edición: 2599 , Martes, 20 noviembre 2018
13/10/2009
Las gestoras de fondos españolas fijan su objetivo en el mercado brasileño

Burbuja olímpica en el horizonte carioca

Fuertes entradas de capital, dinero barato y sin control: similar a la burbuja inmobiliaria
Juan José González

A las gestoras de fondos de inversión les faltan mercados; los tradicionales de Europa, Latinoamérica y los emergentes, se quedan cortos. Las rentabilidades de los de renta variable comienzan a recuperarse pero aún no alcanzan los niveles de pre-crisis, y los de renta fija y dinero viven bajo mínimos. Necesitan, al igual que las grandes flotas de pesca, acudir a nuevos caladeros. Lo mismo sucede con las empresas, obligadas a buscar oportunidades constantemente. Las gestoras de fondos de inversión apuntan a zonas en expansión y a sectores que pueden ser refugio y alternativa a bancos, inmobiliarias y automóvil. Y disparan al mercado que ahora mismo parece colmar todas las aspiraciones de retornos, en términos de negocio, el que cuenta con todos los requisitos para cumplir cualquier objetivo financiero y empresarial: es Brasil.

No hay empresa grande, mediana, incluso pequeña –como una imprenta de Martorell con 15 trabajadores y ventas anuales de dos millones de euros- que no cuente en estos días con una estrategia a medio plazo y un acercamiento a El Dorado, a Brasil.

Las gestoras preparan en las últimas semanas una auténtica avalancha de nuevos productos de inversión orientados a aquel mercado, que a partir de 2014 con el Mundial de Fútbol y dos años más tarde con los Juegos de verano será algo más que un mercado emergente, será el centro mundial de las oportunidades de negocio y, por tanto, un caladero con capturas –ganancias- aseguradas. Es un buen momento para poner en marcha fondos de renta variable vinculados a índices del país caribeño; se prevé una fuerte subida de su mercado de valores, como corresponde a una economía que crecerá a ritmos superiores al 4%, descenso del paro y, en definitiva, una economía que ha pasado de estar al borde del colapso a ser un signo fijo en las quinielas de pronostican un despegue en 2010.

Estos últimos días, tras la decepción causada por la eliminación de la candidatura de Madrid, el Estado carioca ha puesto en marcha una ‘frenética venta’ del país. Se avanza a modo de anuncio, que las autoridades económicas serán muy celosas en la elección y selección de empresas e inversiones. Se trata de un país que ahora mismo no necesita de incentivos para atraer capitales, pero sin duda, estos presionarán con fuerza. Ya lo están haciendo y una veintena de gestoras de fondos de inversión están cerrando en las últimas horas mandatos de compra de valores de la bolsa brasileña.

Un conocido analista de The New York Times alertaba de los pros y de los contras del nuevo mercado sede de los dos grandes eventos deportivos. Y se sorprendía de las facilidades de las instituciones financieras locales para prestar dinero a multitud de pequeñas empresas en Sao Paulo o en Brasilia, por ejemplo. En realidad, el analista estaba proyectando una sombra de indudable peligro sobre la economía brasileña así como para los inversores que acuden –y acudirán más y en masa- a El Dorado carioca: una monstruosa burbuja olímpica.

El tamaño de la misma puede llegar a ser equivalente a la propia extensión de un país que se encuentra recuperándose lentamente de las peores cifras de la historia, y al que, a pesar de contar con buenas recomendaciones de las agencias calificadoras de riesgo, por su demostrada estabilidad económica, ve con preocupación lo que se le viene encima, que no es otras cosa que la entrada masiva de capitales, algo que comenzará a reflejar en breve su moneda –el real- en forma de apreciación. El peligro viene, sobre todo, de esos síntomas comunes que se dan en la mayoría de las situaciones de burbujas; dinero fácil, a un tipo de interés bajo, con las entidades financieras tirando el dinero por la ventana, o lo que es lo mismo, prestando al primero que entra por la puerta, sin límite, porque la situación en aquella economía será de euforia, y por tanto, el dinero rodará. En esta ocasión, se espera que las autoridades económicas, el regulador carioca, el Banco Central, no se deje llevar por la misma euforia que los mercados y evite que la burbuja olímpica obtenga medalla y récord.

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