Bruselas se rinde al puño del gas ruso sobre Nabucco
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
05/02/2009

Bruselas se rinde al puño del gas ruso sobre Nabucco

A.Z.- Con las heridas de la ‘guerra del gas’ aún recientes ha tratado de darle cuerda a sus alternativas energéticas. Pero los puntos de fuga de los Veintisiete no hacen más que mover ficha en un tablero en el que Gazprom les dibujó ya la geometría. Lo reconoce el Europarlamento: entona la rendición del gasoducto Nabucco y llama otra vez al ‘lobo’ de Gazprom a cuidar de las ovejas del gas europeo. Ya lo decía Miller, el presidente de la petrolera rusa: la UE no tendrá gas para hacerlo correr por las venas del Nabucco. Menos aún ahora que Rusia se ha encargado de cerrar filas con Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán a golpe de mejores precios y un fondo de ayuda ante la crisis financiera. Será por las venas de Nord Stream -gracias a E.ON- o South Stream -con la venia de Eni- o por las de Nabucco. El Kremlin acaricia el tridente del gas para la UE en la próxima década. Y sus alternativas.

Han terminado por rendirse a la sentencia del ex director de la Agencia Internacional de la Energía,  Claude Mandil: Nabucco verá la luz sólo si es con Rusia. El gas de Irán y las reticencias de Turquía lo avalan. El informe sobre política energética de la UE da alas a las nucleares, las renovables y el GNL. El Europarlamento respalda la construcción de nuevos gasoductos, como el que conecta Argelia, España y Francia y aboga por cooperar con el norte de Africa para fomentar las energías solar y eólica. Eso es todo. Se abraza a la ambigüedad. Lo hacen los veintisiete con el gasoducto Nabucco y lo repiten Roma, París y Berlin con sus gigantes energéticos.

Tarde, mal y nunca. Sin presupuesto, con sólo 250 de los 5.000 millones de su nuevo plan. Y ahora, tan deficitario que llaman a Gazprom a hacerse los coros de su propia competencia. El gasoducto Nabucco tiene tantos lastres como los atajos argelinos, la gatera libia, o la producción noruega. Caro -con unas facturas de al menos 4.600 millones de dólares que hasta ahora los Veintisiete no han estado dispuestos a pagar- tardío, abocado a sumar el gas de todos los países de Asia Central y Azerbaiyán e Irán.  Moscú jura que no tiene nada en contra de Nabucco, pero mueve sus alfiles dentro y fuera de la ruta de Nabucco. Huérfano de alianzas, el diseño de sus arterias marca a fuego la geografía de los desencuentros europeos y el ascendente que aún mantiene Moscú: la guerra del gas ha enseñado a Bulgaria a mirar hacia Nabucco, pero ni Kazajstán ni Uzbekistán se han adherido al proyecto. El pulso se libra en Asia Central ya hace meses que comenzó para Moscú.

TARDE Y SIN PADRINOS

EEUU promete garantizar la seguridad del gasoducto Nabucco. Todo con tal de acercar a Georgia a la OTAN y descolocarle al Kremlin el ajedrez euroasiático. Pero pagar, Washington  no paga.  Bruselas tampoco. Durao Barroso tantea a la posibilidad de que la UE emplee 5.000 millones de euros no utilizados del presupuesto comunitario para infraestructuras de interconexiones energéticas en la región báltica y el centro y el este de Europa. Eso es todo. Por ahora, una asignación prevista de 250 millones de euros sobrantes del presupuesto comunitario. Para decisiones más concretas habrá que esperar al menos a la Cumbre Europea del 7 de mayo.

Nabucco está diseñado para reducir la dependencia europea de Rusia pasando por Azerbaiyán, Georgia, Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría y Austria. No será antes de 2013, ni más de 21.000 metros cúbicos al año; en el mejor de los casos, el equivalente al 40 ó 50% del suministro europeo. Eso siempre que Bruselas consiga despejar sus ‘venas’ desde Turquía a Austria, aunar a las repúblicas bálticas y de Asia Central y arrancar su gas de los cantos de sirenas de Gazprom. Bruselas no descarta llamar incluso a las puertas de Irán, si consigue resolver sus diferencias políticas. Después del conflicto ruso-ucranio que las dejó sin gas, Bulgaria y Turquía han visto la luz de las bondades del Nabucco. Turkmenistán, el tercer país centroasiático en riqueza gasista, ha sido el único en aceptar unirse al proyecto. Azerbaiyán no ha decidido si participará como país de tránsito o como proveedor de hidrocarburos y en Irak, el Gobierno se lo piensa. Pero ni Kazajstán ni Uzbekistán están por la labor. Todo lo contrario: el presidente ruso, Dimitri Medvédev, se puso de acuerdo con Islam Karímov para comprarle todo su gas.

El Kremlin mueve sus fichas al calor de la influencia política y de las golosinas económicas: Rusia y Kazajstán negocian la creación de un fondo de desarrollo regional en el marco de la Comunidad Económica Eurasiática (CEEA).  Gazprom ha aceptado sacrificar una parte de sus beneficios para afianzarse en el Asia Central, lo ha hecho con Uzbekistán y lo cocina con Kazajstán y Turkmenistán, aún a costa de tener que reemplazar los precios acordados en contratos a largo plazo, asumir tarifas el doble de caras que hace un año para Moscú y saltar la línea roja de la rentabilidad, al menos durante 2009. Alexandr Medvédev, el número dos de Gazprom ha comenzado su ruta europea dispuesto a pescar en la neutralidad de doble cara húngara.

Moscú ya ha comenzado la construcción de Nord Stream, gasoducto que debe pasar por el fondo del Báltico y llevar el combustible ruso directamente a Alemania. Hungría apoya el gasoducto, pero reconoce que necesita diversificar los lazos de su energía. Grecia mira a Bruselas pero no deja de impulsar lo 1.500 millones de euros para la construcción del gasoducto Burgas-Alexandroupolis, a cuatro manos con Bulgaria, pero con las riendas y la mayoría accionarial en manos rusas. Eni se hace querer con la alfombra roja a un gasoducto a cuatro manos con el que Gazprom se asegurará que su gas corra por el sur de Europa.  La italiana, por la gracia de la sintonía entre Berlusconi y Putin y el 30% de la mano estatal, es propietaria del 89% del gasoducto TAG desde Rusia y la ficha europea con la que Gazprom extenderá el South Stream. Y con el 70% del gas mundial en la mano, la ‘troika’ del gas le garantiza aún más la llave para cortarle el oxígeno -o al menos ponérselo caro- al Gasoducto Nabucco.

Gazprom negocia además aliarse con la argelina Sonatrach para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

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