edición: 2513 , Jueves, 19 julio 2018
23/03/2016
banca 
Hasta 2018

Bruselas aplaza la MIFID II y dispara la venta de nuevos estructurados

Productos sofisticados en un mercado a la caza de márgenes imposibles, el caldo de cultivo ideal que alimenta una nueva burbuja 
Juan José González
"Estén seguros que la próxima burbuja llegará; incluso diría que podría haber comenzado". Cuando una afirmación de este estilo sale de boca de Aristóbulo de Juan, hay que ponerse a temblar. Lejos de ser adivino y tampoco interesado en crear alarma, las palabras del experto bancario invitan a tomar precauciones. De Juan nada dice -no tiene por qué- del tiempo, volumen ni lugar del evento, tan sólo -que ya es bastante- se limita a apuntar una probabilidad. Y muchos ya han reaccionado y puesto a buscar el lugar, el epicentro de la explosión, no se sabe si para escapar o para aprovechar la fase de crecimiento de la burbuja que, como se sabe, se alimenta (o es alimentada) por la especulación, esa que antes de la explosión ya ha cogido las ganancias y ha desaparecido. Apuntan a China, economía incierta de cuyas estadísticas no cabe si no dudar. Cabe la posibilidad que la burbuja habite más cerca ¿en Europa? Es lo que tienen las burbujas, que no se ven. Sobre todo cuando se está dentro.
La burbuja inmobiliaria no pilló a todos por sorpresa pero sí a muchos; una catástrofe de evento que obligó a modificar normas, comportamientos y actitudes: el mayor volumen de producción legislativo que se conoce se ha producido por la crisis subprime. El sector financiero moderno, puede decirse que nace de la explosión subprime. En particular, los bancos se han visto superados por el aluvión de nueva normativa que, entre otras, buscaba proteger y reforzar en algunos casos la seguridad de los clientes, a fin de cuentas, a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las mayores exigencias de capital y solvencia son la prueba, los efectos benéficos para unos y daños colaterales para otros que dejó la explosión de la burbuja. Y ha dejado, en general, mucho miedo.

Ahora las sospechas de la próxima, la que De Juan apunta que ya podría estar en formación, se reparten de forma desigual entre China y Europa: ¿será la caótica gestión de la también anárquica economía del país asiático la que acabe por explosionar? o será la Europa reguladora que sin embargo, no ve cómo se desarrollan nuevos productos estructurados en constante aumento en el mercado europeo. 

Las palabras de De Juan tienen su encaje perfecto en un escenario que como el de hoy se mueve en la nueva experiencia de unos mercados que funcionan con tipos de interés cero y/o negativos. Con unas autoridades que no logran acertar con la tecla monetaria adecuada para resolver los problemas económicos. Y mientras tanto, aumenta la presión social, política y económica como si de una olla express se tratara. En este escenario peligroso, Bruselas decidió recientemente retrasar la entrada en vigor de las nuevas normas de protección al inversor hasta, nada menos, que 2018.

Se trata de la MIFID II, conjunto de normas que afectan a productos financieros y a su operativa, y mercados, oficiales y no oficiales, es decir, son de importancia capital para controlar y supervisar la protección al inversor, pero también para evitar otro tipo de prácticas abusivas y distorsionadoras del mercado de inversión. Un primer efecto del retraso de la norma citada se puede ver en los últimos meses, en  la proliferación de productos sofisticados y para clientes de todo tipo, informados y no informados, de estructurados en busca de esos márgenes tan cotizados y que la coyuntura de tipos de interés no está permitiendo.

Llama la atención la excusa utilizada por Bruselas (que no se quiere complicar la existencia) para justificar el retraso de la norma en cuestión que no es otro más que la complicada ejecución técnica que deben poner en marcha las instituciones para que todo funcione de forma eficaz. Sorprende porque mayor es la complejidad técnica instalada para soportar los productos financieros estructurados que vienen funcionando desde tiempo anterior a las normas MIFID. Y además con probada eficacia. No sería la primera vez que la dilación de las autoridades alimenta, estimula y empujar con su indolencia la formación de una nueva burbuja. De Juan siempre tiene razón.

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