edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
29/05/2018
Menos paraísos pero más dinámicos

Bruselas fracasa en la persecución del blanqueo de dinero y la lucha contra los evasores

Multinacionales y particulares agudizan el ingenio con nuevas trampas fiscales mientras la UE se ve incapaz de frenar la salida cada año de más de 50.000 millones de euros por evasión fiscal
Juan José González
Bruselas sigue a la espera de resultados. Las medidas aprobadas por la Comisión Europea encaminadas a luchar, reducir y se supone que a terminar con la evasión fiscal y el blanqueo de dinero, no parecen estar ofreciendo los resultados esperados por las autoridades, ni en términos cualitativos ni cuantitativos. Habían apostado con decisión por la creación de una lista gris para conseguir el objetivo de reducir evasión y blanqueo. Se convertía la lista negra en gris con el paso sencillo de una jurisdicción o territorio que permitía la operativa fiscal libre. El proceso de cambio era (y continua siendo) tan sencillo como que las autoridades de Corea del Sur (territorio que ya pertenece a la lista gris) en tanto que paraíso fiscal reconocido, se comprometían con las autoridades europeas a revisar la legislación fiscal y determinadas normas de conducta para cumplir con los estándares de Bruselas en materia fiscal. Todo comenzó cuando las autoridades de la Unión Europeo crearon la lista negra de paraísos fiscales con el objetivo de denunciar los territorios (o jurisdicciones) de aquellos países que no colaborasen con la UE en materia fiscal. De la lista negra se fueron descolgando varios países hasta quedar reducida a la mitad, esto es, a nueve territorios. En principio, que ocho paraísos fiscales aceptasen el compromiso político con la UE, significaba su aceptación a un código de conducta por el que llevarían a cabo la revisión de la legislación fiscal. Y la lista negra ha seguido a la baja con cada vez más territorios que se han pasado a la lista gris, pasando de esta forma, a una vigilancia o seguimiento de las operaciones por parte de la UE.
Sin embargo, ni las autoridades de la Unión ni las locales de las haciendas que la forman, han conseguido demostrar que las medidas y cambios con los que se habían comprometido los países y territorios europeos, muestran algún cambio, de modo que algunos territorios es probable que regresen a la lista negra en breve. Europa tenía varios motivos para desencadenar una feroz lucha contra los paraísos fiscales en tanto que destinatarios del dinero que no quería pagar impuestos en la UE.

Numerosas multinacionales de todos los pesos y tamaños, así como miles de particulares se prestan cada año a una serie de prácticas fiscales `agresivas´ que son la principal causa del agujero por el que se cuelan más de 50.000 millones (y hasta 70.000) de euros que se convierten en pérdidas para las haciendas de los países de la Unión. Esta era uno de los motivos de preocupación de la Comisión Europea, el agujero provocado por la evasión fiscal y su expansión en aumento año tras año.

Sin embargo, las medidas o políticas aprobadas por la UE para evitar la voluminosa pérdida de recaudación no parecen que estén surtiendo efecto dada su escasa aportación en términos monetarios. Medidas que por el momento sólo se están traduciendo en gestos y reconocimientos de todas las partes y los deseos de todos en la esperanza de que pronto comenzarán a recogerse los frutos de la colaboración fiscal. Y es que las haciendas respectivas de los 27 no registran cambios cuantitativos que acrediten el éxito de las medidas de la UE.

De ahí que el paso desde la lista negra a la lista gris, en realidad, sea tan sólo una cuestión de imagen. Medidas que ya deberían haber producido cambios desde finales de diciembre pasado, momento en el que se pone en marcha la lista gris de territorios comprometidos en la modificación de sus prácticas y legislaciones fiscales. Por contra, desde entonces se han multiplicado las críticas por la insuficiente capacidad de las medidas para combatir la evasión fiscal y el blanqueo de dinero.

Críticas procedentes de algunos Gobiernos y de instituciones públicas y privadas que han comprobado cómo en los últimos seis meses (de vigencia de la nueva normativa) se han descubierto numerosos casos de elusión fiscal. Los papeles que en su día dejaron al descubierto los escándalos de Luxleaks, así como otras filtraciones de información posteriores, arrojaron luz suficiente sobre métodos, sistemas, vías de salida y territorios de recepción de dinero procedente de prácticas fiscales dudosas. 

Pero ahora, gracias a la colaboración de algunos territorios que han pasado de la lista negra a la gris, han podido descubrir algunas trampas fiscales hasta ahora desconocidas por los técnicos de la UE y que figuraban en el amplio catálogo de prácticas fiscales de las multinacionales, prácticas que no eran ajenas a despachos y asesores de particulares para eludir el pago de impuestos. Sólo en este sentido, puede hablarse de adelantos o éxitos de la nueva normativa europea. Pero que en términos financieros el agujero continua abierto y por él se siguen escapando anualmente los 50.000 millones de euros que la UE espera conseguir tapar algún día.

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