trataba de compensar las zozobras de una entidad que ha ido plegando velas desde que en su génesis en 2005, nació como criatura social de Michel Goguikian y el 'peaje' bolivariano para garantizar la paz de los de Botín en Santander. Ni los avisos, ni los recelos de Botín habían frenado hasta ahora las aspiraciones de Michel Goguikian, el ex presidente del Santander Venezuela y el alma del negocio, el primero en convencer a los Botín -mantenía buena sintonía con Ana Patricia Botín desde sus tiempos en Estado Unidos- y traerlos  a los confines de Chávez hace casi doce años. De hecho, no sólo su supervivencia en manos del Santander, sino sus expectativas a partir de 2010 eran parte del acuerdo de compra y ‘tocata y fuga’ del Santander.

Tanto, que ya el 30 de noviembre, un día antes de las primeras intervenciones bancarias, presentó ante la Superintendencia Bancaria (Sudeban) la solicitud para ser un banco universal y realizar todo tipo de transacciones y operaciones comerciales, hipotecarias, de inversión; así como ser una sociedad de capitalización, arrendadora financiera y administrar fondos de mercado monetario. Es el único que, desde la cúpula del banco ha seguido insistiendo en que “el Banco Santander no se ha ido” del todo, por encima de las advertencias de sus propios analistas. Lo decía alto y claro el Christian Moreno, director de Análisis de Investigación en Latinoamérica del grupo español Santander: nada de volver a invertir en Venezuela, el contexto es irrespirable, “el Gobierno de Hugo Chávez no ha sido ortodoxo en sus políticas económicas y el entorno no es estable. Nada que haya disuadido a Goguikian. Menos aún lo había paralizado hasta ahora el perfil menguante del ‘banco de desarrollo’, que al cierre del año acaba de enseñar el doble de números rojos en el segundo semestre, un desbalance de 15.462.054 de julio a diciembre, para un gran total perdido de 24.731.756 de bolívares (5,59 millones de dólares). En noviembre aumentaron en 22,48 millones el capital, retirándolo de los aportes capitalizados, donde dejaron 15 millones de bolívares, que no alcanzan para las pérdidas del año, con un capital de 37.172.463 bolívares lo que significa un perjuicio del 66,54% del mismo.

No es nada nuevo -ya en 2008 perdió 9,3 millones de dólares y en el tercer trimestre de 2009 se dejó el 84,54% de su capital, el 44,93% de su patrimonio y el 4,51% de sus activos- pero nada que la matriz del Santander quiera sostener por más tiempo. Sobre la mesa de Michel Goguikian hace semanas que está el ultimátum. Y en los corrillos bancarios la oferta que -juran fuentes financieras venezolanas- estaría dispuesta a desprenderse de Bancrecer por diez millones de dólares. Goguikian se ha quedado solo con Bancrecer y su perfil menguante. El ex presidente del Banco de Venezuela acude esta semana en su carácter de Presidente de la Junta Directiva de Bancrecer, S.A. Banco de Desarrollo a la Asamblea General Extraordinaria con la propuesta de la reposición en efectivo de las pérdidas acumuladas al 31 de diciembre de 2009 por Bs. Como adelantaba Entorno Inteligente, ahora “tan sólo les quedan por raspar 15 millones que se encuentran en Aportes Patrimoniales no Capitalizados”.  Ya el 22 de junio de 2009 se acordó un aumento del capital social del Banco de 22 millones de bolívares para que se elevara a la cantidad de 37.172.463, mediante la emisión de hasta 22 millones de nuevas acciones con un valor nominal de 1 bolívar cada una y los accionistas del Banco aprobaron reponer las pérdidas acumuladas por  5.293.059 bolívares utilizando parte de los aportes patrimoniales no capitalizados efectuados en el segundo semestre de 2008.

