edición: 2766 , Martes, 23 julio 2019
01/07/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Botín sella con Chávez la ‘ley del silencio’ para la salida del Santander de Venezuela

Los de Boadilla esperan cobrar el primer pago por 630 millones de dólares el día 3; hay menos confianza con los pagarés por 210 millones de octubre y diciembre
Ni en el banco ni en MIraflores quieren choque de sables, hay demasiado en juego entre Madrid y Caracas en julio
Emilio Botín quda a la espera
Ana Zarzuela

Preparan el día después del Santander. Cruzan los dedos. Y guardan sus lenguas. Nadie repite ahora en esas latitudes el mantra de Sáez: “nos han expropiado un banco”. El acuerdo de no agresión entre el Palacio de Miraflores y la cara local del Santander, Michel Goguikian, no es nuevo. Pero la someterán a su mayor reválida desde este mismo viernes. Los de Boadilla quieren sus 1.050 millones de dólares por el 98,42% de Banco de Venezuela, por eso apadrinaron con resignación la transición desde que en julio de 2008 Chávez apartó la mano de Víctor Vargas y su oferta de 1.400 millones de dólares. El Gobierno bolivariano les ha dejado claro que -ahora que todos los ojos están en su escasez de divisas- sólo con la cooperación podrán Botín y Goguikian llevarse para empezar los 630 millones de dólares del primer pago con la firma de la venta, el 44% de las divisas que requiere el país en tres meses. Chávez tiene sobre la mesa 15.000 millones de dólares pendientes para este verano pero promete hacer con el banco una excepción a las estrecheces del Cadivi. Todo con tal de aferrarse por fin al epicentro del nuevo sistema financiero público, una vez que fagocite las migajas del Banco Industrial que le han quedado sobre la mesa al ministro Ali Rodríguez.

Nadie congelará la sonrisa el 3 de julio, pase lo que pase, aunque aún en Boadilla -con el antecedente de Sidor o Techint- no les sorprendería la letra pequeña al calor de la transición del modelo bancario, sobre todo en las dos cuotas vía pagaré que quedan pendientes para el 3 de octubre y el 30 de diciembre y la luz verde a los 300 millones de dividendos y beneficios en dólares. Tendrían que asumir en silencio -ese es el acuerdo- a cambio de no dejarse tocar el corazón de su banca -ni el modelo de negocio, ni el sistema tecnológico y operativo, ni lo más selecto de su capital humano y los sistemas de análisis de riesgo- y de que Miraflores les permita ir dejando en la cuneta a Bancrecer, su banco de desarrollo.  Ya han comenzado a hacerlo. Los hermana un contrato de asistencia técnica apalabrado desde mucho antes del 22 de mayo y un plan de ‘apadrinamiento’ para la transición que –aunque de lejos- el equipo de Goguikian no ha podido evitar asumir, aunque bajo cuerda descuentan que el Banco de Venezuela será la ‘Pdvsa bancaria’ del país en menos de seis meses. No se quedarán a ponerle la cara, por más que lo intentó con Goguikian. El equipo bajo la coordinación del ministro Cabello y Ortiz tiene los apellidos que Chávez directamente ha escogido. La desbandada ya ha comenzado, ahora que la bitácora del Gobierno habla de darle la vuelta al calcetín de su prudencia financiera.

La coreografía ya está cronometrada desde que el 20 de mayo el ministro congeló los bienes de los directivos del Banco sin pasar por un juez: aunque en Miraflores aún hacen saber que barajan la reintegración, la disolución del Industrial será el 13 de julio para no confundirla con la ‘digestión’ del Santander, diez días antes. Finanzas le pisa los talones al Banco Canarias y Banesco y el regulador, Sudeban, revisa ya la Ley General de Bancos para ponerle la alfombra roja a una megafusión en torno al Banco de Venezuela. Sobre sus espaldas caerá el pago automático de los servicios públicos, habrá más créditos, algunos incluso sin cobrar intereses, con un subsidio cruzado,  una caja fuerte con las puertas ‘siempre abiertas’ a los requerimientos de los ministerios y la política social y, sobre todo, la emisión de dos millones de tarjetas de débito a los beneficiarios de programas sociales, justo lo que el Santander y su brazo ‘social’, Bancrecer, se habían negado hasta ahora a dejarle en bandeja al gobierno.

