edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
23/09/2008
Observatorio de Coyuntura

Burbuja de petróleo

Servicio de Estudios de ´la Caixa´

Nadie discute que el aumento del precio del petróleo en los últimos años ha tenido que ver con factores fundamentales relacionados con la oferta y la demanda. Muchos analistas, sin embargo, también aciertan a vislumbrar los destellos de una burbuja especulativa. En una reciente comparecencia en el Senado norteamericano, George Soros, especulador por excelencia, explicaba cómo la incorporación del petróleo a las carteras de fondos de pensiones y otros inversores institucionales, a través de compras de futuros, ha expuesto el precio del petróleo a la volatilidad de las expectativas de los inversores y ha facilitado, en su opinión, la creación de una burbuja. Aunque esta explicación ha recibido una aceptación bastante generalizada, reputados economistas como Paul Krugman han defendido vehementemente que la especulación no ha tenido impacto alguno sobre el precio del petróleo.

Empecemos por establecer qué entendemos por burbuja especulativa: aquella situación en la que el precio de un bien, como el petróleo, o un activo financiero sube no tanto por razones fundamentales sino gracias al entusiasmo de los inversores, que esperan que el precio siga en aumento, algo que el anterior presidente de la Fed, Alan Greenspan, denominó en los noventa «exuberancia irracional». Identificar una burbuja, sin embargo, no es fácil, porque normalmente el entusiasmo de los inversores está basado, siquiera parcialmente, en factores fundamentales. El quid de la cuestión es discernir si el entusiasmo está justificado o es exagerado. En la segunda mitad de los noventa, por ejemplo, la cotización de Yahoo se multiplicó por más de 150 en menos de cinco años, durante una revolución tecnológica que prometía ingentes beneficios para los portales «puntocom». En 2001, con la explosión de la burbuja tecnológica, la cotización de Yahoo cayó un 95% y aún hoy su precio está un 80% por debajo de los máximos históricos. Ahora parece claro que las expectativas de los inversores no estaban bien fundamentadas... Pero las burbujas sólo se acostumbran a identificar después de que han explotado.

En el caso del petróleo también ha habido una revolución, en este caso de la demanda, por parte de los países emergentes que, en combinación con una oferta que no ha crecido lo suficiente, justificaría un aumento en los precios. En este contexto, muchos inversores han incorporado el petróleo a sus carteras de inversión en los últimos años, una tendencia que parece haberse acelerado tras la crisis financiera global que se inició en agosto de 2007. Según los que creen que existe una burbuja en el mercado del petróleo, como Soros, estos inversores habrían exagerado el impacto de las fuerzas de oferta y demanda sobre el precio. De hecho, la meteórica subida del precio en el último año ha coincidido con el auge de los fondos que invierten en futuros de petróleo a la vez que analistas superstar de importantes bancos de inversión auguraban continuos aumentos de precios. Por la parte de los fundamentos, es difícil identificar novedades en los últimos doce meses que justifiquen la magnitud del alza en los precios. China crece, pero eso ya lo sabemos desde hace unos años...

Existen datos, sin embargo, que no parecen corroborar el impacto de los inversores sobre el precio del crudo. Un informe reciente del órgano supervisor del mercado de futuros sobre materias primas en Estados Unidos (la Commodity Futures Trading Commission) señala que aunque el número de contratos de futuros sobre petróleo se ha triplicado desde 2004, los inversores considerados especuladores (aquellos que no pertenecen a una industria relacionada o que hace un uso intensivo del petróleo) han combinado posiciones largas (aquellas que apuestan por un aumento del precio del petróleo) con posiciones cortas (apostando por un descenso del precio), pero no se ha observado una mayoría aplastante de las primeras. De hecho, el informe indica que la mayor parte de posiciones abiertas durante la primera mitad de 2008 eran cortas. De todas maneras esta evidencia no es concluyente, principalmente por dos motivos: primero, porque existen dudas acerca de la clasificación de los inversores entre especuladores y no especuladores; y, más importante todavía, porque el análisis sólo incluye los contratos efectuados a través del New York Mercantile Exchange y, por lo tanto, no tiene en cuenta otros mercados internacionales o las operaciones cerradas fuera de los mercados organizados (over-the-counter).

Krugman argumenta, para negar cualquier influencia de los especuladores sobre el precio del petróleo, que las existencias de petróleo no han crecido mientras el precio del crudo iba en aumento. Si la especulación hubiera empujado los precios de los futuros a un nivel artificialmente alto, muy por encima del nivel que iguala la oferta y la demanda de petróleo en el mercado spot (al contado), comprar petróleo al contado, almacenarlo y venderlo en el mercado de futuros a 1 año habría sido un buen negocio. En efecto, existe un argumento de arbitraje que relaciona el precio spot y el precio del futuro: la diferencia de éste último con el primero no debería superar el coste de almacenaje del crudo y el tipo de interés, aunque pueden surgir diferencias adicionales en un entorno de riesgo. Por ejemplo, si almacenar un barril de petróleo durante un año cuesta 10 dólares, el tipo de interés es del 5% y el precio spot es de 100 dólares, la cotización de un futuro de petróleo a 1 año no puede ser superior a los 115 dólares. Lo que eleva el precio spot en una situación de especulación es, pues, una acumulación de existencias que, como no hemos observado, parece descartar que exista una burbuja en el precio del petróleo. Algunos analistas, sin embargo, han señalado que aunque es cierto que las existencias no han aumentado, éstas no incluyen el crudo retenido por parte de los productores de petróleo, ya sea en barriles o bajo tierra ¡Quizás son ellos los que especulan!

En definitiva, sólo sabremos si hay una burbuja y cuál es su tamaño después de que haya explotado. Por ahora, el descenso del precio del crudo en las últimas semanas desde cerca de los 150 dólares hasta alrededor de los 115 dólares parece confirmar que algo de burbuja había. Aunque queda por ver si se ha desinflado toda, la oferta y la demanda no deberían tardar en emitir su veredicto.

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