edición: 2249 , Miércoles, 28 junio 2017
14/10/2008
No se conforman con venderle el 40% del gas a la UE

Bruselas, Merkel y Sarkozy despejan el desembarco de Gazprom y Sonatrach en Europa

Tendrán que buscar otros atajos para las reticencias del regulador español pero Argelia tiene barra libre
Gas argelino
Javier Aldecoa

Tejen la alfombra roja de su desembarco en la Vieja Europa, gracias a las pretensiones de Angela Merkel, que no quiere enturbiar los vínculos con Moscú y el cordón umbilical al 40% de su gas. La ‘cláusula Gazprom’ llegará, pero a la carta, a gusto de cada Estado. Sin reciprocidad forzosa y con el mínimo diámetro para que la petrolera rusa y la argelina Sonatrach afilen ya sus garras. Podrán ponerlas en las redes eléctricas y los gasoductos de la UE sin que sea bajo la mesa o en las carnes de algún caballero blanco prestado. Lo han hecho por los atajos argelino, luso, nigeriano o libio hacia la UE. Y ahora -Berlín se lo deja claro- pueden saltar  la cláusula comunitaria allá donde se lo permitan. De frente, hasta la cocina de más de un accionariado, con los petrodólares de Argel y los rublos del Kremlin, ahora que el paraguas de la crisis les sirve en bandeja los activos ajenos. Aprovechan los fuegos de la crisis y las contradicciones energéticas de Europa. Penetran por la ley del embudo galo, la diplomacia de Schröder y la italianidad de Berlusconi. Sin cláusula de reciprocidad forzosa. Ni Sonatrach ni Gazprom se conforman con venderle el 40% del gas a la UE. Quieren más y están dispuestas a pagar su desembarco con el canje de fichas en campo propio. Gazprom lo ha hecho en las últimas semanas con Enel, E. ON, Gas de France-Suez, EDF y Total. Sonatrach, con las principales abanderadas de la sarkodiplomacia gala y Eni. Lo de la piel de toro puede ser otra cosa.

Los tentáculos energéticos del Kremlin han encontrado en el miedo de Europa y las grietas del Cáucaso sus mejores embajadores. Y ahora, tienen en los rublos oficiales y en el acuerdo de asociación estratégica que la UE volverá a repensar desde noviembre los nutrientes para su avidez. Gazprom no oculta sus tentáculos en Latinoamérica ni  su mirada hacia la península ibérica. Con Berlín, París y Roma, la alfombra roja hace mucho que está tejida. La rusa y la argelina la podrán desplegar siempre que cuenten con las bendiciones de los reguladores locales a su separación y las garantías de seguridad de suministro. La garra estatal de Argel y Moscú promete hacer el resto. Gsazprom tienta la suerte con Total, aspira a arañarle más que la intención a Enel en Italia y busca los activos de BP. Eso, sólo para abrir boca. Ahora que las presas directas en la UE están más a mano -al menos sobre el papel- no tendrán que consolarse con despejar los atajos libios, lusos y nigerianos para llegar al corazón de la Vieja Europa.

La UE se conforma con pelearle a Moscú el atajo nigeriano con el proyecto de un gasoducto transahariano hasta Europa y con tratar de arañarle concesiones a Gazprom y Lukoil en sus propios predios. Georgia ha dejado claro que lo de los atajos al gas ruso no será para hoy. Francia hace ojos ciegos a las arremetidas diplomáticas de Sarkozy. Gazprom se cobra los favores futuros en las carmes de Alstom (que acaba de firmar el acuerdo más jugoso con Transmashholding), Total –con la explotación conjunta de Stockman- y EDF, que estrecha lazos con Inter Rao. Y afina sus encantos con los tories británicos. No es casualidad que David Cameron y su secretario financiero, Alan Duncan, hayan visitado varias veces en los últimos meses los predios del gigante energético ruso.

Y es que el Kremlin ha empezado a ejecutar la obertura de su partitura al son del conflicto. Con el puño cerrado sobre Georgia, Osetia y Abjasia tiene la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco. El entreguismo de Angela Merkel, el pragmatismo de Silvio Berlusconi y el empeño de la sarkodiplomacia nuclear en torear a dos manos -con el capote diplomático de la UE y el estoque inversor- le dejan claro al Kremlin que las ansias de Vladimir Medvedev y Putin tienen quien las compre.  Nadie quiere quedarse este invierno sin gas y petróleo, con los precios por las nubes. Gazprom aprovecha y tiende los puentes a sus atajos sobre las espaldas del miedo europeo. La UE le ha enseñado unas líneas rojas que Gazprom se siente más fuerte para saltar. GDF Suez, Total y Enel le ponen algunas de las pértigas.

Roma, París y Berlín doman la furia de Washington y Londres con la fusta de sus idilios energéticos con Moscú. Es mucho más que la compra del club de fútbol Zenit y las ansias tifosis de Medvedev y Putin lo que Gazprom busca satisfacer. Planea invertir hasta 2030 entre 544.000 y 647.000 millones de dólares en proyectos de extracción, transporte y licuefacción de gas y modernización de infraestructuras. Para los próximos meses tiene en su bitácora oficial comprar un 50% de la división Tomskneft de la estatal Rosneft  -3.660 millones de dólares- y pagar unos 625 millones de dólares para elevar su participación de control en la red nacional de gasoductos de Bielorrusia. Gracias al canje de acciones recién sellado con E.ON atesora ya en sus manos la participación del 49% que E.ON Ruhrgas -su principal accionista extranjero- tiene en la compañía rusa ZAO Georoosgaz. Acaba de anunciar la formación de una empresa conjunta con las italianas A2A e Iride para el suministro del gas natural a Italia entre 2008 y 2022. Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve  no lo separe nadie. Barra libre de gas desde 2010 a cambio de la llave al atajo europeo sobre la Vieja Europa. No sólo con una participación en una de sus centrales en Italia- probablemente la del Adriático- sino por una mayor cuota del pastel accionarial -del 20 al 40%- en Seve Energía, a favor de la rusa.

