edición: 2186 , Martes, 28 marzo 2017
17/03/2017

Bruselas sufre un revés en su intento de someter el Nord Stream 2 a la regulación de la Unión Europea

Berlín defiende la autonomía de la segunda vía de abastecimiento de gas ruso por el Mar Báltico
Carlos Schwartz
El conflicto larvado entre la Comisión Europea (CE) y Alemania en torno al gasoducto denominado Nord Stream 2 se ha decantado de momento en favor de Berlín por el dictamen del regulador alemán y la opinión de los cuerpos jurídicos de la Unión Europea. El gasoducto es una segunda línea de abastecimiento de gas ruso sobre la base de contratos de largo plazo entre la rusa Gazprom y las empresas eléctricas y de gas alemanas y de otras nacionalidades. De momento la empresa promotora Nord Stream 2 AG, con sede en Zug -Suiza- tiene como único accionista a Gazprom. Las empresas que apoyan el proyecto, y que se integrarían más adelante al capital de la sociedad explotadora del gasoducto incluyen a Uniper, OMV, Shell, Wintershall y Engie. Nada impide que el consorcio se amplíe. El vicepresidente de la CE para la Energía, el eslovaco Maros Sefcovic, es un declarado enemigo de proyecto. Esta semana afirmó que los planes del nuevo gasoducto “no ayudan a diversificar nuestras fuentes de energía” y exigió de Bruselas una actitud vigilante.
Los funcionarios europeos y las naciones del Báltico se muestran beligerantes con este proyecto porque acentuaría la dependencia europea del gas ruso y amenazaría el paso de este combustible a través de Ucrania, objetivo este último que Rusia jamás ha ocultado. Para Moscú evitar Kiev es una forma de asegurar la circulación de su gas hacia Europa toda vez que las relaciones conflictivas entre ambos países han amenazado en reiteradas ocasiones el paso del gas. Alemania ha estado de acuerdo en el pasado con ese objetivo y si le había quitado su apoyo activo fue por la crisis de Ucrania y Crimea.

La fórmula que Sefcovic y los países Bálticos encontraron para interferir en el proyecto ha sido exigir que el gasoducto que atraviesa el mar Báltico para tocar tierra en la costa alemana quede sujeto a la regulación de la UE. “Todas las reglas clave tienen que ser aplicadas en un proyecto tan importante como este”, afirmó Sefcovic quien además señaló que para los funcionarios de la UE de lo que se trata es de evitar que el gasoducto se construya obedeciendo en exclusiva las leyes rusas. Sefcovic aboga por un acuerdo intergubernamental de países sin explicitar sobre qué criterios se reunirían dichos Gobiernos: de proximidad, de tránsito o por verse afectados por el proyecto comercialmente.

Por su parte, Gazprom ha dado una clara señal del interés que tiene en la preservación del mercado europeo para su producción de gas. Prueba de ello es su allanamiento a las exigencias de la Comisaría de la Competencia en lo que respecta a los contratos para suministro de gas con las naciones del Este de Europa presentado ante Margrethe Vestager esta misma semana. Bruselas ha intentado aplicar al proyecto las normas para el mercado interior de la regulación para la energía cuyo objetivo es incrementar la competencia y diversificar las fuentes de suministro. La cuestión de fondo es si el gasoducto está dentro de la jurisdicción de la CE. Esta es la interpretación que hace de forma positiva Sefcovic pero que esta semana ha recibido un duro golpe.

En febrero pasado, Bruselas solicitó al regulador de las infraestructuras de Alemania, la Agencia Federal de Redes, un dictamen sobre la jurisdicción del gasoducto Nord Stream 2. El presidente del organismo Hochen Homann ha notificado a Bruselas que este tipo de gasoductos que se basan en conexiones off-shore no estaban sujetos a las leyes de la UE para la energía y destacó el hecho que su resolución era consistente con el propio asesoramiento legal por parte de los cuerpos jurídicos de la Comisión Europea.

La opinión de los servicios jurídicos de la CE rechaza la mayor parte de los argumentos utilizados por Sefcovic para reclamar la aplicación de la normativa de la UE. El documento termina señalando que hay serias contradicciones entre la legislación nacional y las directivas de la CE, es decir un conflicto jurídico de entidad considerable y recomienda en función de ello una negociación internacional.

El problema de fondo es que la pretensión de Sefcovic no se ha aplicado nunca a los gasoductos que abastecen de gas a Europa. Ninguno de los grandes proyectos de suministro internacional como Medgaz, Nord Stream 1, o Green Stream, que son grandes infraestructuras que abastecen de gas al sur y norte de Europa no quedaron sujetos a la normativa de la UE tal como pretende Sefcovic y las naciones del Báltico ahora con el Nord Stream 2. Esta ha sido la argumentación básica de Homann que se sustenta en el principio básico de igualdad ante la ley.

Un portavoz de Nord Stream 2 señaló que la opinión del regulador alemán “confirma un principio básico de la propia Unión Europea: la ley se debe aplicar de forma igualitaria, Nord Stream 2 no puede ser tratado por la ley peor por razones políticas que todos los otros gasoductos que recorren Europa”. La imagen fija en el fondo de esta lucha es la terminación en 2019 del contrato entre Gazprom y Ucrania. La CE quiere preservar el paso de gas por territorio ucraniano más allá de esa fecha en un movimiento que pretende defender la asignación de dinero de Bruselas a Kiev por el paso del gas a través de su territorio. El contrato en vigor es rechazado por ambas partes que se han presentado a un arbitraje en Estocolmo.

Nord Stream 2 pasará a gran profundidad a través de las aguas territoriales de cinco países: Alemania, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Rusia. Dichos países deberán aprobar el tramo que les afecta. El pasado verano los dirigentes de las naciones de Europa del Este con fuerte dependencia del gas ruso: Croacia, república Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Rumania, escribieron al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, manifestando su preocupación por que el proyecto incremente la dependencia respecto del gas ruso en Europa Central y del Este. Parece claro que a Alemania este factor le tiene sin cuidado, para Berlín de lo que se trata es de tener la llave del gas en su propio territorio

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