edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
12/04/2013
Escarmiento a la trampa de Montoro

Bruselas aguarda expectante los nuevos recortes de Rajoy

La fallida argucia con el déficit del ministro de Hacienda, se carga la `amistad´ de Draghi con España, considerado hasta ahora un `aliado´ de la causa
Juan José González

El Gobierno español, quizás en su ignorancia sobre el malestar que causa en Bruselas todo asunto relacionado con la deformación de la realidad, parece haberse pegado un tiro en el pie, o quizás en ambos. La artimaña del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, para trasladar déficit de 2012 al año siguiente, cándido gesto de ingeniosidad, no sólo ha servido para dejar al descubierto la bochornosa fechoría, sino que ha puesto a los pies de los caballos la amistad de un `aliado´ en el BCE con España, Mario Draghi, al tiempo que ha servido para que Bruselas advierta cierto relajamiento en la labor reformista del Ejecutivo español, incapaz de ofrecer algún resultado positivo. Así pues, todo indica que la arriesgada jugada (fallida) del Gobierno de Rajoy, va a pasar una elevada factura, un escarmiento de Bruselas.

Primero fue Irlanda, después Grecia, más tarde Portugal y, desde hace meses, Chipre. Todos han recurrido a sus particulares presentaciones de la realidad financiera en evitación de una intervención de las autoridades de Bruselas. Y todos ellos, tarde o temprano, han sido descubiertos porque las trampas se focalizan siempre en la misma categoría: la manipulación contable. Y la artimaña de Montoro no ha hecho más que incorporar España al `club´.

En la capital del gobierno europeo, no están permitidas las `maniobras´ contables heterodoxas que oculten la realidad de los desequilibrios en las cuentas públicas, pues se entiende como un fraude de los principios legales y de las normas básicas de la Unión. En suma, cualquier manipulación informativa se toma como un atentado contra los objetivos acordados entre los socios. Y este aspecto parece no haber sido valorado suficientemente por el Ejecutivo español, ni por su ministro de Hacienda, padrino de la idea.

Así las cosas, Banco Central Europeo y Comisión Europea han emprendido un movimiento para aclarar si la posición española está dentro o fuera del camino acordado para avanzar hacia el equilibrio de las cuentas públicas, que no es otro sino el cumplimiento del objetivo del gasto público. En este punto, España patina porque la deuda se mantiene al alza y el Gobierno no es capaz de controlar el gasto. Patina también en el desempleo, que no logra sujetar y sigue buscando el suelo. Tampoco muestra su habilidad como receptor de inversión exterior, cuando algunos de los países intervenidos, caso de Irlanda y Grecia, son receptores de capital. Se puede concluir con que el balance del Gobierno español, en su lucha para remontar la crisis, no llega siquiera a poder frenar la caída.

Y en estas condiciones, España se ve obligada a ofrecer a Bruselas nuevos sacrificios. Algunos observadores señalan que se trata del precio de la manipulación contable de Montoro, y por tanto, en castigo, el Ejecutivo español deberá cumplir penitencia. En este asunto trabaja el equipo económico del Gobierno que, en reunión plenaria en el complejo de Moncloa, dibujarán este fin de semana los puntos del próximo ajuste, recorte y reformas que Mariano Rajoy presentará a finales de mes o a principios de mayo. 

Tras la presentación al orbe de los nuevos planes del Gobierno para sujetar la crisis y frenar el deterioro, le tocará, de nuevo, a Luis de Guindos ponerse manos a la obra. En su particular vía crucis, el ministro económico deberá llamar, también de nuevo, a todas las puertas donde habita el poder de la Unión Europea. Como también, de nuevo, estará obligado a visitar a su amigo y aliado con la causa española, Mario Draghi, el presidente del BCE con quien Mariano Rajoy ya parece haber agotado todo el crédito disponible.

Seguramente Draghi le preguntará a De Guindos que cómo van las cosas por el sur, que ¿si el presidente Rajoy sigue empeñado en reformar la Unión? Al italiano le interesan los planes que el Ejecutivo español va comentando a sus socios colegas presidentes la necesidad de reformar (se desconoce si es para añadir o restar) las funciones del Banco Central. Incluso es probable que Draghi y De Guindos lleguen a considerar que las recomendaciones de Rajoy sobre la bondad de las medidas monetarias de los japoneses pueden sacar del apuro a la deprimida Europa. Duro trabajo el que tienen por delante los responsables de la `diplomacia´ económica y política españoles para recuperar la confianza perdida. Si es que alguna la ha habido.

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