La península no es ajena a su despliegue. De la mano de Sonatrach, con un pie en Argel, -donde acaba de inaugurar su primera oficina africana- la gasista rusa busca diversificar su desembarco en España y Portugal. Gazprom intenta entrar en los mercados ibéricos y, a la vista de su fracaso en la compra de Indeza, ahora reconoce que sólo a través de África podrá. Negocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano. Muanmar el Gaddafi está dispuesto a ayudarle con la venta de reservas, ductos y la alfombra roja a ENI en Italia; Merkel, con el acceso al norte y centroEuropa; Irán con la llave de los hidrocarburos para la exportación y Sonatrach con la pinza argelina que penetre a través del transahariano en los mercados de España y Potugal, allá donde no llega con Galp.

EN LA MIRA DE SONATRACH

Argelia aprovecha el miedo de Europa, ahora que Vladimir Putin y Gazprom pasean sus amenazas sobre los gasoductos del Este de Europa. El ministro Chakib Jelil, bajo el palio de la presidencia de la OPEP,  es el primero en confesar que desde 2007 no hace otra cosa que sacarle brillo a sus galones de actor principal en el mercado europeo. Si hace diez meses el memorándum de entendimiento con Bruselas le permitió eliminar los límites geográficos a la exportacion y garantizarse que no se incluiría una cláusula territorial en futuros contratos, ahora la reedición de la ‘cláusula Gazprom’ no hace más que darle cuerda a sus ambiciones europeas. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa.

El idilio con la principal gasista de todo el Magreb y África ya no es un amor en exclusiva para el Elíseo, pero Medvedev y Gazprom se lo están dejando en bandeja a las ansias argelinas y a Total EDF y  GDF-Suez. Sonatrach apunta a  Lisboa, dispuesta a convertirse, con EDP como aliada, en hub del gas hacia Latinoamérica, en competencia con las españolas. La primera energética del Magreb busca ventanas que sustituyan -por si acaso- a las puertas del triunfo parisinas. Prosperan sus ambiciones, vestidas de gasoducto: el trans-saharaiano TSGP, cuyos estudios de realización se encuentran actualmente en curso, deberá partir de Nigeria hacia Europa pasando por Argelia, mientras que los gasoductos Medgaz y Galsi conectarán el país magrebí con España e Italia.

LA VENGANZA ESPAÑOLA

Sonatrach engrasa el juego de pinzas para las españolas. Gassi Touill es sólo la punta del iceberg de su emboscada ibérica. La comercialización directa de gas para España que ha comenzado ya y su 36% en las garras de Medgaz -que le permitirá contar en 2009 con cerca de 2,9 bcm camino de la península- le saben a poco y abre la puerta a su desembarco ibérico en toda regla, por las buenas o por las malas, con EDP como llave maestra para la caja fuerte energética del mercado español. Digiere un 2% de su capital y está a punto de amasar un 5%; tiene en sus manos un 25% de sus ciclos combinados en la península y un sillón en su consejo.

Si en el mercado luso la argelina ha conseguido la llave de EDP, en España está dispuesta a enseñar la cara más voraz del ‘Gazprom del Mediterráneo’. Y tras la arremetida contra Repsol y Gas Natural en Gas Touill, ha venido a campo propio para romper la baraja de la competencia. Sonatrach sigue vendiendo su gas al mejor postor, en este caso los asiáticos, sin que le duelan prendas en cancelar entregas ya contratadas con terceros, las primeras energéticas españolas -entre ellas Iberdrola, Unión Fenosa y Cepsa, que emplean el gas para sus plantas de cogeneración o para su comercialización y que desde el verano, coincidiendo con la intesificación del contencioso con Argel- han sufrido un recorte significativo de cargamentos, a razón de uno o dos por mes, un tercio de los 3.000 millones de metros cúbicos anuales comprados por las energéticas españolas.

A falta de pastel accionarial que llevarse a la boca, Sonatrach está en pleno salto al mercado español. Argelia cierra la pinza de la dependencia en torno al cuello de botella del gas español, con el padrinazgo galo y la mano de Cepsa, Total, GDF y Sonatrach sobre Medgaz -ocho bcm en un sistema español que consume al año 40 bcm-. En cuanto comience a producir el gasoducto, triple vía libre para Sonatrach: la de la venta a GN, la de la comercialización con EDP de gas en España y su alianza en las centrales de ciclo combinado; la venta del 30% de la comercializadora de Cepsa. Y la bandera de la libertad de precios. Malas noticias para España. No sólo porque la dependencia energética de Argelia aumentará (ahora, sin Medgaz, trae el 35% del gas), sino porque Sonatrach tendrá todo a favor para dominar el mercado y poner contra las cuerdas a Gas Natural, que pasará de vender los 20 bcm actuales (50% del mercado), a 24 bcm (sumando los que vende Fenosa). Pero la empresa pública argelina tiene el permiso de Industria para comercializar todo el gas que quiera.

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