edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
17/07/2020
fiscal 

Bruselas busca una vía alternativa para la recaudación fiscal de las multinacionales tras su derrota

La CE ha sufrido un revés sin atenuantes en su estrategia para encontrar una vía de equidad fiscal
Carlos Schwartz
La Comisión Europea (CE) ha sufrido una de las derrotas más duras de su historia por la sentencia del Tribunal General que exime a Apple de devolver a Irlanda 14.300 millones de euros que Bruselas consideró una ayuda ilegal del estado a las actividades económicas de la multinacional estadounidense. La exigencia de la CE fue diseñada por la Comisaria de la Competencia, Margrethe Vestager, con el argumento de que la baja fiscalidad de Dublín era una ayuda de estado. El argumento jurídico fue el “hallazgo” de Vestager para impulsar en 2014 una investigación “a fondo” de Apple acabada en 2016 con la decisión ahora derribada por el Tribunal General. La triste realidad es que la Comisaria y su equipo decidieron aplicar el criterio de ayuda ilegal del estado a una empresa para sortear un escollo que es el muro contra el que se estrellan los esfuerzos de equidad fiscal de la CE: la negativa de las naciones miembro de la UE a armonizar sus leyes fiscales. Este es en el fondo uno de los fracasos más grandes de la CE que, necesario es recordarlo, tiene una autonomía muy limitada por la existencia de un Consejo Europeo formado por los jefes de estado donde se cuece realmente el caldo gordo de los pactos. Europa ha sido incapaz desde el Tratado de Roma de 1957 de encontrar una base fiscal común de sus Estados miembro.
Descontemos 35 años y centrémonos en el Tratado de Maastricht de 1992 en el cual se pegó el salto desde un acuerdo económico a una integración política y económica con la transformación de la Comisión Económica Europea en UE. Es decir, en los últimos 28 años los regímenes fiscales de la UE siguen siendo unos reinos de Taifas, con la desagradable coincidencia de que el califato de Córdoba se rompió en 27 bandos, el número exacto de naciones al que ha quedado reducida la UE tras la ruptura británica.

Naciones como Luxemburgo, Holanda e Irlanda no están dispuestas a dar su brazo a torcer porque en el origen de su historia económica, distante como en los casos de Holanda o Luxemburgo y más reciente como en el de Irlanda, la fiscalidad fue diseñada como instrumento de competencia y no como régimen de equidad. Parece mentira que la CE haya tenido como presidente a Jean-Claude Juncker, a quien todos le sacaron lustre muy gustosos, que amparó tratados benevolentes y a la carta para las empresas que se arrimaban a su fogón para radicarse fiscalmente en su suelo. El fallo del Tribunal General es la sentencia de muerte de la estrategia Vestager porque ha dejado a la luz el hecho que una ley de aplicación general no puede ser interpretada como una ayuda específica a alguien, sea persona física o jurídica. Parece mentira que a estas alturas la CE no tenga herramientas adecuadas para disputar a las multinacionales su tributación oportunista. 
Ahora el comisario de Economía de la CE, Paolo Gentiloni, ha desempolvado el artículo 116 del Tratado que regula las reglas del mercado interior, que adjudica competencias a Bruselas cuando hay distorsiones del mismo. Esta será una nueva vía de ataque para sortear la limitación de una falta de acuerdo para una armonización fiscal. Lo que pretende la CE es esquivar la negativa de los países reticentes a esa armonía, acudiendo a una pieza pensada para actuar sin la necesidad de mayorías cualificadas.

La pregunta es si las diferencias entre los regímenes fiscales de los 27 constituyen una distorsión del mercado interior de la UE. Si, en ciertos sentidos, no en otros. Quiere decir que esta vía va a hacer resurgir con fuerza la estrategia de los contenciosos administrativos y las partes una vez más deberán estar a lo que dicte la justicia europea. Para perseguir el objetivo la CE deberá acudir a los tribunales para llevar por la vía recta a los díscolos. No hace falta que se nos presente el fantasma de Almanzor para entender que la incapacidad de armonizar los regímenes fiscales de la UE es un fracaso colosal de la CE y del “espíritu” del Tratado de Maastricht. 

Existe por añadidura un problema. Los ciudadanos de la Unión están hartos de pagar los impuestos que no pagan las grandes multinacionales, e incluso las no tan grandes nacionales. También tenemos aquí un filón internacional porque en el fondo hay añadida una disputa por la caja con las naciones de origen de las multinacionales, y en el caso de las grandes plataformas de Internet y las tecnológicas esto se centra en el conflicto con Washington. Tanto la administración de Barak Obama como la de Donald Trump han mostrado su disgusto por este “estado de cosas.” Es decir poco importa que se trate de Republicanos o Demócratas.

En la esfera internacional la cosa además se ha complicado. El gobierno de Donald Trump se ha retirado de la negociación de una armonización fiscal internacional para regular la tributación de las multinacionales. Muchos países dejaron en suspenso la aplicación de sus “tasas Google” a la espera de que el debate en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) llevara a buen puerto ese objetivo. España la aprobó en febrero de este año pero la aparcó hasta diciembre a la espera de que la OCDE acabe con su tramitación. Francia, la aprobó hace más de un año pero la aparcó ante la posibilidad de que sus vinos quedaran empantanados a las puertas del mercado estadounidense. Es decir, todos esperaban que el organismo multilateral lograra un pacto internacional sobre el particular. Se estima que la UE pierde por los huecos jurídicos que amparan las estrategias fiscales oportunistas recaudación por importe de 34.000 millones de euros al año. 

La decisión de Washington de archivar su participación en el debate de la OCDE coloca a Europa en la disyuntiva de aplicar la tasa Google por su cuenta y riesgo lo que va a desembocar en una agudización de la guerra comercial. De momento la ausencia de una fuerza europea apropiada dificultará cobrar facturas a Estados Unidos. Éste mientras tanto conserva en el Mediterráneo la Sexta Flota con cuartel general en Nápoles. Estamos ante una cadena de evidencias, todas apuntan a un denominador común: la crisis global acelerada por la pandemia extrema la defensa de los intereses nacionales y los esfuerzos colectivos atraviesan horas muy bajas. 'Quid faciant leges, ubi sola pecunia regnat?'

Noticias Relacionadas

Director
Juan José González ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
c/ Real, 3. 40400 El Espinar (Segovia)
Teléfono: 92 118 33 20
© 2020 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...