Ya hace días que la bitácora ha comenzado a dibujarla la futura directiva -muy cercana al equipo de la comisión de enlace para la transición capitaneado por Eugenio Vázquez Orellana- bajo el mando de Cabello y con apellidos elegidos directamente por Chávez, a contrapié de los criterios del ministro de Economía.  El titular de Vivienda, Diosdado Cabello no ha tenido empacho en recordarles los antecedentes de Sidor. Y sólo hay que mirar a la argentina Technint para comprender el alcance de una protesta a destiempo. 

Pero por más que Miraflores y el equipo de transición ha tratado de encontrar alguna letra pequeña en el acuerdo del 22 de mayo con el vicepresidente Ramón Carrizalez, no la hay. Al menos, eso descuentan en Boadilla. Confían en que Chávez no quiera enturbiar el viaje con un grupo de empresarios a Caracas de Miguel Ángel Moratinos a finales de julio: un periplo del que la Embajada en España tratará de hacer la carta de visita a Madrid del nuevo embajador –Isaías Rodríguez- y Miraflores, otra vuelta de tuerca a los acuerdos energéticos y de infraestructuras que Caracas y Madrid sellaron en 2008. Santander no quiere dejarle tocar a Chávez los ‘corazones’ de su éxito: ni el modelo de negocio, ni el sistema tecnológico y operativo -una plataforma que pertenece al Grupo y es común a todas las filiales en Latinoamérica- ni lo más selecto de su capital humano, responsable de uno de los sistemas de análisis de riesgo de los que el Grupo se siente más orgulloso. Miraflores trató durante meses de contener la sangría del personal, pero la tocata y fuga ya se ha consumado. Otra cosa es que Chávez intente frenarla y arañar chantajes en la transición reeditando el antecedente de Sidor y de la constructora suiza Holcim, que un año después sigue esperando la mayor parte de los 500 millones de dólares del desembolso de su nacionalización.

LAS MALETAS LLENAS

Chávez prepara su bandera. Ya hace más de un mes –desde que las reparaciones del aire lo dañaron- que el logo del Banco Santander cayó de su sede central en Caracas. Y no volverá a su tejado otra cosa que no sea la bandera bolivariana. Las advertencias del ministro Ali Rodríguez- no perderá rentabilidad- son el preludio de la debacle en boca de Sudebán, que advierte, a la vista del precedente del BIV del futuro que le espera a la herencia de Botín.  Las relaciones del Santander con Miraflores nunca han sido malas, sobre todo con su presidente, Michel Goguikian, -el alma del negocio, el primero en convencer a los Botín y traerlos  a Venezuela hace once años-. Emilio Botín prefiere ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para dejar atrás un entorno que se ha vuelto irrespirable y del que ya contaba en salir desde hace meses.

Ya a principios de 2007 su equipo local presentó al Gobierno una primera oferta, que Rodrigo Cabezas desechó al considerar que pedían mucho dinero por el banco. La rentabilidad es altísima, pero con su adiós al mercado venezolano habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá más de 300 millones de prima y la presencia de su banca de inversión. Lo de Bancrecer -su banca de desarrollo- es otra cosa. Botín ha llenado las maletas y la hucha del Banco de Venezuela durante los últimos meses. Y el Palacio de Miraflores le ha dejado hacer. En silencio, lejos de las alarmas del ministro Ali Rodríguez, que advierte desde hace quince días que le prepara el entierro público a otro nuevo banco privado, con problemas de caja.

