edición: 2977 , Viernes, 29 mayo 2020
25/03/2015
Efectos perversos de los tipos bajos

La renta fija no aprende la lección de la burbuja inmobiliaria

Expertos dudan de la eficacia de las compras del BCE y perciben riesgo de crisis en el mercado de bonos
Juan José González
Crece la mala sensación de una especie de gran nube oscura y gris que a modo de eclipse avanza lentamente sobre el mundo globalizado. Como las nubes reales se forman a partir del agua de la superficie y cuando están cargadas se precipitan. El economista y profesor en la London School of Economist, el prestigioso Luis Garicano, explicaba a los alumnos la burbuja de la renta fija con este símil. Del fenómeno en cuestión que amenaza mercados, Gobiernos y economías, se sabe que se mueve, está al alza, crece. De la velocidad de desplazamiento se tienen nociones y sobre el pronóstico de para cuándo se podrían registrar las primeras precipitaciones, no se tiene noticia.
El BCE debe estar muy cerca del problema a tenor de la compra de bonos soberanos y corporativos y también de la velocidad de la misma, que bien pueden ser esos 60.000 millones de euros al mes en velocidad constante en los próximos 18 meses. No se sabe si está controlando la tormenta o un tsunami. O todo lo contrario.

Pocos están en desacuerdo sobre la situación: las economías occidentales viven inmersas en una burbuja de renta fija. Los tipos de interés históricamente bajos y casi con todas las garantías para seguir en la misma zona, están alimentando la nube o la burbuja de la renta fija. Ésta tiende a la baja en la medida en la que la rentabilidad de los bonos soberanos de los socios de la eurozona se reduzcan más todavía. Es el mejor alimento para que la burbuja siga su camino, crecer y crecer. Y en este escenario, no todos los países son iguales como tampoco la capacidad de pagar los bonos es la misma. De ahí que el riesgo de impago de la deuda varíe según la economía de cada país.

Se da por seguro que el Banco Central Europeo conoce las dimensiones del fenómeno financiero con bastante exactitud, prueba de ello es que desde que se encendieron las alarmas en el mercado de deuda, las autoridades se han decidido a intervenir con la adquisición masiva de deuda soberana y corporativa. Es una medida incluida en el catálogo informal de medidas urgentes para reactivar la economía, animar la inflación y poner orden en la eurozona.

La reacción del banco central, al igual que la de otros organismos públicos y entidades financieras, ha traído al recuerdo la actitud de todos ellos en la pasada burbuja inmobiliaria, abundante en excesos e incongruencias, plagada de errores de los que no se han recuperado muchas instituciones públicas y privadas y, por supuesto, los que nunca se recuperarán, como las cajas de ahorros, que tuvieron que pagar con su existencia, su defunción o transformación, los excesos cometidos en la burbuja inmobiliaria. Entonces, la burbuja se fue alimentando progresiva y brutalmente con la financiación sin límite a los promotores y a particulares.

Con la burbuja inmobiliaria a pleno rendimiento, las entidades financieras, da igual su tamaño (pequeñas y grandes, y estas cada vez más grandes) recogían la cosecha anual de resultados que realimentaba la mayor concesión de crédito. Y ocho años después, el estallido de la burbuja parece haber causado una `limpieza´ mayor de lo previsto, con desaparición de las cajas de ahorros y con la pérdida de valor de empresas y entidades financieras que sobreviven.

La lección de la burbuja inmobiliaria no parece que haya causado los efectos deseados, al menos, ha servido para poco. Ahora toca vivir dentro de la burbuja de la renta fija, como se decía, en constante y lento crecimiento. El Banco Central Europeo ha comenzado a comprar bonos corporativos y soberanos a buen ritmo, 60.000 millones al mes. La medicina aplicada parece dar resultados, incluso antes de su aplicación; con su anuncio ya logró movilizar los mercados de deuda y de renta variable. Pero llama la atención que, mientras las rentabilidades de la deuda soberana de los socios del euro se sitúan en niveles próximos a cero, y en algunos casos, en negativo, la burbuja de la renta fija siga en aumento, lo que lleva a sospechar sobre si el BCE persigue desinflar la burbuja para que no explote o, todo lo contrario, que se encuentre trabajando para que explote. En ambos casos, seguramente una docena de socios no sería capaz de afrontar el pago de sus deudas.

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