edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
13/09/2016
Nueva etapa política y económica

Brasil, de nuevo tierra de oportunidades para las empresas españolas

Las autoridades abren la puerta a telecos, banca, construcción y energía para atraer nuevas inversiones
Juan José González
Superados los Juegos Olímpicos y la defenestración política de su presidenta (ya ex) Dilma Rousseff, Brasil parece abrir sus puertas de nuevo a los inversores extranjeros. Es la mayor economía de Latinoamérica y principal mercado de un numeroso grupo de empresas españolas. Se estima que estas mantienen una inversión acumulada en el país superior a los 80.000 millones de euros. España es, por tanto, un buen inversor, un gran cliente, un contribuidor de peso y volumen al desarrollo de la economía brasileña. Banca, telecomunicaciones e infraestructuras, tienen ahora, de nuevo, una buena oportunidad para aumentar (y en algunos casos, consolidar) su posición en un país que ahora se dispone a relanzar su economía, dañada en estos últimos años por varios excesos financieros aliñados con otros fiascos políticos. En este escenario, no hay que perder de vista el petróleo, Petrobras, un socio a tener en cuenta por otras compañías con aspiraciones.
Es una de los mercados `objetivo´ para una buena parte de las empresas del Ibex35 en un mercado donde la inversión española llega y permanece de forma estable, al tiempo que fuente de una parte considerable de sus beneficios, hasta el punto de ser el primer mercado de varias de estas compañías. Ahora mismo Brasil puede ser considerado como una economía emergente presta a intentar salir de la crisis en el menor tiempo posible. Y sucede el intento en un escenario que en breve contará con dos elementos menos de distorsión económica y política: la conclusión de todos eventos deportivos, tan intensivos en capital como generadores de caos organizativo, y el paso de página que ha supuesto la destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

El nuevo escenario que se abre para las también nuevas autoridades brasileñas, supone en la práctica un nuevo tiempo para los planes de inversión de las empresas españolas, situando el foco del interés principal en aquellas que mayor pérdida de valor han registrado en la crisis económica (y política) y aprovechando la coyuntura de una divisa particularmente barata. 

Por tanto, si el país se quiere situar en una fase de expansión económica, es evidente que el Estado prepara un ambicioso y enorme plan de impulso con licitaciones de obras y servicios, contratos millonarios, que son la expresión de las puertas abiertas, de reclamo y oportunidad de inversión para las empresas españolas.

Nueva coyuntura para los inversores españoles pero que no pueden evitar el amargo sabor de la historia más reciente de una empresa española, Repsol, en Argentina. El paralelismo compuesto entre Argentina y Brasil con una España como inversor internacional interesado, es inevitable, si bien en el primer caso, el revés sufrido por una compañía de bandera como Repsol, de larga e intensa colaboración y permanencia en Argentina (en la petrolera estatal YPF) ha podido socavar buena parte de la vocación española hacia los mercados latinoamericanos. 

Lo cierto es que el episodio de YPF y Repsol (un golpe de nacionalismo trasnochado de las autoridades, hoy en la oposición) puede haber dejado a la española sin demasiadas ganas de repetir experiencia, a sabiendas de que Petrobras, como antes YPF, son armas nacionalistas habitualmente cargadas por el Gobierno de turno.

En cualquier caso, es probable que la petrolera española no deje pasar la oportunidad que le brinda la coyuntura brasileña, necesitada de ingentes inversiones para el relanzamiento de su economía y, en especial, de su industria energética. La riqueza petrolífera y gasista de la potencia latinoamericana, la sitúan en una posición abierta a las mejores multinacionales del sector, a las más capaces para afrontar los nuevos retos fijados por las autoridades brasileñas.

La historia, las malas experiencias, por traumáticas que estas sean, no siempre tienen por qué repetirse. Como cualquier inversión empresarial, cada oportunidad de negocio nueva conlleva un nuevo estudio de posibilidades y cálculos de rentabilidad que ninguna empresa de primer nivel, como es, en este caso, Repsol, puede dejar pasar.

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