Sólo el último trimestre, la inercia de la tocata y fuga ha permitido al brazo venezolano de Botín una rebaja del 5% de sus beneficios. Santander ha invertido un total de 669 millones de dólares en Venezuela: en 1996 compró, por 351 millones de dólares, el 93,38% de Banco de Venezuela en la subasta de su privatización, después de que el Estado solventara la crisis en la entidad. En 2000 se hizo con Banco de Caracas, por 318 millones, fusionando ambas entidades en 2002. En los últimos siete ejercicios, le sacaron al banco ganancias por 1.617 millones de dólares, 61 veces el capital social, además de las ingresos por todo lo que le vendieron al banco, incluso el sistema Altair, por casi lo que les costó el banco. A la espera de los depósitos oficiales con los que Diosdado Cabello promete que fortalecerá la nueva institución, los activos del Banco de Venezuela en sus últimos estertores a la sombra de los Botín se han reducido en 248 millones de dólares y en mayo para pagar deudas bancarias.

Más aún, desde semanas antes de que sellaran el preacuerdo de venta del 22 de mayo, los de Michel Goguikian han comenzado a rebajarle el oxígeno y cambiarle el perfil al Bancrecer, lo único que Hugo Chávez no ha querido fagocitar. No lo necesita: con casi un 40% del tejido bancario ya a un palmo de la mano, le sobra un banco de desarrollo. A los de Boadilla también. Pliegan más que las velas del que, en su génesis en 2005, nació como criatura social de Michel Goguikian y el ‘peaje’ bolivariano para garantizar la paz de los de Botín en Santander. Prometía llegar –con su incursión en las finanzas populares- a beneficiar en 5 años a 300.000 empresarios populares con créditos, generando más de 900.000 empleos directos e indirectos, pero ha terminado por ser el único banco de desarrollo que no abre cuentas de ahorros, corrientes y de plazo fijo. En mayo cerró con pérdidas de más de 5 millones de bolívares, un 35,86% del capital social. Ha echado el cierre de una docena de oficinas -entre ellas Petare y la Oficina de Santa Teresa del Tuy, dos bastiones para el otorgamiento de microcréditos-. Y, como recuerda EntornoInteligente, en los cuatro meses del año sus créditos han disminuido en un 57,65%, al bajar de 102 millones en diciembre 2008, hasta 43 millones en abril 2009. Salieron del 76,59% de los títulos valores en lo que va del año, al caer de 230 a 54 millones de bolívares. Mientras aumentaron las disponibilidades en un 59%, de 123 a 196 millones, pero no como lo hacen los demás bancos, que las dejan en el Banco Central, sino que tenían en un 65% en el Banco de Venezuela y el 34% en el ente emisor. Su porcentaje de intermediación financiera del 37,73 por ciento es inferior al promedio del sistema. Presenta una rentabilidad anualizada adversa y su índice de morosidad es mayor al promedio del sistema, al concluir en 4,87%. Goguikian, en la Asamblea General Extraordinaria del 22 de junio, ya acordó la reposición en efectivo de las pérdidas acumuladas al 31 de diciembre de 2008, que llegaron a 11 millones de bolívares.

A LA CAZA DE DIVISAS PARA BOTÍN

Chávez ‘ordeñará’ el Cadivi un minuto antes de dejar su independencia bajo las riendas del Banco Central de Venezuela en las próximas semanas.  Ni las advertencias de Sudeban ni la falta de liquidez han neutralizado sus ansias sobre el Santander, un bocado cada vez más caro para Chávez, tanto que lo digerirá de espaldas a sus asesores en el Ministerio de Economía que le aconsejaban- una vez que estuvo claro que la cúpula directiva del banco no iba a dejar su know how a disposición de la ‘revolución- establecer 200 nuevas sucursales bancarias públicas sin comprar el Banco de Venezuela, una operación que hubiera saldado sólo por 400 millones de dólares. Pero Hugo Chávez quería mucho más que el único banco del país con apellidos patrióticos y el 20% del tejido crediticio y el 21% de los depósitos que tenía en sus manos, lo suficiente como para prometer 1.067 millones de dólares, 400 más que la tasación de la entidad que el propio gobierno había encargado a finales de 2008.

