edición: 2491 , Martes, 19 junio 2018
08/01/2018
Injustificables, tramposos y elusivos

Bruselas pide a España que eche el freno a los trucos para rebajar el déficit

Conversaciones privadas llaman a España a evitar de nuevo ”maniobras heterodoxas” de reducción del déficit público
Juan José González
Uno de los logros de los que presume el Gobierno a propósito del "brillante ejercicio" -en palabras de Montoro- recientemente cerrado, es la reducción del déficit público hasta cifras realmente inéditas en los últimos, al menos, siete años, medalla auto concedida que, sin embargo, no logra cambiar el rojo de unos números que siguen preocupando. Y mucho. Tanto que el Gobierno (Economía y Hacienda) mantienen sus planes intactos de tratamiento de choque del déficit para evitar una llamada al orden, otro aviso de Bruselas. Sería la segunda cartulina amarilla -valga el símil- que significaría la expulsión, equivalente aquí a la sanción y el señalamiento público y sus efectos consiguientes de mala imagen de país manirroto y contablemente incontrolable, así como el no menos vergonzante que tendría el hecho; un motivo gratuito y servido en bandeja a la Oposición política española que no se ahorraría hacer fuego con tan dañina munición. Porque el asunto de ser señalado, amonestado y avisado por Bruselas en un asunto capital relativo al déficit público tiene otras influencias negativas que hay que controlar y evitar, como por ejemplo, ser una economía vigilada en tanto que déficit excesivo. No conviene por tanto marear a Bruselas con lo que allí conocen como "caminos heterodoxos contables para resolver los excesos de déficit", esto es, `contabilidad creativa´ por la que Bruselas ha solicitado a España -por vías `amigas´- que eche el freno y de deje de disfrazar un problema al que se ha comprometido a resolver por las vías de la ortodoxia contable.
El plan de choque de la Administración española para frenar el déficit público viene ocupando en los últimos tiempos -básicamente, dos legislaturas y la presente- a varios equipos técnicos de los departamentos de Economía y Hacienda, trabajo que se viene desarrollando con notable calificación, tanto en el seno de la Comisión Europea como en el propio Gobierno. Estar en el ojo del huracán puede ser bueno si sale bien, o terrible si sale mal. Y en este caso, los trabajos del equipo de técnicos (funcionarios, que no políticos) consigue el reconocimiento público en España mientras que en Bruselas corre el riesgo de volverse tibio.

Se consigue el principal objetivo: reducción del déficit. "Se quedará a un paso" -dice Montoro- del 3% fijado y comprometido con la Comisión Europea, lo que ya en sí mismo un logro considerable por lo que significa el "paso" en cuestión, que es, evitar esa situación incómoda que supone "la vigilancia intensiva de Bruselas", como reconoce un técnico "no es agradable trabajar con la sensación de que el gran hermano vigila todos tus movimientos". Tampoco debería preocupar demasiado habida cuenta de que las cosas se están haciendo bien, ortodoxia contable, criterios de endeudamiento, gastos, inversiones... etc.

El Gobierno no parece estar preocupado por algunas informaciones que apuntaban al malestar del supervisor europeo (en este caso, la Comisión Europea) acerca de lo que se considera uso excesivo (y abusivo) de métodos de contabilidad creativa para evitar apuntar gastos presupuestarios que sumarían al déficit. Según las informaciones en medios de Bruselas, España no estaría siguiendo las reglas establecidas por Eurostad para el cálculo (contabilización) de las inversiones públicas. El asunto no es nuevo, se diría que llueve sobre mojado pues la Comisión recuerda que en España se crearon empresas públicas, tanto en la Administración central del Estado como en la autonómica, en sectores tan sospechosos de inversión pública como carreteras, obras hidráulicas y, por supuesto, las ferroviarias.

Algunas sociedades de aguas, Acuamed, el GIF ferroviario, la construcción de hospitales madrileños y todo un sinfín de concesiones, consiguieron construir el edificio de lo que vulgarmente se conoce como `contabilidad creativa´ que viene como anillo al dedo para que las Administraciones gasten (inversión) y se endeuden mediante empresas públicas que no figuran en los presupuestos y que por ello no computan en ningún déficit público, sino únicamente, en el balance de la empresa pública en cuestión.

La práctica reiterada de este recurso contable ha terminado por agotar la paciencia de los técnicos de Bruselas y reaccionar para que los departamentos españoles de Hacienda y Economía eviten por todos los medios el recurso a la ya no tan imaginativa práctica contable. Lo hace en el inicio del nuevo curso, donde el Gobierno español cuenta, como en los dos ejercicios anteriores, con el viento de cola económico que asegura crecimiento del PIB y recursos públicos suficientes como para que España abandone las prácticas que, en caso contrario, serán motivo de una nada deseable e inconveniente (en particular, en los mercados financieros, donde la deuda española ya cuenta con un interesante crédito, y menores costes por endeudamiento) nueva llamada de atención.

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