edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
11/09/2017
Mercados consentidos y sobrevalorados

Bruselas y el BCE acuerdan mantener ocultas las burbujas inmobiliaria y de bonos

El objetivo de la inflación, cercana pero inferior al 2%, se convierte en la coartada de la política monetaria del banco central
Juan José González
Larga vida la que se le está aplicando a la política monetaria por parte del Banco Central Europeo, insistente y persistente en el mantenimiento de los tipos de interés en el 0% o en el 0,4% para la facilidad de depósito bancario. Se insiste en que se trata de una política -la monetaria actual- de carácter transitorio pero que el mismo paso del tiempo, visto lo visto, acaba por convertir en permanente. Así las cosas los mercados, los inversores, interpretan que la situación es perfectamente normal, lo cual les anima a tomar más riesgos en el entendido de que nada indica ni se anuncia o se prevé que los tipos de interés, esto es, la política monetaria del BCE, vaya a sufrir un giro, una subida, una modificación en sus actuales parámetros. La facilidad y comodidad de los inversores en su operativa de mercado queda consagrada cuando el mismo supervisor confirma cada mes que la flexibilidad se mantendrá como leit motiv de su política, que se seguirán comprando todos los activos que haga falta porque el objetivo de inflación no termina de alcanzarse. Mientras tanto, crece la burbuja de la renta fija y con ella también alguna más.
Al parecer no existen actualmente en Europa problemas de financiación: Estados y empresas encuentran dinero con facilidad y muy buen precio, como nunca antes. Las empresas continuan su racha de desendeudamiento, se `desapalancan´ con facilidad. Y otro tanto sucede con las familias, lanzadas con irregular zona económica al consumo y a la inversión. Se diría por tanto que la política monetaria del BCE está resultando ser todo un éxito desde el punto de vista del corto y medio plazo, sigue adquiriendo bonos a buen ritmo, al que demandan las necesidades de los mercados, todo lo cual indica que se debe estar haciendo lo correcto.

En esa convicción vive y se mueven en Bruselas, complacidos y complacientes por la política monetaria del BCE y con su presidente al frente Mario Draghi. El relato de la época post Lehman se reduce a una loa a la estrategia de recuperación económica de la Eurozona basada en la eficaz política monetaria aplicada por el banco. Eficaz en tanto todos los mecanismos en manos del BCE responde a la consecución de un objetivo: la estabilidad de precios, base y condición sine qua non para que la economía se recupere.

Con independencia de que el objetivo (mandato en su argot) de la estabilidad de precios -o nivel de inflación en el entorno del 2% pero inferior al mismo- se encuentre más o menos próximo o lejano, el BCE utiliza el tiempo para que la recuperación de las economías de los países miembro logren sanearse y ajustar sus balanzas, presupuestos, controlar sus déficit y limpiar numerosas impurezas surgidas con anterioridad a la crisis financiera de 2007. Y, por supuesto, el que se estima por todos -o casi- los socios de la Unión Europea, como es fortalecer la moneda única. Quizá a este último objetivo responda el carácter prioritario que se le quiere aplicar a la constitución de un Fondo Monetario propio que haga posible una mayor integración y cohesión europea y, con ella, de su moneda.

Ahora bien, que el BCE continúe avanzando -y según afirman- consolidando objetivos y a falta de ofrecer el más perseguido de la estabilidad de precios, a nadie se le escapa que existen algunos problemas, desequilibrios puntuales, a los que el supervisor europeo no logra doblegar. Es el caso de los precios inmobiliarios, tanto los correspondientes al sector comercial como al residencial, en los cuales se están produciendo subidas muy superiores al 2%. En este punto concreto, el problema no se centra tanto en el desequilibrio de los precios como en la valoración de los activos inmobiliarios, claramente sobrevalorados, lo que en sí mismo no es más que una burbuja, otra, de nuevo, inmobiliaria.

Y así, con dos burbujas en ciernes, la de los activos financieros de la renta fija -bonos- y la inmobiliaria, la persistencia o prolongación de la política monetaria del BCE, estaría sirviendo para ocultar otros desfases, debilidades y demás necesidades de corrección como la propia fortaleza de la moneda única. Como también por otra parte, la misma política del banco central, está impidiendo acelerar las reformas legislativas en sectores como el laboral. Aunque por otro lado, esta situación de mercados intervenidos -tipos de interés- en Europa puede traer consecuencias más negativas como son las explosiones de las dos burbujas que el BCE y Bruselas parecen dispuestos a seguir ocultando.
 

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