Chávez se atrinchera en el reino de los mil ‘corralitos’: el del mercado paralelo de divisas, el de la liquidez bancaria, el del uso de tarjetas internacionales de los bancos y el de la disponibilidad de dólares. La falta de liquidez no ha neutralizado la fagocitación de 76 empresas se servicios petroleros e industriales. Otra cosa será su digestión. Los dólares de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ya no entran como antes, los fondos de la industria petrolera cayeron un 68% en el primer trimestre, las reservas se redujeron en 1.200 millones de dólares -hasta los 28.000 millones- sólo en el último mes y tras el traspaso de recursos del Banco de Venezuela al Fondo de Desarrollo Nacional, las arcas de Chávez respiran sequía. El Banco Central ha perdido 736 millones de bolívares fuertes el último mes. Pdvsa se echa en brazos de una emisión de bonos 2011 por 3.000 millones de dólares con un único pago al vencimiento, con la que, en el mejor de los casos, sólo cubriría el 54% de su deuda con los proveedores. Y ni el banco binacional con el que Rusia tendrá que cofinanciar sus inversiones en Venezuela, ni los recelos del japonés JBIC –después de la nacionalización de varias empresas- a dejarle en bandeja los 1.500 millones para sus refinerías pueden opacar las grietas financieras del Estado Venezolano.

El corralito del billete verde comienza a asfixiar sus sectores más estratégicos: los 6.500 millones de demanda media mensual no se sacian con los 1.700 para todos los conceptos que el Estado le pone a mano al Cadivi. Venezuela sangra por todos los poros de sus divisas, tanto que son los propios técnicos de Cadivi los que -bajo la mesa- han comenzado a aconsejar a las cámaras de comercio y la patronal hacer uso de “mecanismos alternativos”-osea, el mercado negro y el dólar paralelo-. Las ensambladoras automotrices, hasta ahora uno de los sectores privilegiados en el reparto de divisas, acumulan deudas por encima de los 2.000 millones de dólares y han empezado a soltar lastre. A la vista de una deuda de más de 1.200 millones de dólares con sus proveedores extranjeros, General Motors -que controla un 45% del mercado local- cerrará operaciones al menos por tres meses por la falta de dólares. A los 1.050 millones que el gobierno tendría que pagar al Grupo Santander, hay que sumar los 600 millones de dólares que el país debe a los exportadores ecuatorianos y peruanos, por no hablar de los 13.800 millones que, según cifras de la prensa local, Pdvsa adeuda con sus proveedores. Todavía están pendientes, además, los procesos de arbitraje internacional iniciados por Cemex, ConocoPhillips y ExxonMobil. Los dividendos tendrán que esperar aún más, Chávez ha comenzado a negociarlos a cambio de colaboración exterior -lo hizo ya con Japón y Brasil- y se le acumulan los pedidos.

BANCA PÚBLICA, A LA DERIVA

Chávez quiere una caja de caudales para su revolución. Una nueva y más grande. Se sube al arete de sus más de 600 agencias que tenía el Banco de Venezuela, no niega que quiere hacer de ellas los tentáculos de la ‘bancarización del pueblo’.  Prepara las arras del Banco del Tesoro. Es un secreto a voces que la entidad, nacida para gestionar el fideicomiso del Fonden y atender a la población no bancarizada- será la pareja de baile del Banco de Venezuela en el epicentro del nuevo sistema bancario venezolano. No es casualidad que haya sido nada menos que Eugenio Vázquez –ex vicepresidente del Banco del Tesoro- el encargado de pilotar, con el pie a tierra, la transición de la herencia de Botín. Durante junio ya ha actualizado sus servicios tecnológicos y ha incrementado los títulos valores en 566 millones de bolívares. Le saben a poco los nuevos suelos crediticios obligatorios de la banca privada y la rebaja, por segunda vez en 2009, de las tasas de interés activas y pasivas.  La cartera de créditos ha disminuido 15% en la banca privada y 36% en la banca pública, durante el período de mayo 2008 a mayo 2009.