ADIÓS AL PACTO DE SILENCIO Y LA PACIENCIA

Desde semanas antes de que sellaran el preacuerdo de venta el 22 de mayo, los de Michel Goguikian comenzaron a rebajarle el oxígeno y cambiarle el perfil al Bancrecer, que Hugo Chávez no quiso fagocitar. A los de Boadilla también. Ya en 2009, cuando se consumó la salida del accionariado del Banco de Desarrollo de la Fundación Mendoza primero y la venta del Banco Santander al gobierno venezolano después, Bancrecer se había desprendido en el primer semestre del año del 31% de las agencias, el 82% de los títulos valores y el 52% de los créditos. En la bitácora de los de Boadilla la idea era quedarse sólo con representaciones de Universia (la niña bonita de Emilio Botín) una Fundación y la sociedad de valores y desprenderse de Bancrecer como del resto del Banco de Venezuela. Pero Goguikian y Miraflores convencieron a Emilio Botín y Francisco Luzón. Para el primero -y la casi veintena de directivos del Banco Santander que se refugiaron con él- era una trinchera desde la que rehacer su perfil de gran banquero local. De hecho, hasta que llegó la intervención del Estado en diciembre y enero sobre diez bancos menores privados y se paralizó el mercado, a pesar de que la ya Asamblea cocinaba modificaciones a la regulación bancaria Goguikian buscaba entidades financieras de pequeño o mediano tamaño, mientras llegaba el visto bueno de Sudeban para la nueva piel del banco de desarrollo del Santander. Pero ahora que Chávez ha ‘purgado’ hasta a sus banqueros privados con la estatalización de una decena de entidades pequeñas y medianas, la consigna es quieto todo el mundo.

La sintonía entre el Palacio de Miraflores y Goguikian permitió el ‘pacto de silencio’ sellado con la directiva del Santander entre junio y julio de 2009 a cambio de un año de asesoría y la transición de su modelo tecnológico. Los hermanaba un contrato de cooperación técnica apalabrado desde mucho antes del 22 de mayo y un plan de 'apadrinamiento' para la transición que -aunque de lejos- el equipo de Goguikian no ha podido evitar asumir. El Santander no quiso dejarle tocar a Chávez los ‘corazones’ de su éxito: ni el modelo de negocio, ni el núcleo del sistema  operativo -una plataforma que pertenece al Grupo y es común a todas las filiales en Latinoamérica- ni lo más selecto de su capital humano, responsable de uno de los sistemas de análisis de riesgo de los que el Grupo se siente más orgulloso. En los predios de Gorguikian su fuerte fue siempre la unidad de análisis del riesgo, así consiguieron -con los mejores analistas, en principio escogidos por él cuando los Botin se atrevieron a desembarcar en Venezuela- uno de los mejores equipos de la región.

Ahora que con su llegada Ortega despidió a los últimos directivos que quedaban del Santander en el Bicentenario, los Botín, Goguikian y el Gobierno ya no se miden las distancias. Botín y sus analistas de riesgos miran al día después del Banco de Venezuela, que bajo la mano del Estado ahora que capitanea el nuevo Banco Bicentenario ya ha perdido mercado, rentabilidad -un 25%- y aumentando la morosidad y se ha convertido ya en la entidad más "empapelada" del país", un 21% más que cuando Emilio Botín la entregó el 6 de julio, con una cartera de crédito vencida que durante el último trimestre se elevó al 13,3%. Peligra ya su estatus de cuarto en créditos, patrimonio y activos; tercero en captaciones y segundo en disponibilidades, inversiones en títulos valores y ganancias netas. Chávez acaba de pasarle ya la ‘escoba’ en febrero a los últimos miembros de la directiva que quedaban en el Banco de Venezuela, aunque con la salida de Eugenio Vásquez Orellana y su reemplazo por Humberto Ortega se había ido casi toda la gerencia bancaria -sobre todo técnicos y gerencia media especializada- de los tiempos del Santander que no se habían ido con Goguikian a Bancrecer y Valores Santander, tras la estatización del Banco.

