edición: 2890 , Viernes, 24 enero 2020
14/01/2020

Brasil retrasa la subasta de frecuencias para 5G y gana tiempo para evitar un conflicto con EE UU

Tras su verborragia electoral contra China el presidente Bolsonaro sucumbe a la realidad económica
Carlos Schwartz
La Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel) de Brasil está enfrascada en un debate interno sobre las normas de la subasta para adjudicar las frecuencias para el protocolo 5G tras una sustancial modificación de criterios en diciembre. La dimensión de los bloques de frecuencias, las condiciones de adjudicación, y algunos otros elementos han sido cuestionados entre los miembros del consejo de la agencia, con la consecuencia de que una subasta que estaba prevista para el primer trimestre de este año no se hará hasta finales de año, o incluso en 2021. Una vez alcanzado un acuerdo interno sobre la naturaleza de la subasta, Anatel pondrá a consulta pública las normas de la misma. Dos fabricantes de equipos para la quinta generación de telefonía móvil (5G), la sueca Ericsson y la estadounidense Qualcomm, han hecho una queja formal por el retraso.
Uno de los argumentos que Anatel hizo públicos, un conflicto con los espectros de televisión abierta, fue rechazado por Ericsson quien afirma que no existe ningún tipo de conflicto con las emisiones de televisión dejando en el aire la posibilidad de que ese argumento sea sólo un pretexto para retrasar la subasta. Esta empresa hizo un par de estudios para valorar las pérdidas que puede ocasionar la subasta, desde el retraso en los ingresos a la caja del Tesoro hasta lo que se perderá con el retraso en el despliegue de la red 5G y en impuestos, poniendo de relieve que eso supone además la pérdida de un lugar de privilegio en cuanto a colocarse a la vanguardia de la quinta generación a escala global. Es obvio, sin embargo, que los más perjudicados son los ingresos que los fabricantes de equipos esperaban obtener a partir del 2020 y que ahora se obtendrán en un horizonte incierto.

Pero el retraso además puede permitir al Gobierno del presidente Jair Bolsonaro escurrirse a las presiones ejercidas por su aliado en Washington, el presidente Donald Trump. Estados Unidos ha librado una feroz campaña en contra de la empresa china Huawei y ha presionado a sus aliados para que la dejen fuera del despliegue de las redes 5G. El ataque de Washington se escuda en el argumento de que los equipos que vende Huawei pueden recoger información que podría acabar en manos de la inteligencia china si Pekín obliga a la empresa a espiar en favor de sus intereses. Ocurre sin embargo que Huawei ya ha hecho varias pruebas en diversos estados de Brasil para verificar el funcionamiento de sus equipos y es un proveedor importante del mercado.

Durante su campaña electoral en 2019 el presidente Bolsonaro advirtió de forma reiterada que China era un depredador rapaz dispuesto a explotar a Brasil y comprometió su apoyo a Trump en la lucha contra los intereses chinos, tal como se lo pedía su ídolo en Washington. Un año escaso después de ese 'show' la economía del país sigue con un encefalograma plano. El gobierno que prometió hacer caja con todos los activos vendibles del país fracasó en la subasta de bloques petroleros en aguas profundas, promovida por la petrolera con mayoría estatal Petrobras. Esto fue un revés económico considerable porque los ingresos que se esperaban de esa operación podían aliviar las tensiones del déficit público del país. La subasta fue un fiasco. Pese a su encendido discurso contra China, en noviembre Bolsonaro fue el anfitrión del presidente Xi Jinping para una reunión de las dos grandes economías emergentes. El presidente de Brasil dijo que estaba contento por la posibilidad de negociar una amplia agenda bilateral. Esa agenda involucra apoyo financiero para el desarrollo de infraestructuras como puertos, líneas férreas, puertos y centrales eléctricas, en un esfuerzo por lograr desatascar la economía del país cuyo crecimiento este año se cifra en el 1%. 

Como se comprenderá, hacer la guerra a Huawei en este contexto no parece muy factible. Por otra parte, Brasil tiene un potente comercio exterior con China a quien vende soja y minerales como el hierro y la bauxita. Por añadidura Huawei ya tiene una penetración en el mercado de Brasil del que no sería fácil excluirla. En este contexto la opinión de los operadores de telecomunicaciones y propietarios de redes en Brasil no es un elemento secundario.

Se da la circunstancia que ninguno de los operadores del país parece muy preocupado por el retraso en la subasta de frecuencias, entre otras cosas porque en un país que no logra salir limpiamente de una prolongada recesión meterse en gastos para el desarrollo del nuevo protocolo y su despliegue no parece lo más oportuno. El presidente de Vivo, la filial de Telefónica en el país, Christian Gebara, señaló que el retraso no suponía un problema si representaba mayor seguridad para los inversores. La propuesta inicial de subasta era en bloques de 10 MHz, considerado insuficiente por la operadora para 5G.

Gebara reclamó bloques de al menos 80 MHz. La competidora Claro tiene una opinión similar respecto del retraso, y en cualquier caso no tiene previsto invertir en el despliegue de esa tecnología en el 2020. TIM por su parte señaló que no quiere retrasos de la puesta en marcha, pero al mismo tiempo dijo que la propuesta inicial que fragmentaba el espectro podía atraer a especuladores financieros que se dedicaran a comprar espectro para revenderlo después. Finalmente OI tampoco tiene prisas por el despliegue del protocolo 5G. Esto da una importante margen al Gobierno a la espera que la lucha de Washington en contra de Huawei decaiga y Brasilia no tenga que enfrentarse con el aliado en Washington. Como se ve, en el fondo de esta cuestión están los intereses de las multinacionales proveedoras de equipos para las infraestructuras de la red 5G.

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