Rodríguez y Chávez barajan un sistema unificado, ya hace años que reconocieron que el frankenstein de su banca pública -con 13 instituciones diferentes- es inviable y el ministro de Economía trata de ponerle puertas al campo de la “propiedad social” que Chávez quiere para el nuevo Banco de Venezuela. La banca pública tiembla, aferrada al único pálpito de su supervivencia: la compra de los bonos del Estado, en una magnitud que supera en un 128% a todos los créditos concedidos. Chávez quiso hacer de ella la ‘caja fuerte de su reino petrolero, pero ha acabado siendo la hucha de sus miserias, de la que este año buscará sacar 4.000 millones de dólares para programas estatales. Son las propias estadísticas oficiales las que desnudan que al cierre del primer trimestre de este año, en promedio, los bancos privados destinan al crédito 60,92 bolívares de cada 100 que tienen en depósitos, mientras que en el rompecabezas estatal, compuesto por Banfoandes, Industrial, Banco del Tesoro y Banco Agrícola, este indicador es de 27,11.

La eficiencia es otra pieza suelta. El Banco Industrial acumulaba en los primeros tres meses del año un gasto de personal de 92,8 millones de bolívares fuertes, para mantener una masa laboral que gestiona 1,09% del total de créditos del sistema, mientras que, por ejemplo, el Banco del Caribe con un gasto de personal de 58,3 millones, gestiona 3,41% del total de préstamos.  La calidad de la banca pública en la evaluación de riesgo es la más deficiente. Mientras que en promedio, las entidades financieras privadas tienen vencidos o en litigio 1,72 bolívares de cada 100 entregados en préstamos, en los bancos estatales esta relación asciende a 9,91. Hoy, 47 de cada 100 bolívares que se dirigen al crédito deben ir a tasas de interés preferenciales, a sectores considerados estratégicos: agro, turismo, microempresas, vivienda y empresas manufactureras. Y, a pesar de que ya en marzo ya sólo 12 de los 38 bancos pudieron cumplir con la cartera agrícola, pretende que sea un 70% de los créditos lo que se dedique a ‘sectores productivos’ tras la ‘democratización de la banca. Un 95% en el caso de la pública.

Su mano sobre el sector privado y el nuevo mapa de la banca pública sólo es el preludio de la que Sudebán vaticina será la mayor ola de fusiones desde el año 2.000. Se acaba de cerrar la venta del Central Banco Universal, el banco Real; Inverunión, Mi Casa Entidad de Ahorro y Préstamos, el intervenido Stanford Bank Venezuela y está en cola la negociación de Casa Propia Entidad de Ahorro y Préstamos. Un ROE de -2,3% La semana pasada se dio a conocer la venta se la legendaria Seguros la Previsora. Aún quedan ocho entidades –aún sin apellidos- más en lista de espera, entre la banca mediana, que ha visto cómo su rentabilidad es negativa, con un ROE de -2,3 frente a la del 44,4% de los diez primeros bancos del país.  La salida puede ser un respiro para Emilio Botín y los que se van de un laberinto acotado por una tasa ´overnigth´ disparada, la morosidad vinculada a una inflación sin techo, las obligaciones crediticias de las entidades con los programas estatales, el impacto de los bonos tóxicos, la amenaza gubernamental de nacionalización o cierre y la negativa a cualquier forma de rescate. FG y el Banco Provincial le pueden acabar envidiando la suerte al Santander. Por ahora Miraflores tiene suficiente y no nacionalizará más. Y ha advertido a Francisco González y a Víctor Vargas (dueño del Banco Occidental de Descuento y Corp Banca, y actual Presidente de la Asociación Bancaria de Venezuela), el mismo que quiso comprar el Banco de Venezuela, que las ventas las controla Miraflores.

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