La banca pública tiembla, aferrada al único pálpito de su supervivencia: la compra de los bonos del Estado, en una magnitud que supera en un 128% a todos los créditos concedidos. Chávez quiso hacer de ella la "caja fuerte de su reino petrolero, pero ha acabado siendo la hucha de sus miserias, de la que este año buscará sacar 4.000 millones de dólares para programas estatales. Caracas tiene prisa, quiere amortizar a una "estrella financiera" -el Banvenez- llamada a convertirse en el epicentro de su sistema bancario; busca hacer de ella el primer banco en depósitos, aunque apenas hoy salva la tercera posición y la cuarta en créditos. Miraflores corre de espaldas a las advertencias del supervisor bancario Sudeban -el riesgo de un sistema financiero descabezado e ineficiente -, el antecedente de la quiebra del propio banco bajo la mano estatal en los años noventa y el perfil de las 13 entidades que se enfundaron antes que el Santander la piel pública, en pérdidas. No ha dejado que las advertencias del supervisor, o la hoja de ruta de un banco que se preciaba de ser uno de los que mejores niveles de riesgo manejaban, lo vaya a dejar sin su "banco social". Al nuevo Banvenez lo obliga a transitar por predios -los de los créditos a la vivienda para los ciudadanos bolivarianos"- que hasta ahora eluden públicamente hasta sus compañeros del banquillo estatal, con BANFOANDES, o el Banco del Tesoro en cabeza.

Desde octubre estará abocado a financiar a los alumnos y el funcionamiento de la nueva Escuela Bolivariana de Formación Bancaria. Pero el desplome de los bonos soberanos, la fuga de ahorradores e inversores y los síntomas de tensión en la liquidez bancaria -con su posible impacto en los actores del mercado soberano de deuda y las emisiones de PDVSA- les han encendido ya las luces rojas.  Ni los esfuerzos por hacer ondear condiciones mejoradas de créditos y depósitos, ni el "mejor no meneallo" como bandera de gestión en julio y agosto han conseguido contener la tocata y fuga que el Santander trató de taponar durante las negociaciones de venta. Los técnicos del Santander callan, cumplen -en ese punto si-, la partitura de silencio pactada para la transición, por más que vean cómo se saltan las líneas rojas de su gestión y se esfuma la herencia del Banco de Venezuela. Pero les duelen los flecos pendientes en latitudes venezolanas.

Los de Botín buscan cómo estirar sus costuras en la vecina Colombia, donde más le duele a Hugo Chávez, aunque las compras no están previstas hasta dentro de un año, pero Emilio Botín -ahora que ya tiene a mano los tres plazos de los 1.050 millones de dólares acordados con Miraflores- ya se atreve a empezar a levantar una palabra más alta que otra hacia Hugo Chávez y romper el pacto de silencio que sellaron para sus adioses y de la última entrega de pago pendiente. Ha cobrado, que no es poco. O eso juran al menos en Boadilla. FG envidia la suerte caraqueña del Santander pero a Botín aún le sale caro el adiós definitivo a Chávez. Tuvo que dejar en su "altar bolivariano", para empezar, la "donación" al Banco del Pueblo Soberano de los 469 millones de bolívares (más de 145 millones de euros) que el Banco de Venezuela ganó en el primer semestre del año, cuando aún estaba en manos del Santander. Un homenaje -dice Chávez- a su eficiencia, al esfuerzo y su desarrollo. Que al cántabro no le quedaban ganas de volver, no era nada nuevo. La novedad es que ahora está dispuesto a no dejar ni el mínimo rastro.

Las facturas caraqueñas no se acaban nunca de pagar. Ahora golpea a su puerta y persigue los activos de Bancrecer -los únicos que le quedan al Santander en Venezuela- Víctor Vargas: el hoy presidente de la Asociación Bancaria y dueño del Banco Occidental de Descuento (BOD) estaba llamado en la mesa de Emilio Botín a ser el comprador del Banco de Venezuela, se llegó a sellar un pero Hugo Chávez lo dejó a dos velas y a los 150 millones de dólares que había dado en garantía, perdidos en tierra de nadie. Los reclama en persona en los tribunales de Madrid y negocia a las puertas del Santander. El gobierno, el actual dueño del banco, no sabe no contesta: sólo hace risas con el recuerdo de una intervención estatal que cortocircuitó el calendario de Vargas tanto como el de Emilio Botín. La solución, también aquí, en las ecuaciones de Botín pasa por soltar Bancrecer si no cambia antes su estatus.

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